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Historia de muchachos. Juan de Marsilio reseña a los amigos.

Hombre hecho de libros

El pasado viernes 29 realicé una presentación de mi libro Amigos orientales ante un nutrido auditorio de adolescentes de 15 a 17 años en el Colegio y Liceo Clara Jackson de Heber, debían de ser más de ciento cincuenta. Fue fabuloso poder interactuar con ellos, intercambiar impresiones, recibir preguntas inesperadas e inventarme para responderlas en el momento. Una instancia que mucho le agradezco a la institución y a sus autoridades.

En el plantel docente del colegio se destaca el profesor Juan de Marsilio (Montevideo, 1963), que también escribe y bloguea. Estuvo en la presentación y realizó un resumen muy lúcido; poco antes me enteré de que escribió un largo artículo en el que reseña mi obra.

Aquí se los muestro.


Historia de muchachos

Me resultaría del todo imposible escribir narrativa para adolescentes. Trabajo con ellos y para ellos cinco días a la semana. Tengo que tratar de entenderlos cada día más (a ellos, que cambian de semana en semana, en su desarrollo personal; a ellos, que camada a camada, de año en año, son cada vez más lejanos y distintos de aquellos primeros estudiantes míos, en el Liceo de Aiguá (al norte de Maldonado). Tengo que asumir que cada día los entiendo menos. Tengo el deber de moralizarlos de a ratos, aunque sin dejar de enseñarles Literatura priorizando lo estético, que al cabo se trata de un arte. Pero eso es mucho más fácil que escribir ficción para muchachos. Soy uno más del bando adulto que los incordia, más o menos por su bien y con menor o mayor torpeza. Para ellos soy un “profe” más. No soy uno que tenga que entretenerlos hoy. Ni conmoverlos en su presente de transición, que es cosa más difícil. Alcanza con que dentro de quince o veinte años algunos de ellos exhume alguna cosa que yo le haya dicho en el aula, sin siquiera acordarse de quién la dijo, y la use para vivir un poco más felices. Sí, enseñarles a los muchachos es más fácil que escribir para ellos.

Casi tan difícil me resulta reseñar narrativa para muchachos. Era yo “maduro para mi edad”, cuando tenía la edad de mis estudiantes. Lo que es decir: me moría de miedo ante el mundo –yo, gordito, yo, tristón, yo torpe, yo, que intuía la parte jodida de la existencia– y era más bien amargadito y pretencioso. Pocos libros leí sobre muchachos y para muchachos. Uno solo recuerdo, breve y entrañable, por su excelencia literaria y humana: un cuento largo de Morosoli, “Tres niños, dos hombres y un perro”, que leí en edición bellamente ilustrada. Reseñar narrativa juvenil me da miedo, porque temo que aflore mi cinismo, mis ganas de aprovechar cualquier defecto, cualquier facilismo doctrinal del texto para destriparlo, acaso por envidia. Sé que soy malo, Dios me perdone, pero no me gusta serlo y trato de no empeorar.

Así que algo debe tener de bueno esta novelita* de la que voy a ocuparme con brevedad. Lo primero a decir es que puede leerse de un tirón. Teniendo que presentarla en un colegio en el que enseño, el 29 de setiembre, me puse a leerla hoy, 5 de setiembre, con mucho tiempo para hacerlo, y en menos de cuatro horas la había liquidado.

En segundo lugar, señalo que usa el tema del fútbol con acierto y sin exagerar: los protagonistas, todos varones, juegan en el mismo cuadro, pero el fútbol es una excusa – para juntar a los personajes y para algunas metáforas que usa el autor– y no una trampa para ocultar la falta de qué decir o la inhabilidad para narrar.

