Etiqueta: Once relatos del juego de la vida

Flor de cita

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El día que ella cumplió diecisiete (él ya sabía perfecto que era ese día), no aguantó más y le llevó un enorme ramo de flores, la esperó en la puerta del liceo. Si para ella eso era un papelón, más valía que lo plantase ahora para siempre. Qué risa. Un galán bien anticuado, mucho mayor que ella, aunque casi los dos de la misma estatura. Iba a impresionarla. A mostrarle que él se interesaba en ella, y mucho. Pero tenía que ser ella quien lo rechazara. Ella se iba a dar cuenta, si era viva, de que no le servía fijarse en un viejo.

Porque además, pocos días antes, Gofi había cumplido las tres décadas. Solo que por dentro no se sentía nada viejo, iba por más en la vida. Pero no se imaginaba que Inés se iba a dar cuenta muy fácil de su juventud interior. Gofi no corría tras urgencias básicas, las cosas de la vida ya se las conocía. Pero su corazón, su muy fresco corazón, ahí estaba, pronto. A punto de caramelo.

¡A Inés le interesó él!

Porque ella quería mucho más que esos inmaduros guarangos que la rodeaban en el liceo. Quería mucho más que un “noviete” primerizo oportunista que después la dejase por otra más experimentada que ella. Inés quería. Quería vivir en serio. Encontrar por fin alguien que valiese la pena. Alguien que la valorase, que le diese seguridad. La ocasión de mostrarse tal cual era.

Gofi no daba crédito a todo lo que estaba escuchando. Inés le marcaba los tantos. Le ponía límites; obvio, una chica con dignidad y orgullo. Pero… ¡le hablaba de todo eso! ¡Se lo decía en la cara! Ella se expresaba, no paraba de hablar, soltaba frases al vuelo cargadas de significado. Cuando a uno le dicen un montón de cosas, le dan la oportunidad de responder a todo eso. De reaccionar.

Y los ojos. Esos ojitos divinos que no paraban de mirarlo. De escrutarle lo que había más adentro. De arrancarle cosas que todavía no se atrevía a decir en palabras. Sí, está claro. Ella se daba cuenta de todo eso, y también de aquello, tonto. Es intuitiva. Es mujer.

No duró mucho ese primer encuentro, se despidieron con un beso casi al descuido. Pero Gofi estaba tranquilo. Principio requieren las cosas, y ese era el fin del principio. Después, vendría todo lo otro.


Extracto de Amigos orientales, disponible en Amazon y en librerías.

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Una luz

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Moro fuma recostado contra la puerta de los apartamentos donde vive. En eso, sale Andy. Un vecino y amigo con el que tiene mucho en común. A los dos les faltan padre y madre. Y sin embargo, Andy siempre parece como recién llegado de otra galaxia, lleno de novelería. Moro se incorpora para recibir un abrazo muy efusivo con sonrisa de regalo.

—¿Qué me contursi, compañero? Mirá que arrancó el cuadro con un muy buen partido, ¿eh?

—Ni un gol metimos…

—Pero arrancamos muy bien, pibe. Mirá que atacaste y atacaste, ¿eh? Mucho más que yo y Paco. Así se hace. Vas a ver que el próximo partido mojás —le guiñó un ojo bandido como si supiera algo más.

—Ay, Bicho, Bicho, Bichito de Luz… Vos sí que sos un amigo rebueno, siempre me ponés ficha. No sabés lo que es llorar, andás contento todo el tiempo. Vivís en una piecita de porquería como yo y ni te importa, igual llevás amigos. Cuando pasás por el pasillo siempre me invitás a ir a donde sea. ¿De dónde sacás toda esa alegría?

—Tiene que ser así, pibe. Además, ¡la tengo a la Pili! ¿Viste? Una colosa. El Padre Pío me la mandó del cielo. Salado.

—Tal vez precise una novia…

—¡Más bien, bo! Es como dicen. “No se puede vivir sin amor”… —Andy cantaba imitando a un guitarrista con las dos manos—. Y mirá que alguna te anda echando el ojo, pibe, ¿eeeeh?

—¿En serio? —Moro no se imaginaba que las chicas lo mirasen.

—En las tribunas, el otro día, muchas copaditas con Amir, pero las sentadas en la otra punta, las que esperaban nuestros goles, nos fichaban abierto a nosotros, ¿eeeeeeh? Hay una, Susi se llama, que es amiga de Pili. Retipa, macanudaza. Bueno, che, me voy que estoy llegando tarde, quieren que toque en un cumpleaños, tengo que buscar una ropa que me prestan. Me voy corriendo, si no voy a llegar cuando soplen las velitas del nene. Te veo, bo.

Andy ya se alejaba, pero antes se dio vuelta y le hizo gestos de que tirase lejos el porro, que estaba loco al seguir fumando esa porquería.


Extraído de mi libro Amigos orientales, disponible en Amazon y librerías.

La imagen es de una púa de guitarra Firefly (“luciérnaga”, “bichito de luz”). Crédito: http://www.thinkgeek.com/product/jhvp/

El de ajuera

Paisanito
Alvarito se levantó como todos los domingos. Se lavó la cara, se vistió y salió a la calle. Iba a la panadería a comprar bizcochos. Pero tenía que mirar bien para un lado y para el otro; esa enorme avenida era un peligro los fines de semana, porque cuando estaba vacía era cuando pasaba algún demente a más de cien por hora.

