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Nosotros, los intrépidos indios que levantamos rascacielos

Catedrales del cieloCon las debidas licencias por utilizar la primera persona para entrar en la cabeza de un narrador perteneciente a la tribu mohawk de Quebec, comienzo a relatar esta fascinante historia que vale la pena leer en versión completa.

Todos tenemos en mente las terribles imágenes del atentado contra las Torres Gemelas. Pero pocos lectores se han puesto a pensar en quiénes cortamos en trozos el montón de restos para buscar sobrevivientes. Ni tampoco, en quiénes las construimos (estas torres, muchos otros rascacielos y demás estructuras metálicas gigantescas que todos aprovechan), cómo es desplazarnos allá arriba, al lado de las águilas del cielo. Y qué vidas llevamos cuando no estamos trabajando, nosotros, habitantes del hemisferio occidental desde mucho antes de la llegada de los europeos. Nosotros que, en vez de resignarnos a una triste suerte, decidimos aprender el oficio de herrero de obra (llamado también montador de acero) para así contribuir al desarrollo de lo que todos admiran.

Los antiguos egipcios tuvieron sus pirámides, los chinos la gran muralla… pues bien, nosotros hicimos “nuestros” rascacielos de acero. Así se lo narramos con orgullo a nuestros hijos y nietos. Porque además, como es de imaginar, también vivimos nuestras vidas, nos entusiasmamos, maduramos muy pronto, nos enamoramos, a veces nos decepcionamos, pero nunca bajamos los brazos.

Estimado lector, te invito a que leas más sobre nosotros y nuestras gigantescas artesanías que acarician el cielo. Dan ganas de avanzar para ver qué sorpresa aguarda en cada capítulo, si un puente, un rascacielos o un nuevo amor inesperado. Seguro que te apasionará.

Las catedrales del cielo, por Michel Moutot. Traducción al castellano de Elena Bernardo Gil y Alicia Martorell Linares. Grijalbo, 2018, 656 páginas. ISBN 9788425356018. Disponible en librerías. Reseña online en este enlace.

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Bebé (y porvenir)

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Mis dedos no se tuercen.
Mi boca ya no tiembla.
Mis ojos no se cierran.
Mis piernas nada pueden.

Busca que te busca esa ayuda,
piensa que te piensa esa idea.
Algo que me saque, lo que sea,
aunque sea un resabio de duda.

Quiero retozar en mi cuna
y así comenzar a vivir.
Ansío gozar mi ventura,
sea cual sea el sentir.

Richard Clayderman toca Balada para Adelina de Paul de Senneville y Olivier Toussaint (1976). Esta melodía parece dibujar los rasgos de una criatura recién nacida, frágil e indefensa en su cuna, que quiere aventurarse en el mundo que tiene por descubrir. Pasan las décadas y esta música se escucha con la misma sencillez de siempre.


Originalmente publicado en Letras & Poesía el pasado mes de abril.

El ómnibus de juguete del banco

Banco Transatlantico omnibusMiro el ómnibus de juguete, ese que dice «BTU», y me llena de ternura. Me acuerdo cuando era un chiquilín, ¡cómo me gustaban esos chiches! En casa había de todo: camioncitos, autitos, un robot astronauta, un trencito a pila y los ladrillitos del Lego. Y, por si fuera poco, a la hora de la siesta me iba a la cocina, agarraba ollas y tapas, y me ponía a hacer ruido, copiando a un baterista. Digan que mi abuela dormía como un tronco, que si no, me hubiera dicho de todo… ¡el nene embromando a la hora de la siesta! Seguir leyendo “El ómnibus de juguete del banco”

Rey de su vida

SALTO AL REVERSO

enfant_jesus_de_prague_joinville_200908_5 Fuente: Wikimedia Commons.

Nació acunado en oro.
Vivió caminando por senderos de plata.
Murió en lecho de bronce.

Siempre reinó sobre su vida.
Nunca la logró gobernar.

Siempre con un séquito de asesores.
Nunca anduvo solo.

Así se escribió su historia.
Así de simple y compleja.

¿Por qué rey, y no presidente?
Por una sencilla razón.

Un presidente se elige.
O se hace elegir.

Pero uno no elige nacer en la vida que le toca.
La hereda.

Como un rey.
Nace para ser.

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