Etiqueta: Padre

Reseña de Amigos Orientales por Luna Paniagua

TAPA AMIGOS ORIENTALES
Qué hermoso regalo para la Navidad. Ayer se me apareció en redes sociales una amiga bloguera, Luna Paniagua, para decirme que había leído mi libro, hacerme un par de preguntas (claro indicio de que le interesaba mucho comprender a fondo el texto) y contarme que hoy salía publicada en su blog una reseña.

Muy agradecido y contento, esta entrada es un broche de oro para un año que me trajo algo magnífico. Porque el esfuerzo que significó escribir Amigos orientales, estudiarme el mercado editorial, conseguir ilustrador, mandarlo imprimir, presentarlo, distribuirlo… me ha significado una cosecha riquísima de lectores y amigos que me han venido acompañando de las más diversas formas.


Esta novela nos da a conocer a un grupo de amigos residente en un barrio de Montevideo, Uruguay. Son once adolescentes muy próximos a la mayoría de edad y de distintos orígenes. Todos ellos son integrantes de un mismo equipo de fútbol.

Escrito en español rioplatense y lenguaje coloquial. Oriental, en este caso, es sinónimo de uruguayo y de ahí su título: Amigos orientales.

Está dividido en cuatro partes, centradas en cuatro de los jóvenes: Amir, Moro, Fredo y Gonza. A través de ellos y de su relación con el resto del grupo el autor aborda temas propios de la adolescencia como la amistad, la incertidumbre hacia el futuro, la relación con los padres y, muy en particular, la revolución hormonal y el despertar de la sexualidad. Seguir leyendo “Reseña de Amigos Orientales por Luna Paniagua”

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El ómnibus de juguete del banco

Banco Transatlantico omnibusMiro el ómnibus de juguete, ese que dice «BTU», y me llena de ternura. Me acuerdo cuando era un chiquilín, ¡cómo me gustaban esos chiches! En casa había de todo: camioncitos, autitos, un robot astronauta, un trencito a pila y los ladrillitos del Lego. Y, por si fuera poco, a la hora de la siesta me iba a la cocina, agarraba ollas y tapas, y me ponía a hacer ruido, copiando a un baterista. Digan que mi abuela dormía como un tronco, que si no, me hubiera dicho de todo… ¡el nene embromando a la hora de la siesta! Seguir leyendo “El ómnibus de juguete del banco”

Te hiciste un meteoro

Comparto esta poesía dedicada a un hijo adolescente. Me fascina porque representa un montón de apreciaciones sobre una vida que despierta y bulle. Autor: Alejandro Cifuentes.

SALTO AL REVERSO

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A mi hijo Mauricio Antonio, en sus 13 años.

¿En qué momento
te hiciste meteoro, niño,
dejaste de lleno la arena
por el mar entero
y trepaste en la cima
espumosa y brava
de sueños impensados e imposibles?

¿En qué instante tu mirada
se hizo tan elegantemente alta
sobrepasando mis ojos,
mi propio horizonte?

¿Cómo fue que tu sonrisa
amplia y fresca
se instaló frente al mundo
cual imán arrebatador y prodigioso,
desfibrilador y hermoso,
encantador y animoso,
un torbellino de colores delirantes,
una centella enmascarada de vida?

¿En qué minuto el tiempo
te dibujó un rostro juvenil,
dorado y arrebatador,
tan ajeno y despreocupado
del adulto que quieres ser,
tan distante y apasionado
del niño que quieres dejar lejos,
atrapado en un millar
de travesuras que caminar?

¿En qué momento
te hiciste meteoro, hijo,
burlándote de un proyecto de mostacho
que crece invisible en tu rostro aguzado,
imitación perfecta…

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Streetwise: avispado, callejero

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El padre cacho y la vida callejera. Fuente: CEU.

Días atrás comentaba en estas páginas la utilidad e importancia de los diccionarios. Uno de los lectores mencionaba en una nota al pie acerca de una vieja costumbre, que también compartí: leer los diccionarios por gusto, para enterarse de palabras y significados. Buscando al vuelo, apareció una interesante palabra inglesa: streetwise.

Según la publicación en línea The Free Dictionary, este vocablo se refiere a una inusual capacidad, aptitud o experiencia necesarias para la supervivencia en un ambiente urbano difícil, a menudo peligroso. El muy visitado Wordreference lo resume como “espabilado”, “astuto”, “con calle”, “animal de ciudad”. Y si buscamos en la popular Wikipedia en inglés, nos sorprenderemos de saber que existen los llamados streetwise priests. Dedicados a servir a la comunidad en los lugares más difíciles, apartados, sombríos. Este mismo artículo enciclopédico coloca muy alto a un uruguayo en la lista de ejemplos: el Padre Cacho.

