Etiqueta: Neología

Más neologismos, la mesa está servida

gerrymanderingLa lengua avanza más rápido que las academias y diccionarios; de eso, no nos cabe duda. Si pensamos el tiempo que se toma la Real Academia para incorporar vocablos, no tendríamos que sorprendernos. Pero, a veces, la impetuosa realidad supera a la volátil fantasía.

Todavía no hemos terminado de digerir un antiguo neologismo estadounidense, gerrymandering, que se refiere al toqueteo, dibujo o distorsión de los distritos electorales para favorecer a determinado candidato. Y es probable que lo rechacemos. No al neologismo, sino al concepto mismo.

Es por eso que tantas veces se demoran las palabras. Preferiríamos que no existieran. Que no fuese necesario usarlas. Pero… se usan. Existen.

Cómprense un digestivo, tómenselo con un buen vaso de agua sin gas, y ¡aprendan! Estas palabras se nos vienen encima. Y sus significados… ¡ufff!

  • Alt-right (no puede ser, los perimidos están de regreso)
  • Post-verdad, con su variante preferida posverdad (parece que la verdad sí pasa de moda…)
  • Procrastinación (en general, de ámbito laboral, pero si lo pensamos fríamente, también ocurre con los cambios positivos: “para mañana”)
  • Trumpesco (un sinónimo de… ustedes ya saben qué)
  • Manipulación (no es nueva, ya sé, pero haríamos bien en recordar que existe y se usa)
  • Murmuración (otra palabra más vieja que el agujero del mate, que ahora se usa tirando a matar)

Si les resulta indigesto, dejen volar sus mentes con las sugerencias del amigo Crispín. Si necesitan respuestas terminológicas rápidas, visiten el buscador urgente de dudas de Fundéu. ¿Algo más?

(Después de este plato fuerte, mejor no pidan postre, porque seguro les patea el estómago).

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Neología, nicho de mercado

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“Mercado” por Tarsila do Amaral. Fuente: http://wp.me/Pychf-55h

Un mercado no es otra cosa que un montón de necesidades y oportunidades de satisfacerlas. Con esta definición, parecería que todo es mercado. Bueno, no todo; pero casi. Si pensamos que en una lengua se usan miles de palabras viejas, nuevas, anticuadas, recuperadas, resignificadas, cambiadas, bastardeadas, prestadas… sí, es un mercado. Listo. ¿Y entonces?

Una lengua también tiene su propio mercado entre la gente. Se la vende bien y le damos valor, o se la esconde y la asfixiamos. Aquí no queremos ningunear ninguna lengua, queremos que valgan, que se aprecien, que la gente las compre. Que las oiga con gusto. Que aprecie y use su rico vocabulario.

Si se trata de una lengua hablada en un ambiente cultural en inferioridad de condiciones frente a otra cultura con un rol más destacado, inevitablemente se sufren procesos de erosión lingüística, se adoptan préstamos y calcos, se extranjeriza parte de la lengua propia. Un proceso no exento de conflictividad, pero muchas veces llevado por la necesidad.

Y al hablar de necesidades, volvemos a lo que es un mercado: un cúmulo de necesidades que se busca satisfacer. Si la terminología no satisface las nuevas necesidades, es porque la solución pasa por crear neologismos. Y ahí es donde llegamos a los temas de traducción, cultura, identidad. Y ética.

Un autor que menciono con mucho gusto en el ámbito traductoril es Antoine Berman. A partir de su obra se fue planteando un giro ético en traducción. Sería muy largo adentrarnos en eso; pero, para resumir algo que sirva en estos apuntes sobre terminología y neologismos, quiero hacer hincapié en un concepto: experiencia. La necesidad de reflexionar sobre la experiencia acumulada en la generación de textos traducidos, y en la producción de terminología que acarrea inevitablemente. Una tensión muy grande aparece cuando se entiende a la traducción como una reescritura, como una creación de algo que se sabe incompleto, tan incompleto como el propio escritor y como el sujeto traductor. La ética hace posible la traducción, consiste en aceptar la traducción como texto otro, como escritura, como experiencia que el traductor desarrolla durante su tarea.

Frente a tantos planteamientos centrados en lo lingüístico, Berman propone un enfoque diferente, centrado en la crítica. Se puede criticar mejor lo que se experimenta. La experiencia nos termina remitiendo, a su vez, a otro concepto relacionado con el ámbito cultural: descolonización. Pero eso ya merecería otro espacio. Es una ardua tarea para el día a día.

Sea como fuere, se tropieza con un montón de obstáculos al salir a ese mercado de palabras. Existe una obsesión por distinguir entre usos correctos y usos incorrectos, el purismo, el misoneísmo (rechazo cerrado de «lo nuevo»), la descalificación de usos (lo que «me suena mal», las palabras «feas», etc.) y una nostalgia por un pasado (a veces inexistente) en el que supuestamente se hablaba mejor.

También se perfilan inesperadas tendencias a futuro. Si nos fijamos en el caso de África Subsahariana, se está dando un intenso intercambio económico y cultural con China, incluso a nivel literario. Esto plantea nuevas influencias entre culturas y, por qué no, nuevos retos terminológicos.

Un gran desafío espera. Llenar un nicho de mercado con neologismos que, en la medida de lo posible, representen lo propio (o la apropiación), pero sin perder de vista la permanente e inevitable existencia de lo Otro.

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Artículo escrito como parte de la preparación para el Seminario Internacional sobre Traducción, Terminología y Lenguas Minorizadas. Jaguerojera ñane Ñe’ẽ Guarani, a celebrarse del 26 al 28 de agosto de 2016 en la Fundación Yvy Marãe’ỹ, San Lorenzo, Paraguay.