Amigos orientales. A un año del blog.

Amigos orientales. A un año del blog.

Hoy hace ya un año que comencé a escribir en este blog. Te doy las gracias a vos por seguirme siempre. Por alentarme a seguir. Me acompañaste a lo largo de este apasionante año. Sumaste a mi experiencia, a mis expectativas, a mi sentir. Como decís por acá: gracias por hacerme el aguante. O, como se dice por todas partes: te agradezco por tu compañía, hermano.

Este blog, con el que tanto me acompañaste, es apenas la parte visible de lo que me pasó todo este tiempo. Una vidriera de ideas, inquietudes, aspiraciones y gustos culturales. Mientras tanto, yo seguí ocupado tras bambalinas en un trabajo que ya había comenzado hace casi tres años. El resultado de todo este tiempo de labor es mi primer libro, Amigos orientales. Acá te muestro la portada:

portada final

Se divide en cuatro capítulos, uno para cada protagonista. Ambientado en un tradicional barrio de Montevideo, Amigos orientales te cuenta las andanzas de los cuatro pibes que ves en la imagen: Moro, Fredo, Gonza, Amir. Los acompañan en todas sus amigos y compañeros de cuadro: Andy, Jagu, Tris, Tóbal, Paco, Pedri y el Paisa. Sí, los ONCE orientales (la mayoría, uruguayos) que juegan al fútbol. Pero el fútbol es apenas un pretexto para que se junten. No es (solo) una novela sobre fútbol, es sobre la vida misma.

Forma parte de ONCE relatos del juego de la vida, un proyecto más ambicioso que me ocupa desde aquel lejano octubre de 2014, con mucha ilusión. Está imaginado y escrito por un adulto con adolescentes en su familia. Un adulto que también supo ser adolescente. Ahora sale a la calle y a la cancha este equipo de personajes, listo para darse a conocer. Con todas las cosas que les pasan, se les ocurren, inventan, cómo se la juegan por lo(s) que quieren…

Ya sé que los adultos van a disfrutar de muchas de sus páginas. Porque es seguro que vos, que ya peinás canas, también te vas a acordar de aquella vez que…

No te lo pierdas. Muy pronto en librerías.


Amigos orientales, por Fabio Descalzi. Baluarte, 2017, 184 páginas. ISBN 978-9974-91-583-1.

Si querés descargarlo de Amazon, este es el enlace:

Y si querés escuchar la música, acá está toda: ONCE con música.

Remolinos de porcelana

Remolinos de porcelana

Una pareja se fascina en sus primeras semanas.
Ella es agradable y delicada como una porcelana.
Él parece que lucha contra los molinos de viento.
Flor de remolino se les arma en cualquier momento.

Les petits moulins à vent (Los pequeños molinos de viento), exquisita melodía barroca compuesta por el francés François Couperin en 1722, describe la cómica situación de Gonza, un adolescente muy tranquilo y ubicado que, de repente, tiene que rendirle cuentas a su nuevo cuñado. ¿Cómo? Con paciencia para no estropear algo que es muy delicado. Y también, con muchas ganas. Poniendo garra charrúa. Oriental.

Tambores árabes, flautas tristes, golpeteo electrónico, ahora un clavecín barroco…

Te di a entender que Gonza es centrado. Pone orden. Lo que falta acá…

Está bien, te prometo que para la próxima no te sigo recargando de expectativa.

Te la voy a decir de una. El próximo martes, sin falta.

Riesgos en la noche del Este

Riesgos en la noche del Este

Un pibe atrevido se cuela en todos los bailes de La Barra apenas con trece años. Creció muy de golpe, pasa por grande, se hace el grande, tiene amigos grandes, le gustan las cosas de grandes. Ese verano le queda demasiado grande. No está preparado para derrochar energías de esa manera. Demasiada noche. Un peligro.