Es una novela que aborda muy bien el tema de la diversidad y la convivencia: en el cuadrito hay gurises de todas las procedencias, incluido un sirio, Amir, el golero del cuadro, llegado a Uruguay con su padre y hermanos, huyendo de la guerra. En un país acomplejado por la falta de una identidad étnica monolítica y añeja, Descalzi se atreve a reivindicar como valor identitario de la uruguayez la capacidad de amalgamarnos entre diferentes. Se atreve a hacerlo cuando estamos perdiendo ese valor: muchos de los peruanos y bolivianos que viven en Ciudad Vieja reciben desprecio, muchos dominicanos y sobre todo dominicanas reciben nuestra desconfianza primero que ninguna otra cosa. ¿Ingenuidad del autor? ¿Nostalgioso planteo trasnochado? Prefiero leerlo cono lúcida defensa de un valor en el que el autor cree.

Al ser un libro sobre adolescentes, es un libro sobre el despertar a la sexualidad. Acierta el autor al plantear que, con distintas opciones morales, lo central es educar, y educar para que la sexualidad se vincule al afecto y al respeto por el otro. Sin receta única –en estos tiempos de recetas únicas contrapuestas y vociferantes sobre el tema– pero dejando clara la responsabilidad adulta, y argumentando de modo persuasivo para que los muchachos busquen apoyo adulto. Hay varios modos de abordaje, según los padres de los distintos personajes jóvenes, y esto puede ser interesante para el lector adulto, pues lo puede llevar a que repiense su postura en el tema. Está muy bien contada la historia de Gofi e Inés, los padres de Gonza, uno de los protagonistas adolescentes.

Es un libro que en nuestro Uruguay laico se atreve a plantear el problema de la religiosidad humana, de nuestra necesidad de trascendencia. Y lo hace de modo amplio, fraterno y respetuoso, sin imponer las posturas dogmáticas del autor. Y sin hacérnoslo fácil a los que practicamos y predicamos alguna fe en concreto. Como reza Moro, un gurisito que lleva sangre guaraní y las ha pasado mal: “Que los que hablan de Dios, hablen bien claro, que se les entienda”.

Tiene incluso el libro algunas pinceladas de humor certero. Recomiendo, en este sentido, atender a Malik, uno de los hermanos menores de Amir, un rostro de piedra, atrevido y enamoradizo, con un español apurado y entreverado desopilante.

No es que el libro no tenga defectos. Descalzi, a mi juicio, es un narrador que promete —no es un jovencito y la novela vale, pero el autor tiene aún aspectos por pulir en su oficio narrativo, por eso escribo lo de que promete, y qué bueno es que un escritor siga siendo de algún modo una promesa, alguien de quien lectores puedan todavía esperar algo nuevo— venía escribiendo que Descalzi es un narrador que promete, pero que en el apuro por cumplir, hace que en esta novela a los jugadores de su cuadro, al que ubica en la Aguada, les ocurra todo lo que les podría pasar a unos adolescentes, por lo que recurre un poquito demasiado a la casualidad. En segundo lugar, hay algunos intermedios líricos no del todo logrados. Pero el saldo me resulta más que positivo. Recomiendo.

*AMIGOS ORIENTALES, de Fabio Desclazi. Baluarte, Montevideo, 2017. 184 págs.

Fuente: elMontevideano – Laboratorio de Artes

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Libros a todo trapo

Libros a todo trapo

Hace poco se celebró el Día del Libro. Mis actividades no me permitieron elaborar un texto con tal motivo, pero sí cumplí con la red social Instagram, en donde subí una foto similar a la que se destaca en esta entrada. Que ahora también encabeza la página de mis obras publicadas. Que muestra una porción de mis libros.

