Triste flauta

Triste flauta

Nada. Tristeza. Soledad. Silencio. Vacío.

Aquí falta alegría. Todo es grisura.

El país gris. Así se suele hablar de nosotros, los orientales.

Muchos años ha, un anciano me refería a la herencia de nuestras etnias ancestrales. Esas que vemos tan poco. Que se ahogaron en la marejada del torrente de inmigrantes europeos. Que contrastaban con la enérgica savia de los esclavos africanos, esos que nos legaron su alegre música. No, nuestras etnias originarias eran diferentes. Como Tabaré. Ese indígena mestizo delineado por la pluma de Juan Zorrilla de San Martín. Como también Moro, que se siente tan solo y abandonado.

Der letzte Mohikaner (El último mohicano), melancólica melodía de Leo Rojas, un músico ecuatoriano activo en Alemania, tan alejado de su propia tierra, me inspira toda la tristeza de Moro, ese indígena nacido en una isla del este del río Uruguay. Oriental.

El martes pasado tuviste música oriental. Hoy, te traje una melodía exótica que remite a otro oriental. ¿Qué tienen en común? Lo vemos pronto. Hasta el martes que viene.

Al ritmo del tamboril

Al ritmo del tamboril

Atmósfera de misterio. Llegada. No hay nadie.

En el instante 1.11 del video comienza un ritmo muy familiar para nosotros, los montevideanos: chas, chas-chás, chas-chas. ¿Tamboril de candombe? ¿Ritmo de fusión?

En eso, una voz masculina empieza a cantarle a su chica querida, la luz de sus ojos, la que vive en su imaginación… pero en árabe. La lengua del sirio Amir.

Nour el Ein, un tema de pop árabe de 1996 interpretado por el egipcio Amr Diab, me inspira por su ritmo, su alegría, su interculturalidad implícita. Oriental.

Aprovecho a explicar lo que se oye. Yo, montevideano, escucho música afrouruguaya. Un árabe como Amir, en cambio, escucha su música. Esa es la magia de las múltiples lecturas. Y de los múltiples mensajes contenidos en un mismo vehículo (en este caso, ritmo).

Hoy es mi cumpleaños. Me hago el regalo de generar expectativa.

¿Querés saber adónde me llevó esta canción?

Lo vas a saber pronto. Hasta el martes que viene.

El adolescente que no podía traducir lo que sentía

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Letras & Poesía

Originalmente publicado en inglés en nuestro sitio “Letters & Poetry”

Abriendo la puerta con cuidado entró Amir; volvía tarde de la práctica de fútbol. Sus hermanos menores ya dormían. Bueno, no todos; la cama de Malik estaba vacía. ¡Ese sabandija! ¡Otra vez saliendo de noche! Después de tantos rezongos no aprende a comportarse. Siente y hace lo que le parece. Y no está bueno. No para esta familia.

El problema es que Malik se hizo adolescente acá, en este país adonde llegaron hace un año. Siempre se junta con todos esos revoltosos maleducados. Y es obvio que les falta la madre que tanto adoraban. Pobre mamá, falleció cuando Amir, el mayor, apenas tenía trece. Y Malik, siempre la oveja negra, la necesita más que nadie. Es tan inmaduro…

Amir tampoco es tan maduro. Pero al menos es lo bastante consciente. Y eso le duele mucho. Porque él sí sabe cómo…

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Río sin rumbo

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No tengo rumbo.

        No tengo cara.

No tengo historia.

        Nada.

                Tristeza.

        Soledad.

Silencio.

        Vacío.

                Miedo.

        Inmensidad.

La bahía se mece de un lado,

        el río color león se embravece del otro.

La escollera tiene ese qué se yo,

        que divide aguas, separa… aleja…

aparta del inalcanzable horizonte

        donde Yasí, desesperada, busca a su amado.

Ecos de la sirena nadadora entre las islas

         del Río Uruguay, que el corazón añora…

Flotando aguas abajo, los camalotes bajan,

        se depositan en las arenas de la taza de plata.

