Etiqueta: Tres terribles tigres

El más grande

Es el más grande. Sobresale de sobra.

La inspiración le abunda.

Puede (casi) todo lo que quiere.

Encuentra un tesoro en sus amigos.

Muchas lo mueven a mucho.

Bastante puede.

De pronto, todo le pasará de repente. A su corta edad. Seguir leyendo “El más grande”

El más chico

Es el más chico. Mimado y consentido.

Inspira buena onda.

Puede ser el mejor.

Busca amigos y amor.

Más de una lo mueve.

Algo puede.

De pronto, todo le pasará de repente. A su corta edad. Seguir leyendo “El más chico”

El del medio

Es el del medio. Bien del montón.

Aspira pero no inspira.

Quiere pero no puede.

Busca pero no encuentra.

Igual, todas lo mueven.

Total, todas lo pueden.

De pronto, todo le pasará de repente. A su corta edad. Seguir leyendo “El del medio”

Proyecto literario conjunto

Hola, te estoy escribiendo a vos. Sí, a vos, que nos leés todos los días en la red de redes.

Este colectivo que integro sigue creciendo y necesita de tu ayuda. Y te aseguro que vas a poder leer mi último libro, Tres terribles tigres.

¿Querés saber cómo? Aquí tenés el enlace directo a la Campaña en Verkami.

Podés verlo también aquí:

¡Te esperamos!

Letras & Poesía se afianza

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La gran comunidad de escribientes en castellano sigue pisando fuerte. Textos en línea, publicaciones físicas, recitales y presencia en las redes nos acercan al público que lee, mira y escucha. Se multiplican las ocasiones para difundir la obra de muchos autores noveles (y otros no tanto).

¿Querés ver quiénes estamos detrás de todo esto? Seguir leyendo “Letras & Poesía se afianza”

Revolea

Que se vaya a la mismísima…
No la voy a soportar ni un minuto más a esa. Ya no existe para mí. Voy a hacer la mía. A salir, a conocer, a aprovechar. Tener novia, yo. ¡Ja, ja, ja! Después de todo el tiempo que estuve con esa. Después de todas las noches que pasé con esa. Después de todo lo que dejé por esa. Después de todo lo que trabajé en la pizzería para hacerle regalos, ¡a esa! Después, después… ¡después, lo que venga! Seguir leyendo “Revolea”

Cosa de (b)ella, ¿y qué?

Se acabó. Ahora sí que se terminó.

Que se vaya al diablo ese imbécil. Voy a empezar a vivir mi vida.

Tenía razón mamá. Un mentiroso. Un sátrapa. ¡Un vividor! Porque otra cosa no se puede decir. Seguir leyendo “Cosa de (b)ella, ¿y qué?”

¡Volver a vivir!

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El resplandor del amanecer me desvela como una caricia. No quiero despertarla, prefiero que descanse tranquila después de esta semana agotadora.

Hace apenas diez días que estamos juntos. No ha dejado de correr de arriba para abajo, de ir y venir haciendo cosas, de arreglar cada rincón para que parezca como nuevo. Y es que nuestra vida es nueva. Para mí, sin duda.

Apenas puedo creerlo. Ya ni me animo a calificar lo nuestro como normal o anormal, porque parece que en este mundo ya nada lo es, tanto da. Pero… Ya estoy cansado de trotar por la vida, cayéndome siempre de la montura. Ahora, voy a andar lento pero seguro.

Mejor me levanto ya mismo y voy aprontando el desayuno. El que a ella le gusta. Apenas le conozco los gustos desde que me mudé con ella, pero esto sé que le va a encantar. Y esto otro también. Ah, por supuesto, y una flor de estas que crecen en la ventana.

Esta vez no puedo fallar. No voy a fallar.

Hoy me levanté bien. Inspirado. Elijo seguir con ella. Y la voy a seguir eligiendo todos los días. Lo sé.

Canon y giga en re mayor, por Johann Pachelbel (1680). Un plácido despertar de los sentidos.


Publicado en Letras & Poesía hace pocos días.

Seísmo de sábado

dark room guy

Amanece por la celosía.
Tahir entreabre los ojos, todavía rojizos.
Se los frota con fruición.
Sabe que dentro de un rato le traen a Tomás.
Precisa ese rato para volver en sí. De la resaca de sexo soez. Del grosero galope goloso.
Pero ese rato no es otra cosa que… la mañana después.
Impío vacío.
Se arrastra hasta la heladera.
Un cubo de hielo en la frente.
El agua helada chorreando en los ojos.
Listo. Me visto. Me alisto.
Justo a tiempo que toca a la puerta.
Abre.

—¡Papá! —se le abraza a la rodilla Tomás.
—Mañana a mediodía en la casa de mamá —dispone la voz de ella, sin mirar.

La puerta se cierra. La casa se llena.
Hasta mañana se sabe quién es el dueño de casa.
Llena, por fin.
La voz de Tomás le ocupa los pensamientos.
Mientras un cruel eco le retumba en el vacío del corazón.
Impío vacío.
El que queda tras la imperdonable traición al único amor que supo tener.
Pensar que fue hace tan poco…
¿Cuánto duró? Mejor ni pensarlo.

Tomás se arrodilla a jugar.
Tahir se arrodilla al lado.
No se puede decir, o el machismo que lo domina se va a enterar: Tahir juega a rezar.
Tahir quiere rezar en serio. No es juego. Pero no le sale.
Sabe que tiene que aprender a pedir perdón. No es juego. Pero no le nace.
Sufre.
Lo quisiera decir. Pero él es macho….
¿Aguanta?

