Botijas en cana. Acto II, escena 5. Escribiendo cartas.

knastkinder_intro_555_200

Advertencia: no apto para menores de 12 años. Vocabulario incorrecto y escenas violentas.

(Semana anterior: Ganar plata).

Jonathan está sentado con Diego en el piso al borde de la escena. En el lado opuesto se acuclillan Mariel y Ariel. Durante la conversación, Jonathan mira a cada rato a Mariel.

JONATHAN: Mariel es muy amable.

DIEGO: ¿Cómo es eso, “amable”?

JONATHAN: Sí, me cae muy bien, es muy amable. Ariel también es amable, pero siempre muy plantado. En cambio, con Mariel es algo, qué se yo…

DIEGO (divertido): ¿Algo… qué?

JONATHAN: No sé, algo… algo más capaz de entenderme, muy amable, no sé. Me gusta, así de fácil. Algo.

DIEGO (burlón): ¿Sos trolo?

JONATHAN: ¡Tarado!

DIEGO: Me da lo mismo, mientras no te metás conmigo.

JONATHAN (protesta): No soy…

Del costado viene Benja hacia los dos. Jonathan se para nervioso de un salto cuando lo ve acercarse. Benja debe sujetar a Jonathan para que no se vaya corriendo.

BENJA: Quieto, quedate quieto. Te podés quedar quieto ahí, no es mi lugar.

JONATHAN (desconfiado): Entonces, ¿qué querés de mí?

BENJA: Escuché que escribís cartas. ¿Cuánto?

JONATHAN: Una, y si va bien puedo escribir dos por día.

BENJA: Quise decirte que cuánto cuesta. Una carta.

DIEGO: Si es por hacer negocios, no voy a joder. (Burlón) ¿Le doy un beso a Mariel de tu parte?

Diego se para, Jonathan frunce la frente enojado mirando a Diego, el que lo mira con cara insolente y se va.

BENJA: Entonces, ¿cuánto me cobrás por una carta así?

JONATHAN: Cien pesos.

BENJA: Te doy treinta. Tengo papel y lápiz también.

JONATHAN: Dale.

Jonathan se vuelve a sentar. Benja le da papel y lápiz y se acuclilla al lado de Jonathan.

BENJA: La carta es para mis padres. Escribí: Hola mamá y papá, estoy bien. En el campamento adonde me trajeron hacemos deportes todos los días. Nadamos en el lago y después nos dan el desayuno. Ya engordé bastante. Después hasta el mediodía tenemos clase.

JONATHAN (sorprendido): ¿Y esto qué es? ¿Una novela?

BENJA: Te pago por escribir, no por tus comentarios, así que dale. También me enseñaron a escribir aquí. La carta la escribí solo. No se preocupen por mí. Los quiero, Benja. ¿’Ta?

Jonathan dice que sí con la cabeza. Benja agarra la carta y mira la hoja.

BENJA: Che, tiene una falta. El tipo que les lee la carta a mis viejos puede escribir. Fue un año a la escuela.

JONATHAN: No pasa nada, está todo bien ahí, menos lo que dice.

Benja dobla la carta prolija y la pone en el bolsillo, después le da el dinero a Jonathan.

BENJA: ¿Y qué? Eso a vos te importa un carajo…

Benja se acerca al borde del escenario, donde dice un monólogo.

BENJA: Robé una rueda de bicicleta porque la mía estaba hecha pelota. Toda emparchada. Pero necesitaba la rueda para mi laburo de cadete. Con la plata ayudaba a mis viejos. Lástima que no pude comprarme otra rueda con lo que sobraba. Entonces me agarraron justo al robar. Una mierda. Mis padres me extrañan, claro. Me adoran, pero piensan que el que roba tiene que marchar en cana. No importa quién sea. Por eso no los quiero complicar contándoles cagadas. Ya tienen la vida bastante jodida.

Benja se va. Jonathan se acerca a Ariel, Mariel y Diego. Ariel está acostado en el piso. Duerme.

JONATHAN: ¿Todo bien?

MARIEL: Ariel no se siente bien.

JONATHAN: ¿Qué le pasa?

MARIEL: Dolor de barriga. Ahora duerme.

JONATHAN: Tiene que venir un doctor. En seguida.

DIEGO: Recién vuelve en cuatro semanas, me dijeron. Ya estuvo y solo viene una vez al mes.

JONATHAN: Entonces tenemos que decirle al guardia. Lo tiene que ir a buscar. Es una emergencia.

DIEGO: ¿Conocés este? El guardia le dice al preso: Tengo un ojo de vidrio. Si adivinás cuál es, te dejo ir. El preso mira al guardia a los ojos y le dice: El izquierdo. El guardia le pregunta: Che, ¿cómo supiste? El preso le dice: Muy fácil, me mirás con más amabilidad.

