Etiqueta: Palabras

Bucal, oral, verbal, vocal

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Hay palabras que se parecen mucho. Pero con usos muy distintos. Aunque también pueden ser intercambiables. Es el caso de estas cuatro palabras: «bucal», «vocal», «oral» y «verbal». Para evitar confusiones en su correcta utilización y escritura, lean las explicaciones que nos da el filólogo Javier Álvarez en un artículo:

Bucal: este adjetivo proviene del latín bucca, que es de donde procede la actual palabra española «boca»; por tanto, debe escribirse con ‹b› (y con ‹u›). En principio, hace referencia simplemente a lo relacionado directamente con la cavidad donde se encuentran los dientes, la lengua, etc. No debe emplearse, por tanto, para referirse al habla o a la voz —para esto emplearemos la siguiente palabra, «vocal»—. Por cierto, que el bozal que se les pone a los perros para que no ladren también se escribe con ‹b›, ya que comparte la misma raíz.

Oral: de la raíz or- (os, oris) latina, que implicaba la boca y en algunas situaciones la cara por completo; esta palabra carecía de ‹h› ya en latín, por lo que es incorrecta también en español. Este adjetivo puede emplearse en dos sentidos: con menos frecuencia, para referirse a la boca en sí misma (cuasisinónimo de «bucal»; primer ejemplo); con más frecuencia, para referirse al habla (cuasisinónimo de «vocal»; segundo ejemplo), de cuyo uso hay otras palabras como «orador», «oratoria», etc.

Verbal: procede de la palabra verbum en latín, que significaba en su origen simplemente «palabra». Por tanto, podemos concluir que es un sinónimo (sin el cuasi‑ que empleamos anteriormente) de «oral» cuando se refiere al habla.

Vocal: comparte la raíz latina de vox ‘voz’, lo que indica que siempre se escribe con ‹v›. Como adjetivo se refiere a lo relacionado con la voz, y no es oportuno usarlo para referirse a cualquier elemento relacionado con la boca, a pesar de que la voz salga de esta.

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Vuelven los diccionarios

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Ilustración: Ron Barrett. Fuente: The New York Times.

Ya no me recorren los dedos de nadie. —Páginas Amarillas

Yo ni siquiera existo. — Guía Turística de Yugoslavia

Cáspita… no apoyen los codos en la barra. —Etiquette, de Emily Post

Yo era alguien. —Guía Michelin de París, 1976

Yo estoy de vuelta. Sustantivo. Puesto (de) nuevo. —Diccionario Merriam-Webster

Sí, señoras y señores. Pónganse cómodos y utilicen los viejos y queridos diccionarios. O los nuevos. O discutan cuáles son los mejores. Porque la verdad, los diccionarios están de moda en esta época de tanta postverdad.

¿Todavía existe la palabra “impugnación”? ¿Qué son realmente los “hechos alternativos”?

Quien quiera seguir leyendo en inglés, aquí está el artículo completo en The New York Times, escrito por Katherine Rosman. Quien no quiera o pueda leerlo, inspírese con la graciosa ilustración. A buscar un buen diccionario y usarlo como se debe.

Porque tarde o temprano… la letra con sangre entra.

Niños en la cárcel. Botijas en cana.

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Jonathan es un adolescente berlinés, hijo de un filipino y una alemana, de vacaciones en Manila. Se escapa del hotel y lo roban en un barrio peligroso de la ciudad. Un grupo de chicos de la calle lo ayuda, pero todos son apresados por la policía y van a dar a la cárcel. Como cientos de chicos más, quedan encerrados en condiciones infrahumanas. Jonathan no tiene manera de comunicarse con sus padres, no tiene documentos ni dinero. Una pesadilla se le hace realidad. Recién varias semanas después, con un truco logra ponerse en contacto con sus padres, que finalmente pueden rescatarlo de la cárcel. Pero sus nuevos amigos quedan adentro. Seguir leyendo “Niños en la cárcel. Botijas en cana.”