Les Pleurs por el maestro violagambista francés Monsieur de Sainte-Colombe (siglo XVII). Esta melodía forma parte de la banda sonora de la película Tous les matins du monde (1991, dirección de Alain Corneau). El personaje de mi texto… ¿qué querés que te diga? «Tropezó de nuevo y con la misma piedra».


Ya publicado en Letras&Poesía el mes pasado.

(Re)escribiendo al macho

Ominosa ave negra

Un ave negra sobrevuela la plaza, como un ominoso presentimiento. Las nubes oscuras velan un interrogatorio inquisidor.

Allá abajo está el macho del barrio. Tirado en un rincón de la plaza, borracho de vino. Lo bastante como para no tenerse en pie, aunque no demasiado. Está justo a punto para taladrarle la cabeza a preguntas insidiosas, para tirarle de la lengua y, si tiene que sufrir para responder, que sufra. Para algo es macho y aguanta. Como él se jacta, el más macho de todo el barrio.

¿Qué tan feliz se siente serlo? ¿Existe esa palabra: feliz? ¿Se usa?

¿A qué precio?

¿A cuántas hembras usaste y lastimaste? ¿Lo pensaste? ¿Te cuidaste?

¿Qué hay de aquella a la que le hiciste una criatura? Después desapareciste. ¿Te hiciste cargo? Seguir leyendo “(Re)escribiendo al macho”

Pesadilla al despertar

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Letras & Poesía: Literatura Independiente

Dicen que cuando tu peor pesadilla cobra vida, todavía te hace falta despertar.

Siempre fui de tener sueños livianos, simples, sin gracia ni fondo.

Muy de vez en cuando, alguna pesadilla de esas que uno nunca quiere que sucedan.

Como un desagüe de tragedia en clave imaginaria, como una cloaca ficticia por donde la mente expulsa sus asquerosos efluvios.

Pero, ¿qué sucede cuando la pesadilla la buscaste?

¿Qué pasa cuando la emboscada te la armaste?

¿Cómo despertar de todo eso?

Uno solo no puede salir de eso.

Alguien más tiene que venir a despertarte.

Te toma de la mano y te arrastra hacia…

Por: Fabio Descalzi (Uruguay)

blogdefabio.com


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Rosa(rio) de lejos

rosario-de-vertebras-de-pescadoHablamos de cualquier cosa. Último beso de la noche. Ya tiene que irse. ¡Qué lástima!

—Hasta mañana, Lupita.

—Adiós, Tibu.

—Mañana te veo.

Ella apenas agita la mano con delicadeza.

***

Un lugar enorme, todo blanco, lleno de luces fuertes, estoy parado en el centro de todo, sobre un lugar elevado. El rosario que me regaló Lupita cuelga de mi cuello. Pero no tengo la tabla de surf. Acá va a pasar otra cosa.

Hay mucha gente vestida de fiesta, en asientos que miran hacia donde estoy parado yo.

En eso, empieza a sonar música de ceremonia. Se abren las puertas. Entra caminando despacio una chica, vestida de blanco, con un ramo de flores enorme. Sonríe. Es ella, Lupita, sin duda.

Pero la acompaña alguien que parece Chespirito joven, habla como ella, pero más rápido.

Siento mucho calor. Alguien me dice algo al oído.

De repente me despierto traspirado. En el medio de la playa. Ya va a salir el sol.

Me dan vuelta en la cabeza las palabras que me dijo. Además, se fue. Claro que se fue. Rosa de un día, como dirían aquellos… Ahora, es de lejos…

Voy a correr las olas. A ver si me distraigo con algo.

Agarro mi tabla, voy bien adentro del océano. Ahí viene una ola. ¡Espectaculaaaar!

Demasiado fuerte. La ola me voltea. La tabla se va para cualquier lado. Uh, por suerte, pude agarrarla.

Pah… hice un mal movimiento. Hoy no es mi día. Salgo medio rengo. Me duele la pierna. Voy a tirarme un poco en la arena.

Me acaricio el pecho.

¡El rosario! ¡Lo perdí! ¡El regalo de Lupita!

Fue al caerme de la tabla, todo ese torbellino. ¡Noooo!

Pego con los puños en la arena. Me descargo la rabia.

No la puedo tener.

Ni siquiera ese recuerdo de ella.

Solo… acordarme de lo que fue ayer.

La perdí…

¡Cómo me la perdííí!


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Tan sol(ter)o de vuelta

El Turco está sentado en el cordón de la vereda. Se le acerca el hermano.

–¿Qué te pasa, che?

–Otra vez…

–Juaa, te volvió a patear aquella.

El Turco lo mira de reojo, masticando rabia.

–Y que no vaya a decir que no la supe entender. Porque mirá que la pasó bien conmigo, ¿eh?

–Lo que pasa, es que…

–Se le dio por volver con ese tarado nariz para arriba. El novio que tenía antes.

–El mismo que ya te la había sacado el año pasado, ¿eh? Seguir leyendo “Tan sol(ter)o de vuelta”

Tinto y tristón

–Mi rincón. Monoambiente en buhardilla. Y con vista sobre edificios antiguos. Tiene onda, ¿eh?

–Bien para vos. No sé por qué, siempre te imaginé en un lugar así.

–Sentate, te voy a servir algo para brindar. Mirá.

Le acerco la botella.

–Lambrusco. Siempre quise probarlo.

–Tinto y dulzón. Buenísimo.

Descorcho la botella. Sirvo dos copas, chocamos y probamos. Yo apenas mojo los labios, disfruto del sabor a bayas. Mi primo la olfatea, pone cara de deleite, degusta un poco. Supo ser un buen catador de vinos. Aunque últimamente, no tanto como antes. Después de paladear y saborearse el acabado, vuelve a acercar la copa a los labios. Para mi sorpresa, en un envión se la baja toda. Me pide más. Seguir leyendo “Tinto y tristón”