Animals, un tema electrónico de 2013 creado por el precoz DJ adolescente holandés Martin Garrix, crea la atmósfera en la que muchos jóvenes sueltan sus instintos. Como le gusta a Fredo, ese arrojado adolescente hijo de una argentina pero nacido en la otra orilla. Oriental.

Fredo baila, seduce, conquista, tiene lo suyo. Pero… ¿dónde quedó la tristeza del indígena Moro? ¿Y la exótica música del sirio Amir? ¿Tienen algo en común?

Crece tu expectativa. Sigue variando la música.

Va faltando menos. Se va acercando Amigos orientales.

Emoción en mis manos: #TextosSolidarios

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Los amigos de la foto te sonríen muy contentos. Te hacen gestos y señales amistosas con sus manos. Yo, con las mías, uso el teclado para decirte que estoy muy emocionado.

Porque tengo en mi computadora la maquetación del libro El mundo en tus manos. Desde luego que todavía queda mucho trabajo por delante, pero esto ya tiene forma tangible, una distribución por capítulos, una búsqueda de la estética de los llenos y vacíos, todo eso que compone una publicación de unas doscientas páginas. Con textos largos y cortitos. Con poemas y relatos. Con comentarios y acotaciones, infaltables en todo libro que tenga personalidad. Que esté pensado para un público. Para vos.

Gracias a la labor de Isra y el equipo de redacción. También, gracias a vos.


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Triste flauta

Triste flauta

Nada. Tristeza. Soledad. Silencio. Vacío.

Aquí falta alegría. Todo es grisura.

El país gris. Así se suele hablar de nosotros, los orientales.

Muchos años ha, un anciano me refería a la herencia de nuestras etnias ancestrales. Esas que vemos tan poco. Que se ahogaron en la marejada del torrente de inmigrantes europeos. Que contrastaban con la enérgica savia de los esclavos africanos, esos que nos legaron su alegre música. No, nuestras etnias originarias eran diferentes. Como Tabaré. Ese indígena mestizo delineado por la pluma de Juan Zorrilla de San Martín. Como también Moro, que se siente tan solo y abandonado.

Der letzte Mohikaner (El último mohicano), melancólica melodía de Leo Rojas, un músico ecuatoriano activo en Alemania, tan alejado de su propia tierra, me inspira toda la tristeza de Moro, ese indígena nacido en una isla del este del río Uruguay. Oriental.

El martes pasado tuviste música oriental. Hoy, te traje una melodía exótica que remite a otro oriental. ¿Qué tienen en común? Lo vemos pronto. No te pierdas Amigos orientales.

Al ritmo del tamboril

Al ritmo del tamboril

Atmósfera de misterio. Llegada. No hay nadie.

En el instante 1.11 del video comienza un ritmo muy familiar para nosotros, los montevideanos: chas, chas-chás, chas-chas. ¿Tamboril de candombe? ¿Ritmo de fusión?

En eso, una voz masculina empieza a cantarle a su chica querida, la luz de sus ojos, la que vive en su imaginación… pero en árabe. La lengua del sirio Amir.

Nour el Ein, un tema de pop árabe de 1996 interpretado por el egipcio Amr Diab, me inspira por su ritmo, su alegría, su interculturalidad implícita. Oriental.

Aprovecho a explicar lo que se oye. Yo, montevideano, escucho música afrouruguaya. Un árabe como Amir, en cambio, escucha su música. Esa es la magia de las múltiples lecturas. Y de los múltiples mensajes contenidos en un mismo vehículo (en este caso, ritmo).

Hoy es mi cumpleaños. Me hago el regalo de generar expectativa.

¿Querés saber adónde me llevó esta canción?

Lo vas a saber pronto. Ya llega Amigos orientales.

El adolescente que no podía traducir lo que sentía

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Letras & Poesía

Originalmente publicado en inglés en nuestro sitio “Letters & Poetry”

Abriendo la puerta con cuidado entró Amir; volvía tarde de la práctica de fútbol. Sus hermanos menores ya dormían. Bueno, no todos; la cama de Malik estaba vacía. ¡Ese sabandija! ¡Otra vez saliendo de noche! Después de tantos rezongos no aprende a comportarse. Siente y hace lo que le parece. Y no está bueno. No para esta familia.

