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Diario de mi casa (parte I)

Ya no quedan ni las cenizas de los recuerdos que no fueron. Un diario quemado en la hoguera del que se rescataron fragmentos. Cualquier parecido con la coincidencia es…

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Letras & Poesía

El cenicero está vacío en el medio de la mesa ratona. Papá dejó de fumar hace años. Mamá siempre se quejaba del olor a toscano. Ahora la alfombra está divina, bien tersa y con olorcito a lana. Da gusto tirarse y revolcarse. Uno de los gustos que me doy en casa.

Todavía no llegan papá y mamá. A veces se demoran, cuando hay tráfico para volver del Centro. O cuando tienen que pasar a hacer algún mandado por Dieciocho.

Hoy cumplo veinte. Tal vez fueron a comprar algún regalo, o alguna otra cosa.

No festejamos mucho. Yo nunca fui muy de las fiestas.

Pero ahora estoy empezando a pensar en otras cosas. Conseguirme un trabajo, a ver si hago experiencia y empiezo a tener mi plata.

La plata. Esa cosa por la que tanta gente discute. Que hace tanta falta para vivir y darse gustos. Pero que algunos amontonan sin…

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Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #05

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Semana anterior: la desesperante curiosidad de una adolescente que quiere conocer los sabores naturales.


Megan me miró fijo y se fue de la habitación pisoteando. Ella quería hechos, no metáforas. Ella quería saber y yo no estaba ayudando. Ella quería ir a casa y probarlos por sí misma.

***

El sedimento de la costa es suave y polvoriento, nada que ver con la arena dorada de la Bahía de Swansea. Cuando apoyo mi mano en el suelo, las puntas de mis guantes comienzan a quemarse contra el terreno húmedo que tocan. Todo en este planeta es veneno. Nunca debió ser un sitio para familias.

El día en que Megan me dijo que le dolía el estómago, no pensé mucho en eso. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #05”

Las rastas de peluca

Una contribución al proyecto #TextosSolidarios; reaparece el personaje de Crispín, el de La peluca de rastas, pero ahora más crecido:


dreadlocks_493px-living_statue_miami_beach_flSe miró en el espejo rajado. Se pintó un lagrimón en el cachete rosado. Se mesó con los dedos una rasta rubia. Tanteó en la mesa, qué raro: una gubia.

Crispín estaba a punto de debutar como actor en ese escenario popular. Le habían pedido, por favor, que no rechazara esa ocasión para ayudar. Iba a hacer de él mismo, como había sido antes. Pero ahora, recordando; tenía ayudantes. Los muchachos del barrio carenciado, ellos sí que estaban marginados.

¡Qué asco! Las rastas. Crispín se arrancó la peluca y la tiró al piso. Tiene piojos.

Un par de ojos lo miraron desde atrás de la cortina de arpillera. Un chico al que le habían pedido que leyera. Lo observaba de arriba abajo, entre divertido y resignado. Crispín se sintió extraño, como juzgado.

Ese galponcito con techo de chapa era un teatro improvisado. Y él, si vamos al caso, un actor impensado. Inimaginable el camino que había recorrido desde que era padre. Estimulado por la suave y remota voz de su finada madre.

—Vamos, hora de entrar a escena.

—Pero prolijo, bien plantado, elegante, aliñado.

—No, Crispín. Sé fiel al personaje que fuiste.

—¿Fiel? Si no era fiel a…

—No cambies de tema. El personaje del pasado por un rato estará resucitado. ¿O te olvidaste cómo te encontraron más de una vez…?

Crispín apretó los puños. Pero no quiso seguir insistiendo.

Levantó la peluca de rastas. Con piojos. Se la enfundó en la calva y salió a escena. Dispuesto a declamar monólogos de su imberbe andar desastrado. Con piojos para rascarse en serio. En el escenario de ese barrio carenciado. Cerca de ellos.

Llegarles a ellos. Sentirse como ellos.


Algunos me han preguntado por los antecedentes de Crispín. Hagan clic aquí para verlo.

Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #04

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Semana anterior: la hija se vuelve cada vez más curiosa, ansía una comida deliciosa.


Megan nunca había comido nada crudo, así que no entendía lo que significaba cocinar. Lo más cercano a los mariscos que había comido en su vida fue un salmón enlatado que comimos en Año Nuevo.

“Hay que cocinarlos al vapor para poder abrir las caparazones y llegar a la carne que tienen dentro”. Megan se veía decepcionada. Ella se regocijaba ante la idea de un festín vivo y coleando, comida lista para ser tomada. Nuestra dependencia con la colonia era tan constante que la idea de alimentarse por sus propios medios era una fuente inagotable de maravillas para ella.