Un niñito que llora y gime

        como charaboncito en la inmensidad desolada.

Ecos que resuenan en la Gruta del Palacio;

        susurro de las hojas del ombú solitario.

Soledad que se refleja en las ondas

        de algún río ancho como mar.

(Disponible también en Wattpad)

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Sumiso lamento

Rosario_madera_sobre_piedras

La puerta gastada del apartamento se cerró chirriando. No es como en lo de Andy, que siempre hay alegría. Aquí pesa un silencio plomizo.

Moro se desplaza por las piezas, parco, con pereza. En el lecho yace la madre. Hace ya varias semanas que casi no se levanta. Las gastadas manos de india recorren las cuentas del rosario. Los ásperos labios murmuran mensajes mesurados.

En el patio vuelan dos colibríes. Buscan el néctar de unas florcitas blancas que crecen entreveradas con las verdes hojas de la enamorada del muro. Moro mira por la ventana. Cómo le gustaría ser colibrí para libar néctar…

Pero no tiene suerte. Bastante con que lo pusieron de delantero en el cuadro de fútbol. Se tiene que contentar con eso. No estudia, no trabaja, no hace más nada que ir al club, donde lo becaron. También le hace los mandados a la madre, le da de comer, la ayuda a levantarse. Siempre lo hacía todo ella sola. Pero ahora está cada vez más desganada. Está muy mal, pero lo resiste.

Moro la acompaña al baño. Espera afuera. Vuelve a entrar. Le da el brazo para que regrese a la cama. Después, vuelve al baño, tira la cadena del water. ¡Qué ganas que tiene de tirar la cadena a tantas cosas! Pero los ojos de mujer pacienzuda de su madre le siguen insistiendo sin hablar. Hay que consolarse con lo que se tiene.


Texto presentado al proyecto #TextosSolidarios.

Publicado también en Letras & Poesía, ver aquí.

Voyage, voyage

La puerta gastada de ese apartamento se abrió de golpe. Andy cantaba a voz en cuello sus baladas rockeras. Cara de copado. Amir se sorprendió al verlo aparecerse así. Andy, como siempre, con su sonrisa contagiosa, extendió la mano para adentro.

–Pasá, bo. Sentate donde quieras.

Amir entró, se sentía medio raro. Los ojos muy observadores recorrían todo, como queriendo tocar algo. El lugar era chiquito, los muros hacía años que no se pintaban, pocos muebles, casi nada de adornos. Andy desapareció por la puerta del dormitorio; en las paredes, parecía que un mar de grafitis diminutos hormigueaba como queriendo seguirlo.

–¿Te gustó la música que te puse ayer? Tengo otra parecida, tenés que oírla, bo.

Entre medio de los grafitis sobrevivían una foto, dos pósters y la cubierta de un disco. Cómo falta un padre acá, pensaba Amir. Pero el pobre Andy no tenía la culpa. Volvió a aparecer, siempre cantando, a buscar una toalla tirada en la mesa.

–Sentate, no te quedes parado ahí. Mirá que voy a tardar. Tomá, bo, escuchate algo, apretá acá –y le dio los auriculares.

Amir no atinó a oír esa música bochinchuda. Tenía la mirada clavada en una de las caras de la pared. Andy le captó en el aire su curiosidad.

–Ah, le copaba a mi vieja. Voyage, voyage. Quiere decir viaje, es en francés. Yo, ni idea, bo. Siempre soñaba con viajar. La cantaba a cada rato. Pero no está tan buena como las que ponía mi viejo. ¡Esas sí que son potentes, bo!

Es tal cual, le falta el padre. Y la madre. De ella, solo queda esa cubierta que ni siquiera la muestra. Es una cantante rubia, mirando de costado, con el pelo bien corto. No usa velo.