Los gurises del interior se las ven de figurillas para manejarse en la selva de cemento. Y a veces se sienten muy extranjeros en su propia tierra. Porque, a diferencia de los inmigrantes venidos de muy lejos, que ya saben perfecto que tienen que adaptarse a absolutamente todo de nuevo, los del interior sienten que están en un trozo de lo que se supone sea el mismo paisito chico de siempre, pero con cosas que nunca se habían imaginado que existían. Las enormes extensiones del vacío campo uruguayo insumen horas para desplazarse de un punto a otro; pero acá, en un trocito de tierra mucho más chico que una estancia, todo el tiempo te tropezás con gente apurada. Una gente que habla el mismo idioma, pero con otra lengua. Las caras son las mismas, pero distintos los gestos. Todos usan ropa, obvio, nadie sale desnudo a la calle, pero te sacan de lejos si sos pajuerano, porque te vestís raro. ¿Raro? Raros son los skaters, los planchas, los surfistas, los emos, los metaleros. Los que se hacen tatuajes hasta en la cara. Los que se pinchan piercings y porquerías de metal por cualquier lado. Pero, claro; un gurisito con la cara lavada y el pelo peinadito prolijo, es raro, ¿vio? No es un bicho de esta selva. Porque además, podrá ir de termo y mate a todos lados, como un vecino montevideano de ley que va a la rambla o un parlamentario trajeado que se sienta a charlar con los periodistas. Pero, si además de termo y mate, usa boina, ¡zas! Ya está. Canario a la vista. Aunque el Paisa no sea canario, sino floridense a mucha honra.


Este paisanito es uno de los personajes secundarios de mi libro Amigos orientales, disponible en Amazon y en librerías.

Amigos por el mundo

Te estuve mostrando el nacimiento de los personajes de Amigos orientales. Mucha agua pasó bajo los puentes desde aquel octubre de 2014; ahora desbordan. No solo se salen de las páginas, también del país en donde publiqué el libro. Mirá estas fotos, hablan solas.

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Colombia, Argentina, Nueva Zelanda, Australia, Emiratos Árabes, Holanda.

¿No es increíble cómo se han desparramado los amigos por el mundo?

Gracias a Adriana, Claudio, Fernando, Vivian y tantos otros que se lo llevan en sus valijas. Gracias a muchos que me lo piden por correo.

Un amigo es una luz

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Te fui mostrando al más triste. Al más amargado. También, al más apagadito. Este con mucha fe, con luz interior. El mejor amigo del que te voy a mostrar ahora.

Andy tiene toda la pinta de un rockero rebelde, usa melena, toca música hasta muy tarde. Es deslenguado para hablar, espontáneo, ocurrente. Pero todo lo que te dice es así como lo dice.

Y también tiene mucha fe. Siente devoción por el Padre Pío, al que le debe muchos milagros, por ejemplo, estar vivo. Demuestra mucha alegría. Por esa razón, sus amigos le llaman “el bicho de luz”.

Así, con estas breves líneas, va culminando la presentación de los personajes que componen la serie ONCE relatos del juego de la vida.

Hago una pausa en los cuentos sobre la historia detrás de los cuentos. Y para la próxima te muestro adónde llegaron los amigos…

Un amigo loco por los celus

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Te venía presentando al más triste y al más amargado. Ahora le toca el turno al más popular. El infaltable flaco macanudo al que todos llaman por un diminutivo como muestra de cariño.

Pedri siempre se aparece de repente. Tira buena onda para los amigos y guiños cómplices para los socios en potencia. Porque también tiene un fino olfato comercial heredado de sus padres. Siempre busca estar bien con todos, no quiere guerra ni pelea. Además, tiene una verdadera locura por los celus. Colecciona teléfonos celulares, los muestra, los presta, se los piden, a veces los pierde.

Loco por los celus. Eso suena con un doble sentido: ¿loco por los celos? Celoso de la hermana, sin duda. Pero las veces que tiene una discusión con un amigo, siempre agota su enojo para terminar mostrando una amplia sonrisa con dientes enormes.

Pedri es muy generoso para abrir su casa, que siempre está concurrida. No se le da por concurrir a la iglesia, aunque no duda de su fe en Dios.

La creencia en Dios será el tema determinante en los personajes que van faltando dibujar. Y no te imaginás qué distintos que pueden llegar a ser. Empezando por el más calladito. No te lo pierdas la semana próxima.

Feo rostro, gran amigo

Tris_mitad_9989En todos los grupos de amigos de barrio hay uno de pocas pulgas. Que dice las cosas así nomás, como le vienen, sin vueltas. Que no le importa nada hacerse odiar cuando lo que dice suena feo o es desagradable. Porque sabe que es así como lo dice. Si además de eso es feo de cara, poco elegante, se está empezando a quedar pelado antes de los dieciocho, su vida amorosa es una desgracia, entonces estás empezando a conocer a Tristán. Para que no tenga tanto eco de “tristón”, los amigos le dicen Tris.

En la entrega pasada te mostré al personaje más triste, al que todo le falta. Tris es distinto en ese sentido, él sí tiene padre y madre, vive en una casa decorosa, además de dormitorio tiene su propio cuarto para escribir y leer en el sótano de la casa. Tiene una veta de escritor en ciernes, lleva un diario desde que era muy chico, escribe observaciones muy lapidarias.

Y es flor de amigo. De los mejores. Honesto, derecho, incapaz de hacerle una maldad a alguien que quiera. Después, si no te lo aguantás porque te gruñe, es problema tuyo. Porque él es así como lo ves y lo sentís. No le importa que le llamen “el amargo”.

¿Querés conocer al más popular de todos? Para la próxima te lo cuento.