Cuarenta años de memoria y afectos

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La neurociencia ha comprobado que la memoria necesita contactos y relaciones para lograr una buena evocación, y que su estímulo más eficiente es el afecto. Así, algunos recuerdos parecen dejar de ser pensamientos para transformarse en imágenes, olores y sabores que se fijan en nosotros, en una amalgama de sensaciones y sentimientos nítidos e inamovibles. Por otro lado, hay vivencias cotidianas que parecen pasar por un proceso de autolimpieza y, simplemente, se desvanecen. La noción de finitud que traen estos procesos ponen en evidencia nuestra fragilidad y, al mismo tiempo, nuestro contacto con lo eterno.

Tal vez en un intento por rescatar la frescura de los inicios, mi grupo de facultad inició contactos para celebrar cuarenta años de nuestra matriculación en el curso de Letras del Instituto de Biociencias, Letras y Ciencias Exactas (IBILCE). Volvimos a hablarnos con regularidad, a intercambiar viejas fotos y a tejer una fina trama de reencuentros y de actualización del cariño. Entre varios recuerdos apareció uno de 1979, cuando Romildo Sant’Anna, nuestro profesor de Literatura Hispánica e Historia del Arte, invitó al grupo a su casa para conocer una colección de cuadros de Silva. La imagen serena de la familia contrastaba con la colorida pared de la biblioteca del entrepiso, en donde se exponían meticulosamente los lienzos. La vivacidad y el entusiasmo de aquel profesor iban en aumento a medida que hablaba de los preparativos para el futuro Museo de Arte Primitivista José Antônio da Silva, que se inauguraría en julio de 1980.

En lo personal, al ver aquellas obras experimenté una sensación de déjà vu. No estaba equivocada. A comienzos de la década anterior, al regresar de Brasilia, pasamos por Rio Preto y, para cumplir con la tradición familiar de conocer en cada ciudad un templo y una cancha de fútbol, hicimos una parada en la Iglesia de la Redentora. Allí vi por primera vez un vía crucis que cubría los muros de la nave principal. Según mi padre, eran pinturas de Silva, “un artista moderno”. A mí me parecieron obras infantiles, a las que les faltaba el retoque de un adulto habilidoso que ordenase las proporciones y los contornos. Al mismo tiempo, quedé encantada con los colores y el dramatismo de aquellos cuadros llenos de religiosidad.

Tras la inauguración, tuvimos algunas clases con el Prof. Romildo en el propio Museo Silva, en el predio de la Biblioteca Municipal. Las explicaciones de que el pintor se vinculaba con la modernidad brasileña ponían en evidencia que su pintura no era “descuidada”, sino una manera de representar nuestra identidad brasileña. Cuando viví y estudié en España y Estados Unidos, confirmé que el extraordinario naïf riopretense era conocido y reconocido en el mundo exterior. Son duraderas las lecciones de los excelentes profesores que tuvimos en la Unesp, de que José Antônio da Silva fue un hombre de singular lucidez cultural y ecológica, los afectos que resisten al tiempo y las memorias de la convivencia.

Además de la memoria, la neurociencia explica nuestra necesidad de pertenencia, adaptabilidad y transmisión de cultura por la intermediación humana. Nacemos biológicamente equipados con neuronas espejo en nuestro kit de estrategias adaptativas, y vamos reflejando no solo bostezos y sonrisas, sino además comportamientos que definen nuestra humanidad. Deseo que, por gratitud y conveniencia, todavía tengamos un museo tan grandioso y de tanta incidencia en la producción cultural de la ciudad, como aquel soñado y planeado de manera visionaria por el artista de vanguardia. Un museo compatible con el amor y la importancia que el propio Silva le dio a Rio Preto.


Rosana Malerba
traductora, psicopedagoga clínica, especialista en Medicina del Comportamiento

Texto publicado en Diário da Região el 17 de julio de 2020. Traducción mía del texto portugués original, que se puede leer aquí.

2 comentarios sobre “Cuarenta años de memoria y afectos

    1. ¡Gracias, Rosana, por ser una persona tan amable y agradable! Siempre recuerdo con cariño tu presencia en Montevideo, en la conferencia de 2008; le diste un brillo especial. El mismo que se respira al leer tu artículo. 😀

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