El problema es que Malik se hizo adolescente acá, en este país adonde llegaron hace un año. Siempre se junta con todos esos revoltosos maleducados. Y es obvio que les falta la madre que tanto adoraban. Pobre mamá, falleció cuando Amir, el mayor, apenas tenía trece. Y Malik, siempre la oveja negra, la necesita más que nadie. Es tan inmaduro…

Amir tampoco es tan maduro. Pero al menos es lo bastante consciente. Y eso le duele mucho. Porque él sí sabe cómo…

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Uno para dos y dos para uno

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—Fredo, ¿qué pensás hacer con todo esto?

—Está bravo, Gonza. No sé, macho, son muchas cosas todas juntas. Como que… qué se yo… Quiero saber ya mismo todo lo que preciso saber, para poder hacer todo lo que quiero hacer. Me muero de ganas… pero no quiero que me pase nada de todo eso horrible que me dijo el viejo, y quién sabe cuántas cosas más que te podrán pasar —la voz de Fredo no era de miedo, sino de decepción, aunque con un dejo de determinación.

—Vos hablá con los que saben. Seguí hablando con tu padre…

—Ya le volveré a hablar cuando se enfríe más esto. Anoche estaba muy caliente conmigo. Mal. Ah, atajate esto. Después que terminó de decirme de todo, me dejó solo, pensando. Me dijo que no tocara ni la tele, ni la play, ni el celular. Que tenía que pensar.

—Te bajó el acelere.

—Antes de cenar, fui a pedirle perdón, pero me frenó.

—¿Eh? Seguir leyendo “Uno para dos y dos para uno”

Sufrido pesar

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Detalle de El Descendimiento de la Cruz, de Rogier van der Weyden (1435).

Una necrológica municipal. Un lugar vacío adonde no va nadie. Pero los amigos sí que fueron.

Moro les pidió para estar primero él solo.

—Déjenlo tranquilo. —Tris sabía que Moro no quería que vieran sus lágrimas.

Entró a ese lugar, donde el cajón descubierto lo hizo estallar en llanto. Moro pegó con los puños en la pared mientras seguía gritando y llorando. Todos se pusieron muy nerviosos con ese olor a plástico quemado y pétalos mustios. No era normal.

—¡Así no! ¡Este pibe se terminó de enloquecer! —dijo Pedri, ofuscado.

—Esto no me gusta. Voy a entrar ya mismo —dijo Tris, más enojado.

Gonza apartó con sus brazos grandotes a los demás. No se podían apurar a entrar. Tris lo conocía más, sabía lo que hacía. Cuando entró, vio a Moro tirado en un rincón, tapándose la cara con las manos. Frente al cajón había una gran corona de claveles rojos; en donde habría estado la cinta con el nombre, las flores estaban chamuscadas.


De a poco fueron entrando los demás.

Cuando hay duelo, uno tiene que hacer lo que siente.

El Paisa, con toda sencillez, se acercó al cajón, se santiguó, estuvo unos instantes con la cabeza gacha, los ojos semicerrados. Hizo una reverencia cortita, volvió a santiguarse y se apartó.

Casi todos se fueron persignando, algunos sin ganas. Les preocupaba más el dolor de Moro.

Pili les dio la mano a Andy y a Jagu. Con candor pronunciaron la plegaria a Dios y a la Virgen del Pilar, por el descanso de esa alma. Después, hicieron silencio.


Nadie se inmutó con lo que había en el cajón, justo al lado del rostro de la difunta.

Un clavel del aire.

Moro sí se imaginaba quién lo podría haber traído. Alguien que no tenía ni para comprar una margarita.

¿Gabi?