Más neologismos, la mesa está servida

gerrymanderingLa lengua avanza más rápido que las academias y diccionarios; de eso, no nos cabe duda. Si pensamos el tiempo que se toma la Real Academia para incorporar vocablos, no tendríamos que sorprendernos. Pero, a veces, la impetuosa realidad supera a la volátil fantasía.

Todavía no hemos terminado de digerir un antiguo neologismo estadounidense, gerrymandering, que se refiere al toqueteo, dibujo o distorsión de los distritos electorales para favorecer a determinado candidato. Y es probable que lo rechacemos. No al neologismo, sino al concepto mismo.

Es por eso que tantas veces se demoran las palabras. Preferiríamos que no existieran. Que no fuese necesario usarlas. Pero… se usan. Existen.

Cómprense un digestivo, tómenselo con un buen vaso de agua sin gas, y ¡aprendan! Estas palabras se nos vienen encima. Y sus significados… ¡ufff!

  • Alt-right (no puede ser, los perimidos están de regreso)
  • Post-verdad, con su variante preferida posverdad (parece que la verdad sí pasa de moda…)
  • Procrastinación (en general, de ámbito laboral, pero si lo pensamos fríamente, también ocurre con los cambios positivos: “para mañana”)
  • Trumpesco (un sinónimo de… ustedes ya saben qué)
  • Manipulación (no es nueva, ya sé, pero haríamos bien en recordar que existe y se usa)
  • Murmuración (otra palabra más vieja que el agujero del mate, que ahora se usa tirando a matar)

Si les resulta indigesto, dejen volar sus mentes con las sugerencias del amigo Crispín. Si necesitan respuestas terminológicas rápidas, visiten el buscador urgente de dudas de Fundéu. ¿Algo más?

(Después de este plato fuerte, mejor no pidan postre, porque seguro les patea el estómago).

El personaje que se escribe

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Fuente: Wikipedia

Separando al escritor que produce del personaje real.
El que produce, escribe cosas para que alguien lea.
Sin importar quién, pues son de palo los de afuera.
Pero el verdadero, teme mucho que le hagan mal.
Solo ese personaje real sabrá cómo se escribe esta historia.
Porque la memoria no juega chicanas. Siempre quiere gloria.
Y si la memoria quiere gloria, más vale que evite la tragedia.
Al redactar las líneas, con la pluma me pincho un dedo,
mientras pienso en escribir lo que puedo.
Se me acaban las palabras.
¿Por qué escribir al personaje real,
si es, humildemente, real?
Me canso.
Se me corta la racha.
Ya está.
Basta.
Ta.

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Recomendaciones (en pastillas) para escribir

literatoluisrodriguez

Una vez un profesos de filología (muy intelectual él, al punto que daba parte de la clase en francés) me dijo: _Emplea palabras difíciles, así ven tu intelecto.

Yo me negué diciendo que quería que todos me entendieran sin necesidad de tener un diccionario en la mano, y creo que no me equivoqué.

Por eso recomiendo un hablar popular,nada de barbetas,emperifollarse ni nada parecido

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Palabrotas y palomas

Mug fuck
Cortesía de Aneta Syrotkin

Cuando vamos caminando plácidos por una calle concurrida pero amena, de repente sentimos algo pastoso que nos toca. «¡Aaaagh, me cayó!» es lo que nos nace decir cuando una paloma nos derramó sus excreciones encima. Bueno, no exactamente eso, creo que cometí un error de imprenta con  la palabra de cuatro letras. O tal vez hayamos utilizado otra poderosa palabra de potentes propiedades provocativas, también de cuatro letras.

Parecería que esa economía de palabras también aparece en la lengua inglesa, si bien con otras características sonoras. Verán a menudo, en ciertos textos impresos, la expresión fuck (que también se suele sustituir por f * * k para saltear filtros informáticos de palabras). Sí, es un vulgarismo. Tan vulgar como la palabra castellana p * * a (aaah, ¿vieron cómo también la conocen? Y también la usan, no mientan…). Seguir leyendo “Palabrotas y palomas”