(Disponible también en Wattpad)

Emoción en mis manos: #TextosSolidarios

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Los amigos de la foto te sonríen muy contentos. Te hacen gestos y señales amistosas con sus manos. Yo, con las mías, uso el teclado para decirte que estoy muy emocionado.

Porque tengo en mi computadora la maquetación del libro El mundo en tus manos. Desde luego que todavía queda mucho trabajo por delante, pero esto ya tiene forma tangible, una distribución por capítulos, una búsqueda de la estética de los llenos y vacíos, todo eso que compone una publicación de unas doscientas páginas. Con textos largos y cortitos. Con poemas y relatos. Con comentarios y acotaciones, infaltables en todo libro que tenga personalidad. Que esté pensado para un público. Para vos.

Gracias a la labor de Isra y el equipo de redacción. También, gracias a vos.


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Me dedico a la traducción y no sé dónde buscar trabajo

Me dedico a la traducción y no sé dónde buscar trabajo

Olga nos da algunos enlaces útiles para saber por dónde intentar y conseguir lo del título. Yo también tengo mi larga experiencia al respecto. Por algún lado siempre se empieza. Si sos traductor, dale, animate, no te quedes cruzado de brazos.

20.000 lenguas

No sabéis cuántas veces habré recibido e-mails, mensajes a través de Twitter y Facebook preguntándome cómo buscar trabajo siendo traductores y si nuestra profesión tiene salida laboral. Casi todas estas preguntas llegan por parte de jóvenes traductores que justo empiezan a adentrarse en nuestra profesión y buscan respuestas a las mil y una preguntas que tienen. También, hay quienes no tienen tanta paciencia, destreza o llamadlo como más os guste a la hora de buscar en la red. Por este motivo, queremos compartir con vosotros algunas pistas, ofertas de trabajo y demás información útil para todos aquellos interesados en ganarse la vida dignamente en nuestra propia profesión sin tener que llegar a fin de mes con puestos de otras características. Pues bien: sí hay demanda y es cada vez mayor. Y además, seguimos compartiendo buenas noticias porque vamos a ayudaros a buscar trabajo, ¡toma ya! ¡Así que, tomad…

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A los colaboradores de #TextosSolidarios

Padre_Paloma_AfricaPaloma Velilla es una colaboradora del equipo de redacción del proyecto Textos Solidarios. Su padre trajo un comentario muy conmovedor sobre su propia experiencia, esa misma que Paloma volcó en forma de relato para incluir en el libro El mundo en tus manos, que pronto vas a tener en tu cabecera.

Me permito copiar acá su foto, que va con el relato, y sobre todo copiar sus palabras, porque creo que vos también merecés leerlas. No quise cambiar el texto, donde dice “tú” quiere decir “vos”, donde dice “a tí” quiere decir “a vos”, y el fuerte abrazo, viniendo de esas manos, es capaz de abarcarte también a vos y a más de cien personas. Esta página es apenas un vehículo para que las palabras de Luis trasladen su agradecimiento a todos y cada uno de los que colaboramos en Textos Solidarios. Y no voy a comentar más de estas palabras; tenés que leerlas.

Así dice el doctor Luis Velilla:

Paloma me ha mandado tu comentario y sólo quería darte las gracias por tu proyecto.

Gracias porque en buena medida estas iniciativas dan voz a todas aquellas personas a las que no pudimos ayudar, a las personas que murieron cerca de nosotros con sus ilusiones y esperanzas detenidas para siempre. Ver tanto horror paradójicamente nos pone en camino hacia esa región dentro de nosotros mismos donde en algunos momentos privilegiados hemos conocido la paz y el amor a pesar de todo.

Hay algo mucho peor que haber muerto en Ruanda y es haber matado en Ruanda o haber sido indiferente y seguir viviendo con eso.