JONATHAN: Pero no lo pueden dejar tirado ahí.

MARIEL: Sí que pueden.

Jonathan quiere enderezar a Ariel, pero Diego lo sujeta fuerte.

JONATHAN: Soltame, se lo vamos a llevar al guardia.

DIEGO: Ariel es fuerte, solo precisa estar tranqui. Mañana va a estar mejor, creeme. Voy a ver si le traigo algo de tomar. Ya no me pueden meter preso por eso otra vez.

Diego se va, Mariel y Jonathan se quedan a solas.

MARIEL: ¿Ya tenés tu guita?

JONATHAN: Casi.

MARIEL: Nada mal para ser un mes.

JONATHAN: No es un mes, son justito 27 días.

MARIEL (con sorpresa): ¿Los contaste de a uno?

Jonathan saca piedritas de su bolsillo izquierdo.

JONATHAN: Mirá. Son justo 27. Cada día junté una.

MARIEL: Cuando tus padres reciban la hoja, te van a sacar en seguida de acá.

JONATHAN: Si les llega.

MARIEL: No te aflijas. Les va a llegar. (Pausa) ¿Qué vas a hacer cuando salgas?

JONATHAN: Volver al liceo.

MARIEL: ¿Y después?

JONATHAN: Ni idea. Quería hacer algo de computación, pero tampoco estaría mal ser abogado, todavía no sé. Falta tiempo. ¿Y vos?

MARIEL: Maestra, me gustaría ser maestra.

JONATHAN: Querrás decir “maestro”.

MARIEL: ¿Qué aprenden en los liceos?

JONATHAN
¿Cómo es? (Tarda un momento en darse cuenta. Cuando se cae del árbol, Jonathan queda totalmente sorprendido). ¡¿Sos una mina?!

MARIEL: Gritá más fuerte, así se enteran.

JONATHAN: ¿Pero, por qué?

MARIEL: ¿Qué te parece que puede pasar, si se enteran que soy mina? ¿Qué pasa?

JONATHAN: Ni idea…

MARIEL: Ya la tenés clara ahora, ¿no?

JONATHAN: Pah, ¡la puta madre!

MARIEL: Eso lo podés decir fuerte. Y entonces, ahí sí que quedo en bolas, justo ahora que Ariel está enfermo.

JONATHAN: Pero yo…

MARIEL: “Pero yo”, ¿qué?

JONATHAN: Te podría cuidar.

MARIEL: Qué amoroso.

JONATHAN: Te lo digo en serio. De veras.

MARIEL: Ya sé.

Mariel mete la mano en el bolsillo y le da dinero a Jonathan. La mira sorprendido.

MARIEL: Tomá, es mi reserva. Esto con tu plata te tiene que alcanzar para la carta.

JONATHAN: No te lo puedo aceptar.

MARIEL: No precisás más que yo. Y cuando salgas, nos sacás a nosotros. ¿Trato?

Mariel le da un beso en la mejilla y deja solo a Jonathan, todavía aturdido. Mariel va al borde del escenario y se dirige al público.

MARIEL: Tenía siete años cuando un tipo me la puso. No entendía al principio lo que pasaba. Había visitado a una amiga, que la madre trabaja de puta, y el tipo se pensó que las dos estábamos adentro del precio. Desde ese día, solo uso ropa de varón. Mientras mis tetas sean chicas, banco así. ¿Qué pasa después? Ni idea. Muchas de mis amigas ya se venden. No tienen a nadie que las cuide. Yo tengo a Ariel. Él quiere tener una cocina, porque mamá cocinaba muy bien. Era lo único que sabía hacer: cocinar y mamarse. Ariel no lo quiere ni escuchar. Para él, mamá es una santa, pero de verdad no le importábamos un sorete. Los padres de Jonathan se deben de haber vuelto putos buscándolo. Él sí que tuvo un culo de aquellos al no nacer acá. A mí también me hubiera gustado nacer en otro lado.

Se apaga la luz.


Próxima semana: Reencuentro.


BOTIJAS EN CANA. traducción al castellano rioplatense (variante uruguaya) por Fabio Descalzi, a partir de la versión original en alemán de Knastkinder, por Rüdiger Bertram.

© 2007 Rüdiger Bertram (original en alemán). www.ruedigerbertram.com, www.knastkinder.de

© 2008 Fabio Descalzi (esta traducción al castellano). Contacto: fabiodescalzi@netgate.com.uy

IMPORTANTE: para publicar o poner en escena esta obra, es imprescindible ponerse en contacto con el autor.

Guardar

Anuncios

2 comentarios sobre “Botijas en cana. Acto II, escena 5. Escribiendo cartas.

¿Qué te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s