Etiqueta: Juventud

Aquella juventud

Todos adoran lo que hacés,
cómo hablás, cómo te movés.
Todos te están mirando acá,
te sentís como en casa,
sos un sueño hecho real.

Pero por si estás a solas,
antes de irme, ¿me das un rato?
Estuve a solas toda la noche,
ojalá te hubiese encontrado.

Parecés de una película,
sonás como una canción.
Por Dios, cómo me acuerdo
de aquella juventud.

Quiero retratarte con esta luz
por si es la última vez
que nos vemos como éramos,
antes de darnos cuenta
que es feo ponerse viejos.
Nos alborotábamos.
Era una película,
era una canción.

Me daba tanto miedo mirar mis miedos,
nadie me dijo que ibas a estar aquí.
Yo juraba que te habías ido lejos,
eso me habías dicho al partir.

Seguís pareciendo de una película,
seguís sonando como canción.
Por Dios, cómo me acuerdo
de aquella juventud.

Quiero retratarte con esta luz
por si es la última vez
que nos vemos como éramos,
antes de darnos cuenta
que es feo ponerse viejos.
Nos alborotábamos.
Era una película,
era una canción.

Aquella juventud…

Es complicado admitir
que todo me devuelve
a cuando estabas allí.
Una parte de mí se sostiene
por si acaso no se fue.
Creo que aún me importa.
¿Todavía te importa a vos?

Era como una película,
sonaba como una canción.
Por Dios, cómo me acuerdo
de aquella juventud.

Aquella juventud…

Quiero retratarte con esta luz
por si es la última vez
que nos vemos como éramos,
antes de darnos cuenta
que es feo ponerse viejos.
Nos alborotábamos.
Era una película,
era una canción
de aquella juventud.


Versión libre inspirada en la letra original de la canción When We Were Young, por Adele. Fuente: http://www.azlyrics.com/lyrics/adele/whenwewereyoung.html

Crispín al poder

Dreadlocks back

Anoche murió la tradicional manera de hacer política.

Anoche se acabó el estilo políticamente correcto.

Anoche arrasó la llaneza. 9/11, 11/9… tanto da.

Se terminó de desdibujar la frontera entre un “disculpe” y un “no te soporto”. Se borronéo, desapareció. Lo que hay es lo que hay.

Y con esa misma llaneza, ahora viene la proclama.

Hablen claro. Abran la boca y díganlo: quiero poder y plata. O: quiero fiesta, quiero vivir sin trabajar, no me importa nada. O…

Solemos decir con ironía “mentime que me gusta”. Pero a Crispín no le gustan las mentiras. No sabe que le ocultan cosas, no sabe las falsedades, hasta que se entera. Y ahí, sí que cambia.

Si hay tipos capaces de detectar la frustración, la intolerancia y las ganas de odiar, e ir a buscar ese voto… también hacen falta otros tipos. Capaces de detectar a los millones de desencantados bienintencionados que andan por todos lados. A los pibes buena onda. A las chicas voluntariosas. A los que de verdad buscan comprensión, tolerancia, convivencia pacífica. Que les digan: ¡arriba que se sí puede!

¿Crispín candidato?


Nota inspirada en la inesperada victoria electoral estadounidense.

Que Dios ilumine a los de arriba y también a los de abajo. Sin más vueltas. Porque las palabras sobran. Ahora, más que nunca, están de más.

Que ocurran cambios como el que sucede entre la historia que pueden leer aquí y esta otra posterior.

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Hierba humeante, rastas rechinantes

Dreadlocks backHace una semana una revista literaria publicaba mi relato La peluca de rastas (hacer clic aquí para leerlo). Varios ya lo leyeron y me hicieron sus comentarios, que mucho agradezco. Hubo elogios, identificaciones, sentimientos, también críticas. Como siempre sucede cuando algo se publica. En especial, cuando toca temas tan actuales como peliagudos. El pelo peinado en forma de rastas les causa repulsión a muchos; y, si además de eso, quien lo usa fuma marihuana, son varios los que ponen el grito en el cielo. Seguir leyendo “Hierba humeante, rastas rechinantes”

La peluca de rastas

Dreadlocks back

Isaura me acarició las rastas, mientras me dormía despacio sobre las sábanas verdosas. El humo de marihuana apenas brotaba de los restos del cenicero de madera. Se acarició la barriga de seis meses donde Roni disfrutaba de su confort amniótico. Se recostó boca arriba y poco a poco fue conciliando el sueño.