¡Cobarde! Entró, miró y voló. Antes que todos. ¿Cómo supo?

No.

Mejor dejar las cosas así. No preguntes nada. No cuentes nada.

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Río sin rumbo

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No tengo rumbo.

        No tengo cara.

No tengo historia.

        Nada.

                Tristeza.

        Soledad.

Silencio.

        Vacío.

                Miedo.

        Inmensidad.

La bahía se mece de un lado,

        el río color león se embravece del otro.

La escollera tiene ese qué se yo,

        que divide aguas, separa… aleja…

aparta del inalcanzable horizonte

        donde Yasí, desesperada, busca a su amado.

Ecos de la sirena nadadora entre las islas

         del Río Uruguay, que el corazón añora…

Flotando aguas abajo, los camalotes bajan,

        se depositan en las arenas de la taza de plata.

Un niñito que llora y gime

        como charaboncito en la inmensidad desolada.

Ecos que resuenan en la Gruta del Palacio;

        susurro de las hojas del ombú solitario.

Soledad que se refleja en las ondas

        de algún río ancho como mar.

(Disponible también en Wattpad)

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Sumiso lamento

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La puerta gastada del apartamento se cerró chirriando. No es como en lo de Andy, que siempre hay alegría. Aquí pesa un silencio plomizo.

Moro se desplaza por las piezas, parco, con pereza. En el lecho yace la madre. Hace ya varias semanas que casi no se levanta. Las gastadas manos de india recorren las cuentas del rosario. Los ásperos labios murmuran mensajes mesurados.

En el patio vuelan dos colibríes. Buscan el néctar de unas florcitas blancas que crecen entreveradas con las verdes hojas de la enamorada del muro. Moro mira por la ventana. Cómo le gustaría ser colibrí para libar néctar…

Pero no tiene suerte. Bastante con que lo pusieron de delantero en el cuadro de fútbol. Se tiene que contentar con eso. No estudia, no trabaja, no hace más nada que ir al club, donde lo becaron. También le hace los mandados a la madre, le da de comer, la ayuda a levantarse. Siempre lo hacía todo ella sola. Pero ahora está cada vez más desganada. Está muy mal, pero lo resiste.

Moro la acompaña al baño. Espera afuera. Vuelve a entrar. Le da el brazo para que regrese a la cama. Después, vuelve al baño, tira la cadena del water. ¡Qué ganas que tiene de tirar la cadena a tantas cosas! Pero los ojos de mujer pacienzuda de su madre le siguen insistiendo sin hablar. Hay que consolarse con lo que se tiene.


Texto presentado al proyecto #TextosSolidarios.

Publicado también en Letras & Poesía, ver aquí.

Voyage, voyage

La puerta gastada de ese apartamento se abrió de golpe. Andy cantaba a voz en cuello sus baladas rockeras. Cara de copado. Amir se sorprendió al verlo aparecerse así. Andy, como siempre, con su sonrisa contagiosa, extendió la mano para adentro.

–Pasá, bo. Sentate donde quieras.

Amir entró, se sentía medio raro. Los ojos muy observadores recorrían todo, como queriendo tocar algo. El lugar era chiquito, los muros hacía años que no se pintaban, pocos muebles, casi nada de adornos. Andy desapareció por la puerta del dormitorio; en las paredes, parecía que un mar de grafitis diminutos hormigueaba como queriendo seguirlo.

–¿Te gustó la música que te puse ayer? Tengo otra parecida, tenés que oírla, bo.

Entre medio de los grafitis sobrevivían una foto, dos pósters y la cubierta de un disco. Cómo falta un padre acá, pensaba Amir. Pero el pobre Andy no tenía la culpa. Volvió a aparecer, siempre cantando, a buscar una toalla tirada en la mesa.

–Sentate, no te quedes parado ahí. Mirá que voy a tardar. Tomá, bo, escuchate algo, apretá acá –y le dio los auriculares.