Hoy, para mi gran alegría, me enteré por un tuit del cardenal Sturla que el presbítero salesiano Rubén Isidro Alonso (1929-1992) ha sido declarado Siervo de Dios. Significa el primer paso en el camino hacia la santidad.

Avispado, callejero, servidor, cercano a los diferentes. Y camino al altar. Para emplear otra expresión en inglés: way to go!

Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #05

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Semana anterior: la desesperante curiosidad de una adolescente que quiere conocer los sabores naturales.


Megan me miró fijo y se fue de la habitación pisoteando. Ella quería hechos, no metáforas. Ella quería saber y yo no estaba ayudando. Ella quería ir a casa y probarlos por sí misma.

***

El sedimento de la costa es suave y polvoriento, nada que ver con la arena dorada de la Bahía de Swansea. Cuando apoyo mi mano en el suelo, las puntas de mis guantes comienzan a quemarse contra el terreno húmedo que tocan. Todo en este planeta es veneno. Nunca debió ser un sitio para familias.

El día en que Megan me dijo que le dolía el estómago, no pensé mucho en eso. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #05”

Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #02

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Semana anterior: nace una niña en otro planeta.


Owen y yo estuvimos en la tercera ola de científicos que fueron a la colonia; llegamos a ser unos pocos miles como máximo. Era un viaje largo: cinco meses de viaje y luego diez años en la base, más cinco meses más de regreso. Y aún así, parecía razonable, hasta que unos años después nació Megan.La primera misión de regreso a California fue un desastre. Los investigadores originales –incluyendo a mi amiga Jeanine Davies– estaban tan emocionados acerca del regreso a casa. Jeanine se quedó despierta toda la noche por la expectativa. Me dijo que se iba a dar una panzada de frutas y verduras frescas y luego iba a salir a disfrutar de sentir el viento contra su cara. Hicimos planes para encontrarnos en Cardiff cuando el contrato de Owen hubiera terminado. De lo único que se arrepentía era de no poder ver a Megan por unos años. Estaba tan llena de energía, era la viva imagen de la salud. Se iba a casa.

Cuando la cápsula los dejó en el centro especial en el desierto de California, los tripulantes cayeron gravemente enfermos. Tomó un tiempo recibir las noticias. Jeanine estaba muerta. Todos ellos, muertos. Eran portadores de una bacteria desconocida en sus entrañas, la cual se volvió maligna en la atmósfera terrestre. Y no solo los recién llegados, todos: la bacteria se propagó con una virulencia que no había sido vista desde la Peste Negra. Así que G851.5.32 fue puesto bajo cuarentena y todos los viajes programados a la Madre Tierra fueron cancelados sin tener la más mínima idea de cuándo íbamos a poder volver. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #02”

Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #01

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Las olas rompen sobre la costa de color rojo sangre, sonando igual que el oleaje de la Tierra: un tenebroso y potente estruendo. Ya hace diecisiete años desde que nos fuimos.

Owen y yo nos casamos en el Registro Civil de Cardiff. Alquilamos un apartamento cerca de la Universidad, un estudio pequeño. Me sentía muy cosmopolita, viviendo en la capital, solo extrañaba a Swansea un poco. Un buen día Owen llegó de noche y me preguntó qué pensaba sobre ir al espacio. Me reí porque pensé que me estaba tomando el pelo, pero no era broma: le habían ofrecido un puesto en una nueva colonia de terraformación en G851.5.32 y por supuesto que quería ir. Estaba aterrorizada, pero no es la clase de oportunidad a la que una se pueda rehusar, ¿verdad? Y era solo por diez años; luego podríamos volver para disfrutar de un digno retiro. Fama y fortuna, fue lo que él me dijo. A mí me gustó la idea de poder contarles a mis amigas.

Hola Emma corazón, ¿cómo estás? Sí, hace bastante tiempo, ¿verdad? ¿Te mudaste a la calle Mumbles? Qué lindo. Nosotros nos mudamos a un planeta extrasolar a dieciocho años luz. Y bueno, claro que ya estamos de vuelta…

Eso fue cuando yo pensaba que íbamos a regresar a Gales algún día.

***

El agua de aquí no se parece en nada al océano salino de casa. Es ácida y carcome la carne. Ni siquiera debería estar tan cerca de la costa, por si el rocío me alcanza y me quema. Todo sobre G851.5.32 es tóxico; permanecí tanto tiempo en este lugar, hasta yo lo soy. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #01″

La peluca de rastas

Dreadlocks back

Isaura me acarició las rastas, mientras me dormía despacio sobre las sábanas verdosas. El humo de marihuana apenas brotaba de los restos del cenicero de madera. Se acarició la barriga de seis meses donde Roni disfrutaba de su confort amniótico. Se recostó boca arriba y poco a poco fue conciliando el sueño.

