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Los Tigres se comentan

Comienzan a llegar los comentarios sobre los Tres terribles tigres.

Aquí te presento uno, de la pluma de un lector muy calificado: Juan Pablo Zorrilla.

Me encantó lo audaz del tema; el libro no se anda con medias tintas. Ya cuando vi que arranca con una advertencia, supe que era del tipo de libro que me gusta. Pinta un mundo muy oscuro, lleno de trampas y tentaciones, y los chicos van tratando de abrirse camino a los golpes, sin nadie que los guíe más que las hormonas. Ni siquiera hablan entre ellos de lo que les pasa, a lo mejor por la vergüenza o culpa de saber que lo que hacen está mal. Y cuando al fin consiguen lo que pensaban que querían, no los satisface, siguen siendo esclavos de los instintos, hasta que les caen encima las consecuencias.

Es el retrato de un mundo muy sombrío, donde los pocos personajes que no traicionan son los traicionados y a lo mejor terminarán decepcionándose, pensando que para qué ser un gil que hace las cosas bien, cuando todos están en cualquier cosa. Y viendo cómo se comportan los adultos, parecería que están destinados a terminar así.

El relato es crudo y agresivo, desde el punto de vista de tres imberbes confundidos, que se piensan que son los machos de América y todas las chicas son putas. Por eso es un libro audaz: sería fácil para el lector horrorizarse y pensar que es un texto machista y misógino, cuando en realidad lo que refleja es la mentalidad ignorante de los que solo piensan con los testículos, que creen que se las saben todas, que son unos fenómenos por acostarse con adultos cuando en realidad están siendo abusados, y sufren la desesperación del que está solo y no puede encontrar lo que le falta.

Y así siguen los tigres, acumulando manchas, no terribles como se creen, sino cada vez más tristes. Llegará un punto en el que, en medio de todas sus atrocidades, habrán de encontrar el lugar al que pertenecen.

Juan Pablo Zorrilla
dibujante y autor
Premio Morosoli 2008

#tresterriblestigres

Primeros tantos

Primeros-tantos

Mauro se instaló en la puerta y la esperó a que llegara. Ahora, solo ella le importaba.

No le interesaba haber sido el goleador campeón de la cancha. Ahora buscaba otra cosa.

Ya no soportaba más así, sin poner en práctica de una vez lo que él sentía como su hombría. Era apenas un cachorro de dieciséis, pero ya nadie lo iba a frenar. Seguir leyendo “Primeros tantos”