Amir no atinó a oír esa música bochinchuda. Tenía la mirada clavada en una de las caras de la pared. Andy le captó en el aire su curiosidad.

–Ah, le copaba a mi vieja. Voyage, voyage. Quiere decir viaje, es en francés. Yo, ni idea, bo. Siempre soñaba con viajar. La cantaba a cada rato. Pero no está tan buena como las que ponía mi viejo. ¡Esas sí que son potentes, bo!

Es tal cual, le falta el padre. Y la madre. De ella, solo queda esa cubierta que ni siquiera la muestra. Es una cantante rubia, mirando de costado, con el pelo bien corto. No usa velo.

(Disponible también en Wattpad)

Amigos orientales: el equipo (cont.)

Humberto+Nico

Porque el equipo de trabajo detrás de una obra es muy grande, te sigo trayendo sus integrantes a estas páginas. Días atrás me faltaban algunos, hoy aparecen dos más. Humberto (izq.) fue el encargado de subir el libro a Amazon en versión para Kindle. Nico (der.) domina las áreas de presupuestación y producción de impresos. Eso quiere decir que en esta foto aparecen los que tuvieron el libro en sus manos antes que vos (y que yo).

¡Gracias también a ellos y a todo el equipo de Mastergraf!

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Ayudame a difundirlo. Ayudá a Yemen.

Desde Médicos sin Fronteras se pusieron en contacto con Textos Solidarios, de la misma forma que están contactando con otras personas e instituciones que colaboran con ellos con una iniciativa solidaria, para pedirnos que los ayudemos a difundir su petición de ayuda para la crisis que esta causando una epidemia de Cólera en Yemen. Acá podés ver un video de MsF sobre el tema.

Vos, con todo el conjunto de personas y voluntades que forman parte de nuestro proyecto, podés ser de utilidad además de lo que tenga que ver con nuestro libro “El mundo en tus manos”. A través del grupo que formamos, unidos por nuestro interés en ayudar a los demás, podemos conseguir que esta petición de ayuda llegue a mucha gente: a todos los que siguen nuestros blogs y redes, y a los que nos rodean y también sienten este espíritu solidario que compartimos.

Desde Textos Solidarios nunca te voy a mandar mensajes, correos, ni molestarte, pero sí puedo usar nuestros medios para difundir esta petición de forma que, a través de nosotros, pueda llegar a mucha gente que esté dispuesta a colaborar. Los medios y formas de colaboración los podés encontrar en la propia página de Medicos sin Fronteras; yo no intervengo de forma alguna, solo estoy tratando de ayudar a darle repercusión a esta petición que llega en momentos críticos para muchísimas personas.

Te pido y agradezco que uses los medios a tu alcance (blogs, redes, youtube, etc.) para difundir esta alerta médica. Podés rebloguear este mismo mensaje, o un enlace al mismo, o escribir uno por tu cuenta y enlazar la fuente original de la información en Médicos sin Fronteras… lo importante es que siempre incluyas claramente un enlace a MsF para que quien lea tu mensaje pueda acudir directamente a su página y comprobar la veracidad de la información.

Como siempre te doy las gracias a vos por tu colaboración. Y ya que estamos, te digo que nuestro libro va lento pero por buen camino. Pero hoy, a esta hora, lo que importa es ayudar a difundir este mensaje. Podés hacer mucho más de lo que creés.

Muchas gracias a todos.


Fuente: página de Textos Solidarios en Scripto.es.

En Twitter, usá la etiqueta #TextosSolidarios.

Me tiembla la mano. ¡El libro!

Karina+Fa+Mario

La maquetación a cargo de Karina (la chica a la izquierda en la foto) está impecable. Las páginas controladas, pruebas revisadas, los archivos aprobados. Que no falte ningún dato importante. Peor: que ningún dato sea erróneo (cosas del copyright, ¿viste?) para poder mandar el libro tranquilamente a imprimir. Las modernas máquinas de la imprenta de mi primo Mario (el de la derecha en la foto), operadas por eficientes obreros gráficos, hacen el resto del trabajo.