***

—Crispín, no te me quedes. Te tengo que hablar.
Abrí los ojos medio despistado. Hacía tiempo que no escuchaba esa voz.
—Crispín, mi hijo querido. Te estás quedando. Ya no te queda tiempo.
Era mamá. Se me apareció en una visión radiante. Su figura esbelta flotaba encima de la perfecta redondez de la barriga de Isaura. Mis rastas adornaban el conjunto.

***

Las rastas. Esa moda rara que a papá no le gustaba nada, ahora era un furor. Mucha gente quería lucirlas. Pocos tenían paciencia para hacérselas. Fue otro de mis caprichos. Papá no supo detenerme. Como tampoco pudo frenarme otras cosas.

***

A los quince traje a la casa una novia de rastas que fumaba marihuana. Papá fumaba en pipa mientras me veía envuelto en humo verde, yo parecía tan feliz con esa chica de ideas raras. Yo aprendía como podía lo que era el amor. Había tenido durante doce años el feliz ejemplo de mis padres. Yo también quería hacer mi vida, reinventarme, lo hacía como me salía. Papá no rehizo su vida, siguió muy solo. Nadie iba a poder ocupar el lugar de mamá, y no tenía forma de darme una nueva madre. Le remordía la conciencia por no haberme hablado nunca con claridad sobre la muerte. Yo no sufría con la palabra muerte, no me dolía; la desconocía. Y corría peligro de terminar desconociendo también la palabra vida.

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Tinto y tristón

–Mi rincón. Monoambiente en buhardilla. Y con vista sobre edificios antiguos. Tiene onda, ¿eh?

–Bien para vos. No sé por qué, siempre te imaginé en un lugar así.

–Sentate, te voy a servir algo para brindar. Mirá.

Le acerco la botella.

–Lambrusco. Siempre quise probarlo.

–Tinto y dulzón. Buenísimo.

Descorcho la botella. Sirvo dos copas, chocamos y probamos. Yo apenas mojo los labios, disfruto del sabor a bayas. Mi primo la olfatea, pone cara de deleite, degusta un poco. Supo ser un buen catador de vinos. Aunque últimamente, no tanto como antes. Después de paladear y saborearse el acabado, vuelve a acercar la copa a los labios. Para mi sorpresa, en un envión se la baja toda. Me pide más. Seguir leyendo “Tinto y tristón”

Voyage, voyage

La puerta gastada de ese apartamento se abrió de golpe. Andy cantaba a voz en cuello sus baladas rockeras. Cara de copado. Amir se sorprendió al verlo aparecerse así. Andy, como siempre, con su sonrisa contagiosa, extendió la mano para adentro.

–Pasá, bo. Sentate donde quieras.

Amir entró, se sentía medio raro. Los ojos muy observadores recorrían todo, como queriendo tocar algo. El lugar era chiquito, los muros hacía años que no se pintaban, pocos muebles, casi nada de adornos. Andy desapareció por la puerta del dormitorio; en las paredes, parecía que un mar de grafitis diminutos hormigueaba como queriendo seguirlo.

–¿Te gustó la música que te puse ayer? Tengo otra parecida, tenés que oírla, bo.

Entre medio de los grafitis sobrevivían una foto, dos pósters y la cubierta de un disco. Cómo falta un padre acá, pensaba Amir. Pero el pobre Andy no tenía la culpa. Volvió a aparecer, siempre cantando, a buscar una toalla tirada en la mesa.

–Sentate, no te quedes parado ahí. Mirá que voy a tardar. Tomá, bo, escuchate algo, apretá acá –y le dio los auriculares.

Amir no atinó a oír esa música bochinchuda. Tenía la mirada clavada en una de las caras de la pared. Andy le captó en el aire su curiosidad.

–Ah, le copaba a mi vieja. Voyage, voyage. Quiere decir viaje, es en francés. Yo, ni idea, bo. Siempre soñaba con viajar. La cantaba a cada rato. Pero no está tan buena como las que ponía mi viejo. ¡Esas sí que son potentes, bo!

Es tal cual, le falta el padre. Y la madre. De ella, solo queda esa cubierta que ni siquiera la muestra. Es una cantante rubia, mirando de costado, con el pelo bien corto. No usa velo.

(Disponible también en Wattpad)

Cuando no nos dejaban usar calculadora

Eran otras épocas. Usábamos más la cabeza. Otra no nos quedaba. No teníamos celulares ni tablets. Tampoco había música ni televisión en el liceo, ni pensarlo. Para colmo, prohibiciones. Nada de pelo largo, nada de piercings (¡sólo las nenas usan caravanas!), nada de calzado deportivo, nada de ropa colorinchuda. Nada de muletas tecnológicas, hay que pensar con la cabeza y hacer con el lápiz. Es así como lo leen: se prohibía usar calculadora en clase. Había que calcular las sumas, restas, multiplicaciones y divisiones a mano. Y hasta raíces cuadradas. Todo. Seguir leyendo “Cuando no nos dejaban usar calculadora”