Sin ánimo de ser exhaustivo, voy a mencionar algunos que me han deparado muy gratas horas de lectura:

  • El hombre que calculaba, por Malba Tahan (traducido al español por Basilio Losada). Infaltable lectura en la infancia, un mágico viaje por las tierras de Oriente de la mano de un matemático que invita a pensar mucho más que números.
  • Ellis Island, por Fred Mustard Stewart (traducido al español por Rosa Mª Bassols). Cinco inmigrantes europeos llegan a la tierra de promisión y luchan a brazo partido por cumplir sus sueños, en un camino lleno de sinsabores.
  • La rosa de Jericó, por Claudia Amengual. Una mujer de mediana edad con sus hijos en plena adolescencia encara su porvenir pidiendo ser más ella misma.
  • Hacedores, por Juan Antonio Ackermann. Biografías paralelas: Piria y Flagler, fundadores de Piriápolis y Miami. ¿Coincidencia?
  • Asesinato en el hotel de baños, por Juan Grompone. La ciudad creada por Francisco Piria sirve de escenario para un misterioso crimen que intentarán desentrañar dos intépidos jóvenes, varias décadas después.
  • El caso Bonapelch, por Hugo Burel. Una novela detectivesca basada en una escandalosa historia de la sociedad montevideana de antaño.
  • El Aleph, por Jorge Luis Borges. Un complejo universo fantástico lleno de lugares impensables que se recorre con gran disfrute.
  • A todo trapo. A propósito de Villanueva Saravia, por Antonio “Taco” Larreta. Investigación exhaustiva sobre la convulsionada vida y muerte de un joven político uruguayo de célebre apellido, a cargo del magistral dramaturgo y director teatral. Este último libro lo llevé en mi valija cuando partía para Alemania, a vivir y trabajar, a principios del milenio, como quien se lleva un trozo de terruño profundo.

El libro del futuro próximo

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Hace poco llegó hasta estas páginas un artículo sobre la supuesta rivalidad entre el libro impreso y el e-libro. Y eso es apenas el comienzo de la discusión. Porque solo estábamos comparando distintos soportes (más o menos lo mismo que discutir si se escriben las cartas con lápiz de grafo o con pluma de tinta: servir, sirven las dos, y son obra de la mano humana).

Con la proliferación del Big Data, la inteligencia artificial y la realidad virtual, nos enfrentamos a un futuro mucho más complejo. La producción misma de textos por la mano humana competirá (o al menos, así parece) con otras varias tendencias.

Lean el interesante artículo de Javier Celaya aquí.

Para ser escritor

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Comparto con los queridos lectores estas líneas de mi colega Jimmy García Ferrer.
Las comparto al cien por cien. Porque todos quienes blogueamos escribimos, aspiramos a ser leídos, pero… cuando comenzamos a leer, ¿alguna vez pensamos que nos íbamos a dedicar a escribir? ¿O en realidad estábamos entusiasmadísimos con esas fascinantes líneas que retenían al libro en nuestras manos? La respuesta es evidente. Admirábamos lo que leíamos. No nos poníamos a pensar cómo lo pudo escribir. Simplemente leíamos.

Letras & Poesía

Desde que comencé a escribir una pregunta me ha rondado la cabeza asiduamente, forzando mi materia gris y llenando folios enteros. Es imposible no preguntarse qué se necesita para ser escritor. Estoy seguro de que es una pregunta recurrente en aquellos escritores y lectores voraces que encuentran en las palabras el cobijo que siempre buscaron o la bravura que siempre tuvieron.

Simone de Beauvoir, en pleno siglo XX afirmaba que “escribir es un oficio que se aprende escribiendo”.  Y esto contraste con lo que el gran Borges defendía: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. A mi parecer, ambas son completamente válidas. Para ser escritor hay que amar la lectura y la escritura a partes iguales, hay que saber que se está leyendo para poder tomar referencias en una próxima sesión de escritura.  Algunos también hablan de que la…

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Libros en escena

El_Ateneo_bookshop_(8081428886)

Un escenario de película, o una librería digna de una ópera. Como quieran expresarlo.

El Ateneo Grand Splendid es una de las más fantásticas librerías de Buenos Aires y del mundo. Se aloja en las antiguas instalaciones de un espectacular teatro.


(actualización después de visitarlo)

El viernes 21 de abril tuve el gusto de visitar este lugar. Y por fortuna no lo hice solo. A las cinco de la tarde nos encontramos en el café de la librería con Dan, Nora, Annette y su esposo Sergio, un hermosísimo encuentro literario.

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