Y por fin llega el momento de tener Amigos orientales en versión impresa, como decís, “recién salido del horno”. Una gran emoción me inunda. Entro a la oficina del departamento de arte, en donde trabaja Karina, y le exhibo lo que me acaban de entregar. Ya ni pienso, es todo alegría, tomo mi teléfono celular y empiezo a sacar fotos. La que subí a esta entrada es pasable, tengo otra mucho más borrosa en donde aparecen Nico y Humberto. A ellos les pido disculpas, juro que también quería que aparecieran acá, mismo lo tienen más que merecido. Si quieren verlos, en una próxima entrada están.

¿Sabés por qué me quedó borrosa la producción de fotos? Porque me tiembla la mano. Mis manos son mi vehículo expresivo por excelencia, comunican mi cerebro con el teclado, mi ser interior con lo que se muestra. Y en el momento en que se (de)muestra el sentimiento en el hacer (fotos), no me puedo controlar.

Me tiembla la mano. Así se expresa en gestos lo que siento al ver la criatura editorial recién nacida. Ahora es tiempo de que aprenda a caminar por el país y el mundo. A no quedarse en los estantes, a animarse a pasar de mano en mano.

¡Muchas gracias a todo el equipo de Mastergraf por hacerlo posible!

Una Cita Con Ana Centellas

Comparto esta entrevista a una bloguera amiga, no se la pierdan (hagan clic en “Ver la entrada original”).

El Noticiero de Alvarez Galloso

Ana Centellas es otra escritora y bloguera del mundo hispano en el Siglo XXI. Su blog en WordPress Ana Centellas – Iniciando Mi Aventura Literaria https://anacentellasg.wordpress.com/  ha sido popular en todos los rincones del mundo. Por eso y mucho más, la hemos invitado para ser entrevistada y comenzamos.

 

  1. Quien es Ana Centellas y cómo fue su incursión en el mundo de la literatura?

 

Ana es una persona humilde, llana, cariñosa y creo que buena persona. Casada y madre de dos hijos, mi sueño infantil era dedicarme a la escritura, pero al crecer descubrí mi pasión por los números. Buscando una ilusión, estudié Económicas, a lo que me he dedicado desde que comencé a trabajar.

 

El año pasado, tras ciertos problemas laborales que me llevaron a una situación bastante inestable, decidí buscar una vía de escape. La encontré en las letras. Retomé ese viejo sueño de la niñez y…

Ver la entrada original 753 palabras más

Celeste como el mar.

Mar Celeste publicidad
Decime la verdad, ¿no está buenísima esta imagen? Parece un cuadro constructivista en versión curvilínea. Con la redondez que lima las rasposas asperezas puntiagudas.

Es habitual que en toda publicación haya una editorial que se dedique a muchas tareas. Pero cuando el que publica es el propio autor, corrés el riesgo de equivocarte feo en un montón de detalles que te terminan afeando tu libro. Sí, el texto al que tanto trabajo le dedicaste. Vas muerto si no tenés quién te lo redondee.

Mar Celeste es el taller de corrección y edición de textos al que recurrí en esa instancia crucial de mi recorrido por el mundo literario. Celeste Moreno es la maravillosa persona que está detrás de ese cartel con el pececito. No solo realiza la corrección ortotipográfica, también se dedica con mucho amor al relato, a buscar la coherencia de los hilos narrativos, a comprender el desarrollo de la obra (y si está bien expresado). Con mucho tacto te va haciendo sugerencias para que tu obra quede mucho mejor. Ni te imaginás cómo con tan poco podés conseguir algo tan distinto. Que al fin quede por escrito esa palabra que tenías en la punta de la lengua (o de los dedos).

Muchas gracias, Celeste, por ayudarme a navegar en el mar de mis letras.


Página de Mar Celeste: https://www.facebook.com/guiadescritura/

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