Etiqueta: Padre

Streetwise: avispado, callejero

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El padre cacho y la vida callejera. Fuente: CEU.

Días atrás comentaba en estas páginas la utilidad e importancia de los diccionarios. Uno de los lectores mencionaba en una nota al pie acerca de una vieja costumbre, que también compartí: leer los diccionarios por gusto, para enterarse de palabras y significados. Buscando al vuelo, apareció una interesante palabra inglesa: streetwise.

Según la publicación en línea The Free Dictionary, este vocablo se refiere a una inusual capacidad, aptitud o experiencia necesarias para la supervivencia en un ambiente urbano difícil, a menudo peligroso. El muy visitado Wordreference lo resume como “espabilado”, “astuto”, “con calle”, “animal de ciudad”. Y si buscamos en la popular Wikipedia en inglés, nos sorprenderemos de saber que existen los llamados streetwise priests. Dedicados a servir a la comunidad en los lugares más difíciles, apartados, sombríos. Este mismo artículo enciclopédico coloca muy alto a un uruguayo en la lista de ejemplos: el Padre Cacho.

Hoy, para mi gran alegría, me enteré por un tuit del cardenal Sturla que el presbítero salesiano Rubén Isidro Alonso (1929-1992) ha sido declarado Siervo de Dios. Significa el primer paso en el camino hacia la santidad.

Avispado, callejero, servidor, cercano a los diferentes. Y camino al altar. Para emplear otra expresión en inglés: way to go!

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Diario de mi casa (parte I)

Ya no quedan ni las cenizas de los recuerdos que no fueron. Un diario quemado en la hoguera del que se rescataron fragmentos. Cualquier parecido con la coincidencia es…

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Letras & Poesía

El cenicero está vacío en el medio de la mesa ratona. Papá dejó de fumar hace años. Mamá siempre se quejaba del olor a toscano. Ahora la alfombra está divina, bien tersa y con olorcito a lana. Da gusto tirarse y revolcarse. Uno de los gustos que me doy en casa.

Todavía no llegan papá y mamá. A veces se demoran, cuando hay tráfico para volver del Centro. O cuando tienen que pasar a hacer algún mandado por Dieciocho.

Hoy cumplo veinte. Tal vez fueron a comprar algún regalo, o alguna otra cosa.

No festejamos mucho. Yo nunca fui muy de las fiestas.

Pero ahora estoy empezando a pensar en otras cosas. Conseguirme un trabajo, a ver si hago experiencia y empiezo a tener mi plata.

La plata. Esa cosa por la que tanta gente discute. Que hace tanta falta para vivir y darse gustos. Pero que algunos amontonan sin…

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Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #05

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Semana anterior: la desesperante curiosidad de una adolescente que quiere conocer los sabores naturales.


Megan me miró fijo y se fue de la habitación pisoteando. Ella quería hechos, no metáforas. Ella quería saber y yo no estaba ayudando. Ella quería ir a casa y probarlos por sí misma.

***

El sedimento de la costa es suave y polvoriento, nada que ver con la arena dorada de la Bahía de Swansea. Cuando apoyo mi mano en el suelo, las puntas de mis guantes comienzan a quemarse contra el terreno húmedo que tocan. Todo en este planeta es veneno. Nunca debió ser un sitio para familias.

El día en que Megan me dijo que le dolía el estómago, no pensé mucho en eso. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #05”

Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #02

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Semana anterior: nace una niña en otro planeta.


Owen y yo estuvimos en la tercera ola de científicos que fueron a la colonia; llegamos a ser unos pocos miles como máximo. Era un viaje largo: cinco meses de viaje y luego diez años en la base, más cinco meses más de regreso. Y aún así, parecía razonable, hasta que unos años después nació Megan.La primera misión de regreso a California fue un desastre. Los investigadores originales –incluyendo a mi amiga Jeanine Davies– estaban tan emocionados acerca del regreso a casa. Jeanine se quedó despierta toda la noche por la expectativa. Me dijo que se iba a dar una panzada de frutas y verduras frescas y luego iba a salir a disfrutar de sentir el viento contra su cara. Hicimos planes para encontrarnos en Cardiff cuando el contrato de Owen hubiera terminado. De lo único que se arrepentía era de no poder ver a Megan por unos años. Estaba tan llena de energía, era la viva imagen de la salud. Se iba a casa.

