Etiqueta: Ayuda

Bebé (y porvenir)

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Mis dedos no se tuercen.
Mi boca ya no tiembla.
Mis ojos no se cierran.
Mis piernas nada pueden.

Busca que te busca esa ayuda,
piensa que te piensa esa idea.
Algo que me saque, lo que sea,
aunque sea un resabio de duda.

Quiero retozar en mi cuna
y así comenzar a vivir.
Ansío gozar mi ventura,
sea cual sea el sentir.

Richard Clayderman toca Balada para Adelina de Paul de Senneville y Olivier Toussaint (1976). Esta melodía parece dibujar los rasgos de una criatura recién nacida, frágil e indefensa en su cuna, que quiere aventurarse en el mundo que tiene por descubrir. Pasan las décadas y esta música se escucha con la misma sencillez de siempre.


Originalmente publicado en Letras & Poesía el pasado mes de abril.

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Ayudame a difundirlo. Ayudá a Yemen.

Desde Médicos sin Fronteras se pusieron en contacto con Textos Solidarios, de la misma forma que están contactando con otras personas e instituciones que colaboran con ellos con una iniciativa solidaria, para pedirnos que los ayudemos a difundir su petición de ayuda para la crisis que esta causando una epidemia de Cólera en Yemen. Acá podés ver un video de MsF sobre el tema.

Vos, con todo el conjunto de personas y voluntades que forman parte de nuestro proyecto, podés ser de utilidad además de lo que tenga que ver con nuestro libro “El mundo en tus manos”. A través del grupo que formamos, unidos por nuestro interés en ayudar a los demás, podemos conseguir que esta petición de ayuda llegue a mucha gente: a todos los que siguen nuestros blogs y redes, y a los que nos rodean y también sienten este espíritu solidario que compartimos.

Desde Textos Solidarios nunca te voy a mandar mensajes, correos, ni molestarte, pero sí puedo usar nuestros medios para difundir esta petición de forma que, a través de nosotros, pueda llegar a mucha gente que esté dispuesta a colaborar. Los medios y formas de colaboración los podés encontrar en la propia página de Medicos sin Fronteras; yo no intervengo de forma alguna, solo estoy tratando de ayudar a darle repercusión a esta petición que llega en momentos críticos para muchísimas personas.

Te pido y agradezco que uses los medios a tu alcance (blogs, redes, youtube, etc.) para difundir esta alerta médica. Podés rebloguear este mismo mensaje, o un enlace al mismo, o escribir uno por tu cuenta y enlazar la fuente original de la información en Médicos sin Fronteras… lo importante es que siempre incluyas claramente un enlace a MsF para que quien lea tu mensaje pueda acudir directamente a su página y comprobar la veracidad de la información.

Como siempre te doy las gracias a vos por tu colaboración. Y ya que estamos, te digo que nuestro libro va lento pero por buen camino. Pero hoy, a esta hora, lo que importa es ayudar a difundir este mensaje. Podés hacer mucho más de lo que creés.

Muchas gracias a todos.


Fuente: página de Textos Solidarios en Scripto.es.

En Twitter, usá la etiqueta #TextosSolidarios.

La cabeza agarrada

sadguy

Gonza estaba muy enojado. Fredo lo miraba incrédulo.

—Fredo, quería que me ayudaras a pensar algo, si no te queda mal.

—Bueh. Dale. Tirá. ¿Quién fue…?

—Moro. Lo encontraron tirado en la calle, de madrugada. Drogado hasta las patas.

—Uuuuuh, ¡qué feo! ¡Noooo! —Fredo se agarró la cabeza, los ojos desencajados, como con ganas de caerse muerto—. ¡Justo Moro, que nunca mató una mosca!

—Paco lo tuvo que sacar de la comisaría. Ahora se debe de estar despertando, Andy le está haciendo el aguante. Cuánto te apuesto que Moro ni se acuerda de lo que pasó.

—Está bravo esto…

—Hacía días que nadie sabía nada de él.

—Pero, ¿alguien sabía que se fumaba…?

—Antes, aunque debe de haber probado muy poco, casual. Pero esto de ahora fue un reventón. Un bajón mal. Por la madre, ¿entendés? Enojado con la vida. Sin nadie que lo frene. Es horrible.

Gonza cerró los ojos, respiró, y siguió. Fredo quedó en blanco.

—Vamos a tener que hacer algo.

—Ah, sí, qué fácil.

—Fredo, vos sabés muy bien lo que vale un amigo, ¿no?

