Convicciones morales en traducción

Vertaalt_nu-Pieter-Beens

Un colega holandés, Pieter Beens, escribió este interesante artículo en inglés. Me autorizó a verterlo a mi lengua nativa y asumo el desafío. Me tomé la libertad de adaptarlo a mi modo para transmitir la esencia del mensaje (y que conste que, al hacerlo, pude caer en los mismos dilemas que se narran en el artículo).


A menudo, si sos tratuctor te enorgullecés de traducir la obra de tu cliente, sin importar tus propios valores y apreciaciones. Pero ¿de verdad podés lograr una traducción sin considerar otros valores? Dos proyectos recientes te hacen pensar hasta dónde una traducción puede ser «libre de valores».

Convicciones morales de los traductores

No te vas a sorprender si te digo que tenés tus propias normas y valores. Tu educación, cultura y religión condicionan cómo captás el mundo que te rodea. A medida que crecés, a veces vas dejando por el camino convicciones con las que te criaste, incluso pasa que las cambiás por otras creencias totalmente diferentes, o por ninguna. Pero, sin importar si conservás los valores que aprendiste en tu casa o si desarrollás nuevos valores con el tiempo, tenés la base, los cimientos que hacen cómo pensás y actuás. Esos valores no siempre los ves, pero te guían cuando necesitás tomar decisiones. A nivel personal pueden influir en tu decisión de ir o no a un evento, o a nivel profesional pueden influir tu determinación de aceptar cierto trabajo o cliente. Así, tenés un marco normativo que te guía en tu vida diaria. Y está perfecto que así sea: al tener una motivación intrínseca para defender tus valores y creencias personales podés aceptar trabajos que se adapten a tu marco normativo. Si podés completar trabajos de traducción sin objeciones conscientes, estás en mejores condiciones de manejarte con ciertos trabajos en particular y de entregarlos con la calidad que querés y la que los clientes demandan.

Influencia inconsciente

Así, tus creencias personales te van guiando en cómo encarás tu trabajo. Pero también alcanzan un nivel mucho más profundo. Tus convicciones morales te hacen ceñirte a un vocabulario en especial, influyen en las palabras que usás y en las que evitás. De repente vos evitás las palabrotas, pero otros se pasan puteando en cada frase. Si sos cristiano, sabés que usar el nombre de Jesús todo el tiempo es blasfemo; pero si no sos creyente podés usar Su nombre sin importarte lo que digas. De la misma manera, si tuviste cáncer u otra enfermedad grave no vas a decir esa palabra como una grosería, pero otros tal vez sí la usen en cualquier oración. A veces de modo inconsciente, pero a todos nos pasa.

Pero tus convicciones morales influyen en tu lengua a un nivel incluso más profundamente personal. A veces evitás palabras que solo tienen un significado obvio para vos. Por ejemplo, la palabra «creador» a algunos les recuerda al Creador de todas las cosas, y por eso prefieren usar «creativo», «inventor» o «hacedor», que tienen casi el mismo significado, pero no tienen el mismo poder emocional que aquella palabra que te lleva a pensar en El que creó el universo.

Normas y valores en textos fuente

Cuando esas convicciones morales bajan al nivel de las palabras influyen en tu obra como traductor. Pero vos como traductor necesitás vértelas con otro aspecto de las normas y valores que tiene que ver con el origen del texto fuente. Es cierto que lo que tiene valor emocional o sensible para el autor de un texto puede tener un significado totalmente distinto para el traductor. E incluso si el texto fuente no tiene «ataduras» es posible que vos como traductor termines traduciendo una oración o una palabra en particular de una manera totalmente diferente o con un significado algo distinto de lo que pretendía el autor del original. No es siempre el caso con textos generales o de negocios, pero te puede pasar en traducciones jurídicas y en otras especialidades.

Traducir una declaración de guerra

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Esto se le hizo evidente a Pieter Beens cuando le pidieron que tradujera urgente la declaración de guerra del presidente Trump contra Siria en la noche del viernes 13 de abril. Beens adora la política (también tiene su título universitario) y decidió aceptar el trabajo de traducir al holandés la declaración completa del Presidente de los Estados Unidos. Ya al leer la declaración queda clara la posición que Trump adoptó con respecto al ataque con armas químicas de la semana anterior. El presidente eligió con cuidado palabras como slaughter (matanza), massacre (masacre), despicable attack (vil ataque) y gruesome (repugnante). Si bien el mensaje en general no dejaba dudas en cuanto a la gravedad de la situación en Siria y la legitimidad del ataque de los Estados Unidos a determinados objetivos, dejaba espacio libre para la interpretación en los Países Bajos. Muchas palabras se podían traducir en al menos dos variantes, algunas con más impacto emocional que otras. ¿Cuáles elegiría Beens? ¿Debía de traducir massacre como bloedbad (similar a «derramamiento de sangre») o como massamoord (con la connotación de «asesinato en masa»)? ¿Y debía de traducir anguish como leed («dolor») o como ellende («miseria»)? Había cantidad de casos parecidos, todos con dilemas. ¿El presidente Trump siempre usaba la variante más grave de cada palabra? ¿Y qué pasaba si Beens usaba la variante menos severa? ¿Debilitaría el mensaje de Trump o haría menos dramática su exposición? Eran muchas decisiones en un anuncio de apenas 800 palabras. Y si bien Beens quedó satisfecho con la traducción resultante, considera que otros traductores con distintos antecedentes y creencias producirían traducciones con distintas cargas emocionales. (Si entendés el holandés, podés leer la traducción aquí).

Dimensiones políticas

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Todo el tiempo pasan situaciones parecidas en el mundo de las traducciones políticas. Cuando Beens tradujo parte de la autobiografía de Bernie Sanders, quien fuera candidato independiente a la Presidencia de los Estados Unidos, debió de adoptar decisiones similares todo el tiempo. Más allá de sus propias normas y valores tuvo que elegir traducciones especiales para los términos usados por el autor. Pero como cada término tiene sus propias dimensiones políticas, es difícil lograr una traducción que refleje exactamente el mismo significado que se buscaba en el original. Peor que eso: van apareciendo opciones para debilitar o fortalecer el mensaje, con lo que los políticos y otros líderes terminan diciendo lo que en realidad no dijeron.

Cuando el secretario de Estado Tillerson trató a su jefe de moron («tonto» o «idiota»), en los medios neerlandeses se utilizaron diferentes traducciones. De Telegraaf tradujo esta palabra como dwaas («tonto», «bobo»), mientras que Trouw escogió idioot («idiota», «imbécil») y NOS optó por debiel («huevón», «cretino»). Cada canal de noticias tenía su propia audiencia y postura política, por lo tanto cada uno eligió una traducción que se adaptó a su propio contexto, dejando abierto qué fue lo que realmente quiso decir Tillerson al usar la palabra inglesa moron.

Una situación así nunca va a cambiar. Las «fuentes» usan sus propias convicciones para transmitir su mensaje, los «intermediarios» (vos que traducís) lo ponen todo para entregar la mejor traducción que sea posible y la «meta» (la audiencia) interpretan como les parece, ya sea con ayuda de los intermediarios o sin ella. Tu trabajo como traductor es invalorable, pero siempre lleva adherido algún tipo de valor.


Original en inglés de Pieter Beens, http://vertaalt.nu/

Traducción y adaptación al español rioplatense por Fabio Descalzi

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