Me gustaba consentirla. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #04”

Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #03

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Semana anterior: cómo llegaron hasta G851.5.32, ese lejano y hostil planeta rojo sangre.


Desearía tener una botella de vodka conmigo. El sol está bajo en el horizonte. Si entrecierro los ojos, casi puedo hacer de cuenta que es un brillante atardecer de Swansea, los rayos se reflejan en las nubes bajas y ponen todo el paisaje color rojo. Casi puedo hacer de cuenta que estoy en la rambla Oystermouth, parada junto a la extensa playa, Jacquelyn dándome manija para ponerme en cueros y correr hacia las olas.

Megan tenía la misma ávida curiosidad acerca del mundo como su papá, el científico. La cúpula era asfixiante para el espíritu curioso de una jovencita. Explorábamos los alrededores, pero no me atrevía a llegar muy lejos. Megan se quejaba terriblemente cuando era hora de volver. La cosa se pasó de castaño oscuro cuando la encontraron escapándose en medio de la noche, sin autorización, sin el equipo protector. Owen estaba furioso, pero yo no podía culparla por rebelarse contra las normas y reglamentos.

Ella se quejaba “¿Cómo vamos a aprender más si nos encerramos? Cuando sea grande, voy a vivir en el exterior y voy a recorrer el planeta entero. Voy a estudiar la Peste de los Retornantes hasta que encuentre la cura y podamos viajar de nuevo.” Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #03”

Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #02

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Semana anterior: nace una niña en otro planeta.


Owen y yo estuvimos en la tercera ola de científicos que fueron a la colonia; llegamos a ser unos pocos miles como máximo. Era un viaje largo: cinco meses de viaje y luego diez años en la base, más cinco meses más de regreso. Y aún así, parecía razonable, hasta que unos años después nació Megan.La primera misión de regreso a California fue un desastre. Los investigadores originales –incluyendo a mi amiga Jeanine Davies– estaban tan emocionados acerca del regreso a casa. Jeanine se quedó despierta toda la noche por la expectativa. Me dijo que se iba a dar una panzada de frutas y verduras frescas y luego iba a salir a disfrutar de sentir el viento contra su cara. Hicimos planes para encontrarnos en Cardiff cuando el contrato de Owen hubiera terminado. De lo único que se arrepentía era de no poder ver a Megan por unos años. Estaba tan llena de energía, era la viva imagen de la salud. Se iba a casa.

Cuando la cápsula los dejó en el centro especial en el desierto de California, los tripulantes cayeron gravemente enfermos. Tomó un tiempo recibir las noticias. Jeanine estaba muerta. Todos ellos, muertos. Eran portadores de una bacteria desconocida en sus entrañas, la cual se volvió maligna en la atmósfera terrestre. Y no solo los recién llegados, todos: la bacteria se propagó con una virulencia que no había sido vista desde la Peste Negra. Así que G851.5.32 fue puesto bajo cuarentena y todos los viajes programados a la Madre Tierra fueron cancelados sin tener la más mínima idea de cuándo íbamos a poder volver. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #02”

Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #01

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Las olas rompen sobre la costa de color rojo sangre, sonando igual que el oleaje de la Tierra: un tenebroso y potente estruendo. Ya hace diecisiete años desde que nos fuimos.

Owen y yo nos casamos en el Registro Civil de Cardiff. Alquilamos un apartamento cerca de la Universidad, un estudio pequeño. Me sentía muy cosmopolita, viviendo en la capital, solo extrañaba a Swansea un poco. Un buen día Owen llegó de noche y me preguntó qué pensaba sobre ir al espacio. Me reí porque pensé que me estaba tomando el pelo, pero no era broma: le habían ofrecido un puesto en una nueva colonia de terraformación en G851.5.32 y por supuesto que quería ir. Estaba aterrorizada, pero no es la clase de oportunidad a la que una se pueda rehusar, ¿verdad? Y era solo por diez años; luego podríamos volver para disfrutar de un digno retiro. Fama y fortuna, fue lo que él me dijo. A mí me gustó la idea de poder contarles a mis amigas.

Hola Emma corazón, ¿cómo estás? Sí, hace bastante tiempo, ¿verdad? ¿Te mudaste a la calle Mumbles? Qué lindo. Nosotros nos mudamos a un planeta extrasolar a dieciocho años luz. Y bueno, claro que ya estamos de vuelta…

Eso fue cuando yo pensaba que íbamos a regresar a Gales algún día.

***

El agua de aquí no se parece en nada al océano salino de casa. Es ácida y carcome la carne. Ni siquiera debería estar tan cerca de la costa, por si el rocío me alcanza y me quema. Todo sobre G851.5.32 es tóxico; permanecí tanto tiempo en este lugar, hasta yo lo soy. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #01″