—Obvio, macho. ¿Qué haría yo sin vos? ¿Y vos sin mí?

—También sabés lo importante que es tener una familia atrás.

—Más bien. Te rebancan.

—Moro ahora no tiene a nadie. ¿Te pusiste a pensar? A nadie. Solo nosotros.

Fredo empezó a ponerse nervioso.

—Y yo, ¿qué querés que haga? Tenemos cero onda. Moro es como una piedra. Ni habla.

—Justo por eso. No lo podemos dejar solo. Nos vamos a tener que turnar.

—¿Eh?

—Entre todos, no nos va a costar tanto. Pero todos tenemos que ponernos.

—Pará, macho. Si Moro está sin guita y precisa morfar, le llevo milanesas al pan, lo que sea. Pero que se maneje.

Gonza lo miró muy duro. Tomó aire y empezó a hablarle de otra manera.

—Fredo, vos pensá. Sabés lo que es perder todo, lo material, esa historia te la contaron, ¿eh?

—Ni me lo repitas. Obvio que sé. Hasta me acuerdo yo de cosas que perdí. Paaaah, casi seis años tenía cuando tuvimos que dejar esa casa…

—Imaginate, además, perder a tu padre. Y a tu madre. Y a tu abuelo. Y también a tu tía.

—Noooooo, no podés…

—Y también imaginate que tus hermanos que viven allá lejos no te dan ni la hora. No tenés pasaporte para irte, no tenés plata para pagarte pasaje, nada. Vos solo, acá, en la calle.

Fredo escuchaba con los ojos mirando para abajo.

—Después de pasarte todo eso, ¿qué pasa si, además, yo, Pedri, y todos los demás del cuadro te damos la espalda? “Que se maneje”. ¿Eh?

—¡Me muero muerto!

—Bueno. Seguite imaginando, de ahí para abajo.

—No puedo…

—No necesitás seguirte imaginando nada más. Andá a verlo a Moro, y vas a ver lo que es todo eso junto, y peor.

Fredo se restregó las dos manos por los ojos, que le quedaron rojos. Levantó la mirada como un perro mojado.

—’Ta bien. Te prometo que voy a ayudar. No sé cómo, pero voy a hacerlo.

—Más te vale.

En eso, llega Amir, mientras Fredo y Gonza seguían de lo más enfrascados.

—Está complicado esto de Moro. Tenemos que pensar algo más.

—No se me ocurre nada que vos no hayas dicho ya.

—Paren. Tienen que ver a Moro. Ahora. Recién.

—¿Qué otra hizo ahora? —Gonza temía escuchar algo peor.

—Está con Malik.

—¿Cómo? —Fredo y Gonza comentaron al unísono.

—Yo le hablé a Malik. Le dije “andá a verlo”.

—¿Malik? ¿A qué?

Gonza se acordó de aquel viejo juego de manos.

—Entonces querés decir que…

—Hace rato. Cerca del mercado. Un baldío. Vengan.


Extracto de Amigos orientales.

Busco tus versos

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Textos Solidarios es un esfuerzo colectivo, un trabajo de equipo. Como integrante, quiero que cada pedacito del libro salga de la creatividad de los colaboradores. Quiero tu opinión para poder decidir.

¿Qué pasó con el título del libro? El mundo en tus manos. Tu aporte y tu voto también fueron importantes para elegirlo.

Te vuelvo a proponer algo parecido. Un guion con poesía para el booktrailer del libro. Busco tu texto. Sí, quiero que esté tu texto. Te agradezco que hagas llegar tus versos. Lo que te salga. Se publica en blog para elegir el mejor.

Como te decía, el texto elegido se va a usar en el video, pero también va en el libro. Para eso, preciso algo concreto:

  • un poema de diez versos, de unas once sílabas cada uno, no necesita rima;
  • que en el texto uses alguna de estas palabras: solidaridad, ayuda, esperanza, cooperación, humanidad; también me sirven palabras derivadas sinónimos;
  • un texto que refleje la esencia solidaria del proyecto, que la idea sea clara y limpia, que ayude a promocionarla.

En el video van a aparecer tomas cortas de diez manos distintas (por el título, ¿viste?) escribiendo esos diez versos. El mejor verso va para el final.

Tu propuesta puede llegar a la redacción de Scripto.es, después se publica y se presenta a votación. Tu voto también cuenta.


Fuente: página de Textos Solidarios en Scripto.es

En Twitter, usá la etiqueta #TextosSolidarios.