Cuando la cápsula los dejó en el centro especial en el desierto de California, los tripulantes cayeron gravemente enfermos. Tomó un tiempo recibir las noticias. Jeanine estaba muerta. Todos ellos, muertos. Eran portadores de una bacteria desconocida en sus entrañas, la cual se volvió maligna en la atmósfera terrestre. Y no solo los recién llegados, todos: la bacteria se propagó con una virulencia que no había sido vista desde la Peste Negra. Así que G851.5.32 fue puesto bajo cuarentena y todos los viajes programados a la Madre Tierra fueron cancelados sin tener la más mínima idea de cuándo íbamos a poder volver. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #02”

Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #01

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Las olas rompen sobre la costa de color rojo sangre, sonando igual que el oleaje de la Tierra: un tenebroso y potente estruendo. Ya hace diecisiete años desde que nos fuimos.

Owen y yo nos casamos en el Registro Civil de Cardiff. Alquilamos un apartamento cerca de la Universidad, un estudio pequeño. Me sentía muy cosmopolita, viviendo en la capital, solo extrañaba a Swansea un poco. Un buen día Owen llegó de noche y me preguntó qué pensaba sobre ir al espacio. Me reí porque pensé que me estaba tomando el pelo, pero no era broma: le habían ofrecido un puesto en una nueva colonia de terraformación en G851.5.32 y por supuesto que quería ir. Estaba aterrorizada, pero no es la clase de oportunidad a la que una se pueda rehusar, ¿verdad? Y era solo por diez años; luego podríamos volver para disfrutar de un digno retiro. Fama y fortuna, fue lo que él me dijo. A mí me gustó la idea de poder contarles a mis amigas.

Hola Emma corazón, ¿cómo estás? Sí, hace bastante tiempo, ¿verdad? ¿Te mudaste a la calle Mumbles? Qué lindo. Nosotros nos mudamos a un planeta extrasolar a dieciocho años luz. Y bueno, claro que ya estamos de vuelta…

Eso fue cuando yo pensaba que íbamos a regresar a Gales algún día.

***

El agua de aquí no se parece en nada al océano salino de casa. Es ácida y carcome la carne. Ni siquiera debería estar tan cerca de la costa, por si el rocío me alcanza y me quema. Todo sobre G851.5.32 es tóxico; permanecí tanto tiempo en este lugar, hasta yo lo soy. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #01″

La peluca de rastas

Dreadlocks back

Isaura me acarició las rastas, mientras me dormía despacio sobre las sábanas verdosas. El humo de marihuana apenas brotaba de los restos del cenicero de madera. Se acarició la barriga de seis meses donde Roni disfrutaba de su confort amniótico. Se recostó boca arriba y poco a poco fue conciliando el sueño.

***

—Crispín, no te me quedes. Te tengo que hablar.
Abrí los ojos medio despistado. Hacía tiempo que no escuchaba esa voz.
—Crispín, mi hijo querido. Te estás quedando. Ya no te queda tiempo.
Era mamá. Se me apareció en una visión radiante. Su figura esbelta flotaba encima de la perfecta redondez de la barriga de Isaura. Mis rastas adornaban el conjunto.

***

Las rastas. Esa moda rara que a papá no le gustaba nada, ahora era un furor. Mucha gente quería lucirlas. Pocos tenían paciencia para hacérselas. Fue otro de mis caprichos. Papá no supo detenerme. Como tampoco pudo frenarme otras cosas.

***

A los quince traje a la casa una novia de rastas que fumaba marihuana. Papá fumaba en pipa mientras me veía envuelto en humo verde, yo parecía tan feliz con esa chica de ideas raras. Yo aprendía como podía lo que era el amor. Había tenido durante doce años el feliz ejemplo de mis padres. Yo también quería hacer mi vida, reinventarme, lo hacía como me salía. Papá no rehizo su vida, siguió muy solo. Nadie iba a poder ocupar el lugar de mamá, y no tenía forma de darme una nueva madre. Le remordía la conciencia por no haberme hablado nunca con claridad sobre la muerte. Yo no sufría con la palabra muerte, no me dolía; la desconocía. Y corría peligro de terminar desconociendo también la palabra vida.

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Tinto y tristón

–Mi rincón. Monoambiente en buhardilla. Y con vista sobre edificios antiguos. Tiene onda, ¿eh?

–Bien para vos. No sé por qué, siempre te imaginé en un lugar así.

–Sentate, te voy a servir algo para brindar. Mirá.

Le acerco la botella.

–Lambrusco. Siempre quise probarlo.

–Tinto y dulzón. Buenísimo.

Descorcho la botella. Sirvo dos copas, chocamos y probamos. Yo apenas mojo los labios, disfruto del sabor a bayas. Mi primo la olfatea, pone cara de deleite, degusta un poco. Supo ser un buen catador de vinos. Aunque últimamente, no tanto como antes. Después de paladear y saborearse el acabado, vuelve a acercar la copa a los labios. Para mi sorpresa, en un envión se la baja toda. Me pide más. Seguir leyendo “Tinto y tristón”