Etiqueta: Juvenil

Uno para dos y dos para uno

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—Fredo, ¿qué pensás hacer con todo esto?

—Está bravo, Gonza. No sé, macho, son muchas cosas todas juntas. Como que… qué se yo… Quiero saber ya mismo todo lo que preciso saber, para poder hacer todo lo que quiero hacer. Me muero de ganas… pero no quiero que me pase nada de todo eso horrible que me dijo el viejo, y quién sabe cuántas cosas más que te podrán pasar —la voz de Fredo no era de miedo, sino de decepción, aunque con un dejo de determinación.

—Vos hablá con los que saben. Seguí hablando con tu padre…

—Ya le volveré a hablar cuando se enfríe más esto. Anoche estaba muy caliente conmigo. Mal. Ah, atajate esto. Después que terminó de decirme de todo, me dejó solo, pensando. Me dijo que no tocara ni la tele, ni la play, ni el celular. Que tenía que pensar.

—Te bajó el acelere.

—Antes de cenar, fui a pedirle perdón, pero me frenó.

—¿Eh? Seguir leyendo “Uno para dos y dos para uno”

Rosa(rio) de lejos

rosario-de-vertebras-de-pescadoHablamos de cualquier cosa. Último beso de la noche. Ya tiene que irse. ¡Qué lástima!

—Hasta mañana, Lupita.

—Adiós, Tibu.

—Mañana te veo.

Ella apenas agita la mano con delicadeza.

***

Un lugar enorme, todo blanco, lleno de luces fuertes, estoy parado en el centro de todo, sobre un lugar elevado. El rosario que me regaló Lupita cuelga de mi cuello. Pero no tengo la tabla de surf. Acá va a pasar otra cosa. Seguir leyendo “Rosa(rio) de lejos”

Hierba humeante, rastas rechinantes

Dreadlocks backHace una semana una revista literaria publicaba mi relato La peluca de rastas (hacer clic aquí para leerlo). Varios ya lo leyeron y me hicieron sus comentarios, que mucho agradezco. Hubo elogios, identificaciones, sentimientos, también críticas. Como siempre sucede cuando algo se publica. En especial, cuando toca temas tan actuales como peliagudos. El pelo peinado en forma de rastas les causa repulsión a muchos; y, si además de eso, quien lo usa fuma marihuana, son varios los que ponen el grito en el cielo. Seguir leyendo “Hierba humeante, rastas rechinantes”

Revista literaria Luz de Candil, nº 3, con relato “La peluca de rastas”

La revista literaria Luz de Candil publica relatos y poemas de autores varios. Le agradezco esta valiosa iniciativa a Belén, responsable de su edición, y a la bloguera Belita, que ha contribuido a darle difusión. Y tengo el gusto de anunciar que en las páginas 37 a 45 está publicado un relato de mi autoría, La peluca de rastas. Que disfruten de la lectura.

Revista literaria digital gratuita

Ya está aquí el número 3 de la revista, realizado con dedicación y cariño. Quiero agradecerle a todos los escritores que han participado en ella su inestimable colaboración, y recordarles que siempre son bienvenidos al proyecto. A los nuevos visitantes, decirles que se animen a enviar sus historias hasta el 30 de septiembre.
Para acceder al archivo, solo tienen que ir al apartado “números publicados“, donde lo encontrarán tanto para ver en línea como para descargar.

(Nota: para descargar el archivo, hagan clic en la imagen del lateral izquierdo pdf1.jpg. Si necesitan un lector de PDF pueden descargarlo gratuitamente desde la web oficial).

Esperando sus sugerencias o notificaciones, me despido con un fuerte abrazo hasta la próxima entrada: ¡feliz lectura!

luzdecandil

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La peluca de rastas

Dreadlocks back

Isaura me acarició las rastas, mientras me dormía despacio sobre las sábanas verdosas. El humo de marihuana apenas brotaba de los restos del cenicero de madera. Se acarició la barriga de seis meses donde Roni disfrutaba de su confort amniótico. Se recostó boca arriba y poco a poco fue conciliando el sueño.

***

—Crispín, no te me quedes. Te tengo que hablar.
Abrí los ojos medio despistado. Hacía tiempo que no escuchaba esa voz.
—Crispín, mi hijo querido. Te estás quedando. Ya no te queda tiempo.
Era mamá. Se me apareció en una visión radiante. Su figura esbelta flotaba encima de la perfecta redondez de la barriga de Isaura. Mis rastas adornaban el conjunto.

***

Las rastas. Esa moda rara que a papá no le gustaba nada, ahora era un furor. Mucha gente quería lucirlas. Pocos tenían paciencia para hacérselas. Fue otro de mis caprichos. Papá no supo detenerme. Como tampoco pudo frenarme otras cosas.

***

A los quince traje a la casa una novia de rastas que fumaba marihuana. Papá fumaba en pipa mientras me veía envuelto en humo verde, yo parecía tan feliz con esa chica de ideas raras. Yo aprendía como podía lo que era el amor. Había tenido durante doce años el feliz ejemplo de mis padres. Yo también quería hacer mi vida, reinventarme, lo hacía como me salía. Papá no rehizo su vida, siguió muy solo. Nadie iba a poder ocupar el lugar de mamá, y no tenía forma de darme una nueva madre. Le remordía la conciencia por no haberme hablado nunca con claridad sobre la muerte. Yo no sufría con la palabra muerte, no me dolía; la desconocía. Y corría peligro de terminar desconociendo también la palabra vida.

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Tan sol(ter)o de vuelta

El Turco está sentado en el cordón de la vereda. Se le acerca el hermano.

–¿Qué te pasa, che?

–Otra vez…

–Juaa, te volvió a patear aquella.

El Turco lo mira de reojo, masticando rabia.

–Y que no vaya a decir que no la supe entender. Porque mirá que la pasó bien conmigo, ¿eh?

–Lo que pasa, es que…

–Se le dio por volver con ese tarado nariz para arriba. El novio que tenía antes.

–El mismo que ya te la había sacado el año pasado, ¿eh? Seguir leyendo “Tan sol(ter)o de vuelta”

Tinto y tristón

–Mi rincón. Monoambiente en buhardilla. Y con vista sobre edificios antiguos. Tiene onda, ¿eh?

–Bien para vos. No sé por qué, siempre te imaginé en un lugar así.

–Sentate, te voy a servir algo para brindar. Mirá.

Le acerco la botella.

–Lambrusco. Siempre quise probarlo.

–Tinto y dulzón. Buenísimo.

Descorcho la botella. Sirvo dos copas, chocamos y probamos. Yo apenas mojo los labios, disfruto del sabor a bayas. Mi primo la olfatea, pone cara de deleite, degusta un poco. Supo ser un buen catador de vinos. Aunque últimamente, no tanto como antes. Después de paladear y saborearse el acabado, vuelve a acercar la copa a los labios. Para mi sorpresa, en un envión se la baja toda. Me pide más. Seguir leyendo “Tinto y tristón”