Etiqueta: Madre

¡Feliz día! ¡Qué alegría!

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Feliz día, mami. ¿Que por qué te escribo hoy? Qué pregunta. Porque nunca me pediste que te escribiera una composición. Menos, un poema. Pero igual, cada día, cuando me levantaba, me regalabas un poema de vida cotidiana, una composición de comida rica, un manual de consejos prácticos, una revista de moda (sí, sabías mucho de ropa y estilo), un libro de relatos. Cuando estabas con tiempo, me regalabas un anecdotario completo (inagotable) de tu larguísimo viaje por Europa. A veces, incluso, con fotos de ilustración. Entonces, la verdad, ¡dan ganas de escribirte! Si alguien pregunta por qué escribo, la respuesta es bastante evidente. Aprendí a escribir antes de saber empuñar un lápiz. Porque aprendí a ver la vida con tus ojos.

Siempre le quitaba los lentes de sol a mamá, así que ese día de 1970 accedió de buena gana a prestármelos para esta foto, que todavía guardo con cariño.

A mamá y a todas las mamis uruguayas, un muy feliz día. Seguir leyendo “¡Feliz día! ¡Qué alegría!”

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Botijas en cana. Acto II, escena 8. La despedida

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Advertencia: no apto para menores de 12 años. Vocabulario incorrecto y escenas violentas.

(Semana anterior: Pelea).

Jonathan, Mariel y Ariel, que todavía está mal, están acuclillados a un lado de la escena, Pat, Sami y Sara en el otro. Pat mira fijo todo el tiempo a Jonathan, que está sentado cruzado de brazos al lado de Mariel. Se le ve cómo se la trabaja.

ARIEL: Ya no te vas a quedar solo. ¿Me entendiste?

JONATHAN: Ya no soy un pendejo.

ARIEL: Sí que lo sos. Le mostraste qué miserable es su vida. Eso no te lo va a perdonar.

MARIEL: ¿Cómo fue que el cuchillo no te lastimó?

Jonathan saca las piedritas de sus bolsillos.

JONATHAN: Ya son casi cuarenta.

MARIEL: Solo sobreviviste, porque hace tiempo que estás acá. Seguir leyendo “Botijas en cana. Acto II, escena 8. La despedida”

Huevito de Pascua

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Letras & Poesía

Ese soleado domingo de Semana Santa, Gonzalito se levantó muy temprano. Sentía curiosidad por ese día. Después de todo lo que había oído hablar del huevo y la gallina, de la cigüeña, de chocolates, de festejos, también algo de Jesús (¿el mismo Niñito Jesús de la Navidad?), lo desbordaban la ansiedad y la novelería. Había escuchado demasiadas cosas para tener apenas tres añitos.

No era Navidad, ni Reyes, pero igual. Ahí estaba, como esperándolo. En la mesita de vidrio, frente al sofá, un regalo como dejado al pasar por alguien que lo visitaba de madrugada. Un huevito de Pascua de chocolate reinaba solitario en la cristalina superficie, danzando entre destellos del sol que rebotaban en las paredes anaranjadas y en los muebles lustrosos.

Había oído hablar mucho del huevo y la gallina. Gonza lo tocó con un poco de miedo, no fuese a aparecer una gallina de repente. Nunca abría…

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Diario de mi casa (parte I)

Ya no quedan ni las cenizas de los recuerdos que no fueron. Un diario quemado en la hoguera del que se rescataron fragmentos. Cualquier parecido con la coincidencia es…

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Letras & Poesía

El cenicero está vacío en el medio de la mesa ratona. Papá dejó de fumar hace años. Mamá siempre se quejaba del olor a toscano. Ahora la alfombra está divina, bien tersa y con olorcito a lana. Da gusto tirarse y revolcarse. Uno de los gustos que me doy en casa.

Todavía no llegan papá y mamá. A veces se demoran, cuando hay tráfico para volver del Centro. O cuando tienen que pasar a hacer algún mandado por Dieciocho.

Hoy cumplo veinte. Tal vez fueron a comprar algún regalo, o alguna otra cosa.

No festejamos mucho. Yo nunca fui muy de las fiestas.

Pero ahora estoy empezando a pensar en otras cosas. Conseguirme un trabajo, a ver si hago experiencia y empiezo a tener mi plata.

La plata. Esa cosa por la que tanta gente discute. Que hace tanta falta para vivir y darse gustos. Pero que algunos amontonan sin…

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Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #05

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Semana anterior: la desesperante curiosidad de una adolescente que quiere conocer los sabores naturales.


Megan me miró fijo y se fue de la habitación pisoteando. Ella quería hechos, no metáforas. Ella quería saber y yo no estaba ayudando. Ella quería ir a casa y probarlos por sí misma.

***

El sedimento de la costa es suave y polvoriento, nada que ver con la arena dorada de la Bahía de Swansea. Cuando apoyo mi mano en el suelo, las puntas de mis guantes comienzan a quemarse contra el terreno húmedo que tocan. Todo en este planeta es veneno. Nunca debió ser un sitio para familias.

El día en que Megan me dijo que le dolía el estómago, no pensé mucho en eso. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #05”

Las rastas de peluca

Una contribución al proyecto #TextosSolidarios; reaparece el personaje de Crispín, el de La peluca de rastas, pero ahora más crecido:


dreadlocks_493px-living_statue_miami_beach_flSe miró en el espejo rajado. Se pintó un lagrimón en el cachete rosado. Se mesó con los dedos una rasta rubia. Tanteó en la mesa, qué raro: una gubia.

Crispín estaba a punto de debutar como actor en ese escenario popular. Le habían pedido, por favor, que no rechazara esa ocasión para ayudar. Iba a hacer de él mismo, como había sido antes. Pero ahora, recordando; tenía ayudantes. Los muchachos del barrio carenciado, ellos sí que estaban marginados.

¡Qué asco! Las rastas. Crispín se arrancó la peluca y la tiró al piso. Tiene piojos.

Un par de ojos lo miraron desde atrás de la cortina de arpillera. Un chico al que le habían pedido que leyera. Lo observaba de arriba abajo, entre divertido y resignado. Crispín se sintió extraño, como juzgado.

Ese galponcito con techo de chapa era un teatro improvisado. Y él, si vamos al caso, un actor impensado. Inimaginable el camino que había recorrido desde que era padre. Estimulado por la suave y remota voz de su finada madre.

—Vamos, hora de entrar a escena.

—Pero prolijo, bien plantado, elegante, aliñado.

—No, Crispín. Sé fiel al personaje que fuiste.

—¿Fiel? Si no era fiel a…

—No cambies de tema. El personaje del pasado por un rato estará resucitado. ¿O te olvidaste cómo te encontraron más de una vez…?

Crispín apretó los puños. Pero no quiso seguir insistiendo.

Levantó la peluca de rastas. Con piojos. Se la enfundó en la calva y salió a escena. Dispuesto a declamar monólogos de su imberbe andar desastrado. Con piojos para rascarse en serio. En el escenario de ese barrio carenciado. Cerca de ellos.

Llegarles a ellos. Sentirse como ellos.


Algunos me han preguntado por los antecedentes de Crispín. Hagan clic aquí para verlo.

Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #04

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Semana anterior: la hija se vuelve cada vez más curiosa, ansía una comida deliciosa.


Megan nunca había comido nada crudo, así que no entendía lo que significaba cocinar. Lo más cercano a los mariscos que había comido en su vida fue un salmón enlatado que comimos en Año Nuevo.

“Hay que cocinarlos al vapor para poder abrir las caparazones y llegar a la carne que tienen dentro”. Megan se veía decepcionada. Ella se regocijaba ante la idea de un festín vivo y coleando, comida lista para ser tomada. Nuestra dependencia con la colonia era tan constante que la idea de alimentarse por sus propios medios era una fuente inagotable de maravillas para ella.

Me gustaba consentirla. Seguir leyendo “Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #04”