Vejez a los veintiuno

young man smoking

No puede ser. Siempre tropezando con la misma piedra. No cambia más.

Otra vez Tahir la engañó con la primera que encontró.

Igual que aquel otro, el petiso desacatado, no aprende más. Se les tira encima sin pensar.

No como yo, que ahora estoy en otro plan, más tranquilo. Ya no es como en aquellos años, cuando apenas me picaba la pubertad y, sin buscarla ni provocarla, la tuve encima. Por unos cuantos años fue el cuento de nunca acabar.

Pero estos dos aprendieron de mí. Todo lo que no debían. Mucho más de lo que les dije. Como si tuvieran ojos de adivino, me perforaron el cerebro y… todo lo que no les quería contar, me lo copiaron. Palabra por palabra.

Como si, sin querer hacerme daño, me succionaran toda la novelería descarada de la juventud. Ahora son ellos los que están hechos unos desaforados.

¡Qué viejo que me siento! A los veintiuno ya lo he visto todo…

Mis propios amigos de toda la vida que pierden la cabeza siempre…

Como cualquiera…

Segundo movimiento del concierto “Otoño”, de las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi (1717). Palabras que van cayendo como hojas amarillas arrancadas por la brisa.


Ya publicado en Letras & Poesía el mes pasado.

 

2 comentarios sobre “Vejez a los veintiuno

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