Una mañana después de haber operado a un pequeño de dos años y a su madre que habían sido degollados salí del hospital a respirar. Vi un cielo azul sereno y hermoso. El viento era suave y todo estaba lleno de flores y de belleza. Las lágrimas comenzaron a brotar. Tanta paz me parecía un escándalo. La belleza de las flores y los cantos de los pájaros, se convirtieron esa mañana en una aberración que no encajaba ahí de ninguna manera. Era como si el universo no se sintiese dolido, era una inmensa indiferencia universal y eso me hacía mucho daño.

Esa impresión me duró muchos años. Me propuse no olvidar nunca por mucho que doliera. En realidad nunca he querido olvidar nada.

Un día muy lejos de allí mientras paseaba entre flores sin sangre, comprendí algo importante. El universo habría sido indiferente al terror de aquellos días si nadie hubiese estado allí para echar un mano. La prueba de que nada es indiferente es que hay gente que va, que se arriesga, que no pasa de largo, locos tal vez cuyo único mérito es no poder soportar ese dolor sin hacer nada.

Así que en nombre de la gente que va a todas las Ruandas del mundo y de sus familias, en nombre de todas las “Palomas” que sueñan con volver a abrazar a sus padres, en nombre de los que murieron en nuestros brazos, de los que no pudimos salvar y de los que sobrevivieron, en nombre de la humanidad que sufre aún, te doy muchísimas gracias por contribuir a que nunca se olvide. No olvidar es algo que les debemos a todos los que murieron durante aquellos días de brisa suave y flores.

Una vez más, gracias a vos por leer. Gracias a todos los que colaboran con nosotros.


Fuente: página de Textos Solidarios en Scripto.es.

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Haciendo el humor (y no la guerra).

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El Destrio

Últimamente me apetece hacer humor. Al menos lo intento. En este camino que me he marcado de aprender a escribir, una etapa muy importante es aprender a trabajar la alegría, añadir una gota de diversión a la vida.

Y no es nada fácil, aunque lo parezca. Al contrario, es un género bastante complicado, porque yo creo que es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar. Hombre, siempre se puede provocar la risa con un par de chistes viejos o con una ocurrencia, pero tratar de enhebrar historias de cierto calado donde se busca divertir, donde se procuran muchas sonrisas en vez de unas pocas carcajadas, es algo bastante más complicado.

Primero, porque la diversión se basa en sorprender continuamente al lector, introducir ocurrencias, giros y expresiones que le resulten divertidas, por lo extraño o por lo ocurrente, pero sosteniendo a la vez un hilo argumental. Y por mucho que…

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Traducciones ¿fieles?

Traducciones ¿fieles?

Despeinada por los libros

La labor de traducción de una obra debe ser ardua y difícil. Intentando reunir por mi propia cuenta las cualidades que adornarían a este importante eslabón de la edición literaria, que es el traductor, concluyo en que debería ser lector meticuloso, tener conocimiento profundo de las lenguas que maneja (la suya la primera), poseer una curiosidad insaciable para documentarse sobre el período histórico en el que se ambiente la obra (expresiones, costumbres, ideologías…) y, para rematar, honestidad. (Casi nada, ¿eh?)

Soy de las que piensa que aunque el traductor haya hecho un trabajo sublime, se pierde la esencia del autor aunque sea en una mínima parte. Eso cuando el resultado es, reitero, sublime, que no siempre es el caso.

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Comparto tres ejemplos en obras cumbres donde se ha jugado con la traducción por motivos diferentes.

  • La Biblia

Empezamos con el libro más leído y más traducido de la historia. Se trata de la…

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Colas de zorro

SALTO AL REVERSO

Cola de zorro

Sutiles colores
que pintan la noche
del gran bulevar
de las penas perdidas.

Humildes las flores,
sin tanto reproche
observan pasar
esas piernas curtidas.

Muy mal van de amores,
se suben al coche,
etéreo pesar
de palmeras dormidas.


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Ejemplar de cola de zorro (Pennisetum sp.) que crece como yuyo en el jardín de una casa abandonada sobre Bulevar Artigas, una arteria montevideana donde tradicionalmente paraban las mujeres del triste oficio, cada una junto a su palmera.

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