***

—Crispín, no te me quedes. Te tengo que hablar.
Abrí los ojos medio despistado. Hacía tiempo que no escuchaba esa voz.
—Crispín, mi hijo querido. Te estás quedando. Ya no te queda tiempo.
Era mamá. Se me apareció en una visión radiante. Su figura esbelta flotaba encima de la perfecta redondez de la barriga de Isaura. Mis rastas adornaban el conjunto.

***

Las rastas. Esa moda rara que a papá no le gustaba nada, ahora era un furor. Mucha gente quería lucirlas. Pocos tenían paciencia para hacérselas. Fue otro de mis caprichos. Papá no supo detenerme. Como tampoco pudo frenarme otras cosas.

***

A los quince traje a la casa una novia de rastas que fumaba marihuana. Papá fumaba en pipa mientras me veía envuelto en humo verde, yo parecía tan feliz con esa chica de ideas raras. Yo aprendía como podía lo que era el amor. Había tenido durante doce años el feliz ejemplo de mis padres. Yo también quería hacer mi vida, reinventarme, lo hacía como me salía. Papá no rehizo su vida, siguió muy solo. Nadie iba a poder ocupar el lugar de mamá, y no tenía forma de darme una nueva madre. Le remordía la conciencia por no haberme hablado nunca con claridad sobre la muerte. Yo no sufría con la palabra muerte, no me dolía; la desconocía. Y corría peligro de terminar desconociendo también la palabra vida.

Seguir leyendo “La peluca de rastas”

Tinto y tristón

–Mi rincón. Monoambiente en buhardilla. Y con vista sobre edificios antiguos. Tiene onda, ¿eh?

–Bien para vos. No sé por qué, siempre te imaginé en un lugar así.

–Sentate, te voy a servir algo para brindar. Mirá.

Le acerco la botella.

–Lambrusco. Siempre quise probarlo.

–Tinto y dulzón. Buenísimo.

Descorcho la botella. Sirvo dos copas, chocamos y probamos. Yo apenas mojo los labios, disfruto del sabor a bayas. Mi primo la olfatea, pone cara de deleite, degusta un poco. Supo ser un buen catador de vinos. Aunque últimamente, no tanto como antes. Después de paladear y saborearse el acabado, vuelve a acercar la copa a los labios. Para mi sorpresa, en un envión se la baja toda. Me pide más. Seguir leyendo “Tinto y tristón”

Cronología de mi actividad literaria

Ginkgo

Allá por octubre de 2014 comencé a escribir algo con aspiraciones de literatura. Pronto se multiplicaron las cantidades de textos en mi escritorio. Un día decidí darlos a conocer. Andando, andando, en este blog fui publicando:

  • ONCE: de la serie Once relatos del juego de la vida
  • TRES: extractos de la novela corta Tres terribles tigres

En setiembre de 2016 se publica mi relato La peluca de rastas en la revista literaria digital Luz de Candil. Después, su protagonista Crispín siguió apareciendo en otros artículos.

Un momento muy especial fue mi admisión como escritor en el blog Letras y Poesía, en donde realizo contribuciones cada dos domingos.

En noviembre de 2016 comenzó mi participación en el equipo de redacción del proyecto Textos Solidarios, que realizará una donación a la ONG Médicos Sin Fronteras.

En diciembre me admiten como autor en el blog Salto al Reverso, en donde comienzo a subir poesía.

Un aspecto que también cuenta es la imagen de este blog. El título, bueno, creo que no necesita explicaciones. Como logo elegí la hoja del Ginkgo, árbol milenario, como símbolo de permanencia. Por su parte, la descripción corta, al inicio, fue “Actualidad literaria y cultural”. Como también está bueno difundir lo del pasado, unas semanas después la redefiní como “Difusión literaria y cultural”. En diciembre de 2016 hubo un nuevo cambio, ahora es “Baluarte literario y cultural”; si bien un baluarte puede llegar a asustar, la pronunciación en voz alta de este vocablo desliza otra cosa, “valuarte”. Quien nutre su espíritu de letras y cultura siempre crece.

Culmina el año 2016 con una gran alegría por partida doble. L&P Awards 2016, evento para el que fui nominado en varias categorías, anuncia mi premiación como

  • Mejor escritor de Latinoamérica
  • Mejor blog de traducción/recursos

Comienza 2017 y me decido a comenzar con la publicación de la que fue mi primera traducción literaria: Botijas en cana, a partir del original alemán Knastkinder, de Rüdiger Bertram. Síganla con cuidado, va a estar muy cruda.

Muchas gracias al público por seguir acompañando. Las miradas lectoras y opinadoras son bienvenidas.


Otras páginas en las que pueden ver mi producción: