Etiqueta: Escritura

Identidad y escritura (VI)

Boy making a funny face

En la entrega anterior se veían las diferencias entre el decir y el escribir. Entre la ley y la justicia. Entre el «yo» escrito y el hablado.

¿La voz de quién tiene permiso para hablar? Solo la tuya. En las novelas de Beckett, el lector está perdido y confuso, entreverado en un embrollo de palabras que parecen concebidas para ser inhóspitas y excluir, acompañando algo que dice su incuestionable «yo digo yo» mientras que prohíbe cualquier identificación… hasta que te das cuenta de que la extraña voz fastidiosa que a veces se menciona, la que le dice a la gente qué hacer, la que está constantemente intentando llegar a un final pero nunca es capaz de parar de hablar por sí misma, es la misma voz que ha estado en tu cabeza todo el tiempo mientras leés. Es chocante, pero hay un sentimiento de alegría al mismo tiempo. Lo que distingue a la escritura real de la declaración legal o de la lista de lavandería es su capacidad ocasional de provocar un tipo de alegría, incluso en evocaciones de tristeza, soledad, miseria, pérdida, represión y horror, el mero placer de algo enteramente ajeno e íntimo, de una voz que es de todos y de nadie y tuya, ahí con vos en tu soledad, de lengua en el infinito de su juego y sustituciones, un momento de la libertad que todavía está por llegar.


Ver aquí el original en inglés.

Gracias a todos por seguir esta serie de traducciones.

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Identidad y escritura (V)

Written justice

En entregas anteriores se viene reivindicando el derecho a escribir sobre lo que no se conoce, sobre lo que uno no es.

En su obra La farmacia de Platón, Derrida anota que «el sujeto hablante es el padre de su habla […] El logos es un hijo, pues, y que se destruiría sin la presencia, sin la asistencia presente de su padre. De su padre que responde. Por él y de él. Sin su padre no es ya, justamente, más que una escritura». No hay habla sin su anclaje en la persona que habla y su presencia física, pero en la escritura («signo sin aliento») siempre sucede que el autor simplemente no está ahí, incluso si tuviera una cuenta de Twitter activa. La escritura persiste sin su creador; lo que se te presenta es el texto, algo enteramente diferente. Si hablo y digo «yo», entonces ya sabés quién dijo la palabra; pero por el contrario, el «yo» escrito siempre es indeterminado, un enredo de mentiras y fantasías e ironías y pretensiones, es una persona como vos a medio mundo de distancia, la persona que sos vos, una cosa inmortal y cambiante. Si hablás y alguien interpreta lo que dijiste de una manera que no pretendías, lo que sucedió es un malentendido; pero si escribís y alguien interpreta lo que escribiste de una manera que no pretendías, lo que sucedió se llama literatura. La demanda de legitimar cualquier texto con la autoidentidad de su autor es la demanda de un texto que se comporte más bien como el habla. Y no cualquier habla. La escritura que responda a esa demanda es escritura «testimonial» o «confesional», y el lugar en el que tienen lugar los testimonios o confesiones es un tribunal. En la sala de un tribunal domina el logocentrismo; la preferencia la tiene una persona hablante, cuya verdad está garantizada por un juramento dicho, quien está presente para hablar y responder por sus propios dichos. Aquí el discurso no es de justicia, en el sentido estricto, sino de ley. Es la ley que, en primer término, exige saber quién es una persona antes de decidir qué hacer con ella. No se trata necesariamente de conceptos opuestos, pero no son lo mismo. La ley se puede deconstruir, la justicia no.


Ver el original aquí.

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Identidad y escritura (IV)

impossible man pushing up rock mountain

Veíamos en la entrega anterior la cantidad de personas consideradas «minoritarias» que se supone que escriban sobre sí mismas, o sea, que parecerían no tener derecho a escribir sobre «otros».

Pues bien: si debe de haber una regla, entonces que sea que no escribamos solo lo que conocemos. Si no escribimos sobre una ignorancia aparte de nosotros mismos, al final todo lo que queda es un yo mudo, rechinante, desamparado. No existe ninguna escritura que sea solo legible para gente que ocupe una determinada posición-sujeto y que haya sido creada por esa misma gente; sí existen experiencias que son únicas e inconmensurables, incluso incomunicables. Pero si este fuera el caso, entonces no habría posibilidad de escribir sobre ellas, porque cualquiera con entendimiento ya las sabría de antemano.


Ver el original aquí.

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Identidad y escritura (III)

women-writing-the-nation-cultural-history-of-bengali-muslim-women

En la entrega anterior se trataba sobre los escritores profesionales, sus oportunidades en el mercado editorial, sus diferencias con el público al que sirven. Existe, es cierto, una tendencia a borrar esas diferencias.

Pero en vez de esto, en aquellos discursos que buscan la justicia como finalidad existe una tendencia a la subdivisión demográfica y selectiva en el campo del entendimiento humano. Así, los escritores afro deberán escribir sobre celebridades, música y experiencias afro; las escritoras pueden y deben escribir sobre feminismo, estilos de vida, tendencias y experiencias femeninas; las trans deben escribir sobre sus propias experiencias; los hombres musulmanes sobre sus experiencias (y las mujeres musulmanas sobre las suyas propias); los discapacitados sobre sus experiencias. En una publicación abiertamente feminista interseccional, las mujeres tienen acceso a una «encuesta de identidad», un cuestionario horrendo en donde se les pide que detallen todas las experiencias terribles a las que hayan sobrevivido y, a continuación, se les indica que las escriban en forma de breves artículos compartibles e intercambiables por jornales de 90 dólares. Me violaron, viví una relación abusiva, me hice un aborto, sufrí; como una minería a cielo abierto de identidades vendibles, una especie de acumulación primitiva sobre el territorio del trauma. Mientras tanto, el sujeto universal, el único que no necesita sufrir para que lo escuchen, sigue siendo blanco y masculino. El derecho de las mujeres negras a escribir sobre Beyoncé es importante, sí; pero también se supone que sean capaces de escribir sobre ecología de los fondos oceánicos, sobre filosofía kantiana, sobre la escritura en sí misma y sobre lo que no se sabe. Mientras que hay tantas personas que lo hacen, la subrepresentación de escritoras de otras etnias, trans y otras personas marginadas que se dedican a escribir sobre oceanografía, idealismo alemán, deconstructivismo e ignorancia es mucho más pronunciada. Es abrumadora la cantidad de hombres blancos a los que se les brinda la oportunidad de ser «otros», de no tener que decir todo el tiempo «yo»; y esto es así, porque la validez de su identidad ya está asegurada desde el vamos, porque el mundo ya está escrito a su imagen. Y mientras que para toda persona es esencial la capacidad de poder declararse frente a un mundo que preferiría que no lo hiciera, el dogma de que escribir puede y debe ser solo una autodeclaración abandona a las personas marginadas en su condición. La crítica a esto es muy limitada: dentro de este discurso se hace evidente que son la presencia y la particularidad del «yo» que legitiman la escritura, que la hacen adecuada o inadecuada, que la convierten en presencia o en ausencia de otra cosa. Y esto no ayuda en nada.


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Identidad y escritura (II)

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En la entrega anterior se veía que escribir se siente como una violencia; escribir implica una carencia del mundo que rodea a las palabras.

Un ejemplo del discurso en cuestión: no escribas nada sobre Beyoncé si no sos una mujer afro. No vas a entender del tema, no de manera adecuada, va a ser un desperdicio. No es para vos. (Como si la cultura-objeto comoditizada fuese realmente para cualquiera). Lo realmente notable aquí es dónde se ubica la demanda. Lo que se necesita, y lo que generalmente se articula, es una crítica de la economía periodística y sus prácticas de contratación desiguales, el espinoso nexo de las prácticas sociales que crean una clase de escritores profesionales que, en general, se parecen a la clase social de la que proceden. Pero a menudo puede ocurrir una metafísica del texto: lo ilegítimo de la escritura no es la escritura en sí, sino una ausencia, la ausencia de todo lo demás que podría estar allí en su lugar. Cualquier persona que esté escribiendo implica que hay otra que no puede hacerlo; el pecado está en lo que se escribió, la culpa es del escritor en sí. Pero, mientras que muchos escritos son intolerablemente malos, la única nota a su favor es que la posibilidad de escribir es ilimitada. Es el complejo industrial de la escritura que está restringido, con cierta cantidad de personas que pueden vivir de esta raída actividad: aquí, como en otras partes, se trata de reproducir en la economía a gran escala la infinidad que ya existe en la economía del lenguaje, abolir la diferencia entre el escritor profesional y el público al que sirve, o bien negarla para asegurar que nadie más pase hambre.


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Identidad y escritura (I)

En sucesivas entregas iré vertiendo conceptos de un interesante artículo, escrito originalmente en inglés por Sam Kriss y publicado en su blog hace casi un año.

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Hay también otros, en número infinito, la generalidad innumerable de los otros, a los que debería ligarme la misma responsabilidad, una responsabilidad general y universal. Yo no puedo responder a la llamada, a la petición, a la obligación, ni siquiera al amor de otro, sin sacrificarle el otro otro, los otros otros… Como resultado, los conceptos de responsabilidad, de decisión o de deber son condenados a priori a la paradoja, al escándalo y la aporía.

Jacques Derrida, Dar la muerte. Barcelona, Paidós, 2000.
(traducción de Cristina Peretti y Paco Vidarte).

Escribir se siente como una violencia. Todos somos mortales, pero el texto puede sobrevivir por mucho tiempo más tras la muerte de su autor. ¿Quién sos vos, cosa carnosa y circunstancial que querés vivir para siempre? Escribir es como manchar papel limpio, como apretar palitos en arcilla lisa; de alguna manera, siempre es como deformar el mundo. Anotar algo es convertir la posibilidad ilimitada de lo que podría ser en la presencia muerta de lo que ya fue. Una línea de Molloy de Beckett a la que siempre vale la pena volver, porque dice lo que no es: «sería preferible, es decir, por lo menos igual de bueno, borrar los textos que emborronar los márgenes, cubrirlos hasta que todo sea blanco y liso y la estupidez revele su verdadero rostro, sin sentido, sin salida».  Escribir oscurece la estupidez de lo que es, que no tiene palabras; teje un liviano velo de presencia alrededor de la eterna nada. Escribir es una carencia, pero una carencia que no es de palabras, sino del mundo que las rodea.


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Escribir: un placer del escritor y un deber para el redactor

Escribir: un placer del escritor y un deber para el redactor

Un ensayo excelente de la pluma de un joven escritor rioplatense. Me encanta.

Blog de JEM

Mientras escribo este ensayo, mi mente retrocede varios peldaños en la memoria hasta reencontrarse con el recuerdo de mi niñez. Viajo a través de los años, como la escritura, que es un modo de trasladarse en el tiempo. Me acuerdo del otoño de 1998. Yo tenía ocho años, una edad complicada para entender el porqué de algunas situaciones, como la de despertarse una mañana y asimilar, sin anestesia, que una persona a la cual querés ya no está. Ese día, me encerré en mi cuarto, mientras que el resto de mi familia estaba en el comedor, y empecé a escribir sobre que lo había sentido al escuchar la triste noticia.

Escribir es traducir los gritos internos en frases silenciosas que hablan en un papel. La escritora Marguerite Duras dice que cuando una persona escribe, su escritura se parece a un aullido, pero sin ruido, es como un espejo en donde…

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Cómo escribir un primer capítulo

gif para blog.gifVienen las ganas de comenzar por fin. Porque todo tiene su principio. Gracias al escritor Peter Vergara, que le dio difusión en su blog literario a un artículo de Sinjania, aquí van algunos consejos para escribir un primer capítulo genial (pueden leer el original completo haciendo clic aquí):

  • Mostrar el estilo del autor
  • Estructura equilibrada
  • Conexión con los personajes
  • Despertar el interés del lector
  • Plantear la situación pero sin excesos de información
  • El inicio del capítulo no es necesariamente el principio cronológico de la historia
  • Evitar demasiado trasfondo, demasiada exposición o descripción, no incorporar flashback, no presentar a demasiados personajes.

Sin flotador y sin saber nadar.

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El Llamado

Últimos pasos.

IMG_3482Me encuentro en la recta final de la revisión de mi primer manuscrito. Para ser precisos, me quedan cuatro capítulos y después a tirarme al agua (pero sin flotador y sin saber nadar bien).

Una vez en el agua cuento con el rumbo hacia mi destino. Ya sé a qué editorial mandarlo, cuáles son los requisitos y cuál es el tiempo estimado de espera. Sé bien que todo va a depender de los benditos ojos que lean mis capítulos y he de aceptar que, al final, todo esto es cuestión de suerte. Puedo clamar al cielo y pedir que mi tesoro (aquí me identifico con el Gollum), caiga en buenas manos. En las de alguien que tenga una línea de pensamiento parecida a la mía, o en las de alguien que, simplemente, se encuentre en un punto de su vida en el que mis palabras adquieran un significado…

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¿Algo para la fiebre?

El Destrio

Fiebre creativa. Cuando una historia te obsesiona de tal manera que estás todo el día pensando en ella.

Escribes todo el tiempo. A veces incluso lo anotas. Ayer mismo estuve conduciendo durante horas, y cada cambio en el paisaje me sugería una escena. Grabé tantas notas de voz en el móvil que la pobre Siri se dió de baja por acoso y se bajó del coche en una gasolinera.

¿Es bueno esto? Pues no lo sé. Tan solo es, y creo que tengo que saber aprovecharlo. Puede que se me pase, que sea solo una gripe que curse durante unos días y desaparezca. Pero está dejando buen material, ideas para trabajar durante semanas…

Algunas ya escritas, otras en el tintero. Ahora hay que pasarlas por el tamiz, publicar al vuelo sería un error. Pero bendita sea esta fiebre que me ha colmado de ganas de escribir. De ahí el título:…

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Errores típicos al escribir un libro

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Por:    Carmen Guillén

Si el otro día pensaba en esos lectores que también son escritores, hoy lo vuelvo a hacer. Os traigo una serie de errores típicos al escribir un libro que quien más y quien menos ha cometido alguna vez. ¿Estáis de acuerdo con ellos? ¿Pondríais algunos más?

Vamos a enumerarlos:

  1. Los detalles y la excesiva adjetivación es lo que más abunda en muchos textos literarios. ¡Error! Para hacer una lectura agradable, sencilla y amena, debes poner los detalles precisos y no cargar el texto en exceso de ellos. Estos sólo consiguen aburrir al lector y que cada vez se sienta más perdido en tu lectura.
  2. No te pones en la piel del lector. Cuando escribimos, debemos hacerlo pensando además de que nos guste a nosotros mismos, que le guste a nuestros lectores. Por ello, antes de empezar, te recomendamos que selecciones el público al que quieres dirigir…

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Películas que reflexionan sobre el arte de escribir

Fuentegrís Escritor

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La metaliteratura es muy útil y conveniente. No sólo podemos aprender a partir de la propia experiencia, sino a partir de la experiencia de otros gracias a sus escritos (como sería el caso de este modesto bloguero). No menos interesante es acceder a obras cinematográficas que reflexionan de una u otra manera sobre el oficio del escritor. Yo, desde luego, recomiendo a todo escritor (amateur, profesional, famoso, desconocido, etc.) a que visione alguna o todas estas obras. De una u otra manera siempre recogen (más allá de la calidad de la cinta) enseñanzas válidas y además nos proporcionan disfrute por tratar un asunto con el que sin duda nos veremos identificados de alguna manera.

Me resulta curioso cómo, de entre las películas en torno a escritores o escritoras que me atraen, figuran varias cintas de terror. Tal vez se deba a que el escritor y su mundo imaginario que lo…

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¿Qué genero literario elijo?

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Ante todas las ramas creativas tenemos esa tremenda duda…

De la misma manera que un pintor se debatirá entre hacer posados o paisajes, desnudos o naturaleza, el escritor se pregunta cuál es el género que mejor se le dará.

Una vez más, sigue tu intuición.

¿Te gustaron toda la vida las historias de amor? ¿Lees cualquier temática relacionada con ese tema e incluso tienes preferencias históricas o documentadas sobre la forma de tratar el amor? Entonces, lo natural y lógico sería que siguieras ese camino. Cuidado porque a priori, puede parecer muy fácil escribir una historia de amor, pero si alguna vez lo intestaste ya te habrás dado cuenta que no basta con que chico y chica se conozcan, sino que hay que tener (como en todos los casos) una buena historia, y sobre todo, el motivo por el que no pueden estar juntos debe ser contundente, no…

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Wattpad: mis días en JdL

comunidadjdl.128.536130La vida va presentando ocasiones de probar cosas novedosas. Maneras de ponerse a prueba uno mismo. Un día me crucé con Wattpad. ¿Qué es esto? Intentaré suerte. Siempre se dice que no hay peor gestión que la que no se intenta. Pues bien, con ese pensamiento en mente, no me puedo quejar, porque sí hice mi experiencia en Wattpad. Y puedo sacar en limpio cosas importantes y útiles.

Un día de 2015 completé un perfil y comencé a subir material de mi autoría. También entré a algún foro semivacío (en donde tuve la fortuna de conocer a Israel Aguiar, posterior creador de Scripto.es y líder del proyecto Textos Solidarios). Poco después, me integré en una pequeña pero linda comunidad de escritores, Jardín de Letras (abreviatura JdL). Es a ellos a quienes recuerdo especialmente hoy, y les dedico unas líneas.

Organizado como club de lectura, en JdL se comentaban las obras publicadas. También tenía una página en Facebook. Cada tanto se organizaban concursos de relatos sobre un tema dado. Un día participé con una narración sobre un ómnibus de juguete (totalmente autobiográfica) y, para mi sorpresa, fui ungido ganador. Con tal motivo, me hicieron una entrevista, que todavía exhibo con orgullo. Pronto verán el relato y la entrevista publicados también aquí.

JdL tuvo una vida breve. Y no tuve más instancias gratificantes en Wattpad, por fuera de JdL me resultó un sitio inmenso en donde nadie me visitaba (nada que ver con la rica dinámica que se vive en WordPress). Tal vez no esté lo suficientemente desarrollado entre hispanohablantes, o acaso tenga más andamiento entre determinadas edades (mis nietos, je). Pero de todos modos, hice mis primeras armas publicando obras. Y fui juntando todas las ganas de convertirme en bloguero, que me encanta.

Nobleza obliga: vaya mi reconocimiento para la comunidad de Jardín de Letras, que me trajo tan gratos momentos. Sonia, Natsuki, Ma.José, Alejandro y tantos otros. Confieso que guardo un poco de nostalgia de aquellos días del año 2015. A todos los miembros de JdL les deseo lo mejor en sus vidas. Espero volver a vernos/leernos pronto en la vuelta.