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Cercanía riesgosa

She_gets_the_penny,_he_gets_the_kiss

Un verano, apenas terminado quinto de escuela, Gonza fue con los padres a pasar las vacaciones en un pequeño balneario del este. Disfrutaron de tres semanas muy tranquilas. Lamentando mucho, eso sí, no haberle podido dar hermanitos a su único hijo. Pero Gonza, siempre activo, hacía cosas, paseaba, recorría, miraba, preguntaba. Sin pausa pero sin prisa, él es así.

En la casa de al lado había una vecinita muy amistosa. Usaba el pelo morocho atado en dos colitas. Gonza le hablaba de autos de carreras, de astronautas, de superhéroes y cracks del fútbol. Ella le seguía toda la charla y le comentaba lo que sabía. Los días pasaban sin apuro, Gonza estaba entretenido sanamente. No era muy de jugar con nenas, extrañaba el fútbol, pero con esa nena le gustó.

Sin saber cómo, una tarde Gonza le empezó a contar que él iba a ser un novio alto y rubio, que un día se iba a casar con una chica morocha. Ella se entusiasmó pensando que hablaba de ella, tan soñadora con príncipes azules y galanes de telenovelas. Porque claro, ella vivía prendida a la tele, no se perdía nada, la abuela ponía programas para ver con las tías, ella se veía todo. La gente se enamora. Y cuando se enamora, se abraza. Y se besa. Y están juntos.

Gonza descubrió, con once años, lo que era una novia. Darle besos. Hasta ensayaron, así como les salió, un beso de lengua. Pasó sin mayor trascendencia; Gonza pensaba que no los miraba nadie. El niño grandote se ponía grande, aunque todavía jugaba como niño. Le faltaba un tiempo para entender eso tan indefinido que se llama preadolescencia.


Extracto de Amigos orientales, disponible en Amazon, próxima aparición impreso.

Navidad en verano

Navidad en verano

Letras & Poesía

Cada Navidad trae recuerdos, más cuando se entra en años.

Al ir hacia atrás, se recuerda lo que falta.

O mejor, se comienza por lo que no se recuerda.

Hay recuerdos de lo que no tuve nunca.

Nunca vi caer nieve en Navidad.

Nunca vi pasar un trineo.

Nunca pasé frío en Navidad.

Nunca se encendió el fuego en la estufa.

Nunca me sirvieron chocolate caliente en esas fechas.

Nunca me llevaban de compras navideñas, porque venía Papá Noel.

Nunca bajó Papá Noel por la chimenea.

Pero, frente a la chimenea, igual aparecían los regalos al otro día.

Porque había quienes pensaban en mí, y me los dejaban como al descuido.

Porque cuidaban mi ilusión.

Porque después venían las preguntas.

¿Quién le pidió esto a Papá Noel para mí?

Y corría a darle un beso por haber pensado así.

Mientras, desde la chimenea, el Niñito Jesús me miraba plácido, en…

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Uno para dos y dos para uno

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—Fredo, ¿qué pensás hacer con todo esto?

—Está bravo, Gonza. No sé, macho, son muchas cosas todas juntas. Como que… qué se yo… Quiero saber ya mismo todo lo que preciso saber, para poder hacer todo lo que quiero hacer. Me muero de ganas… pero no quiero que me pase nada de todo eso horrible que me dijo el viejo, y quién sabe cuántas cosas más que te podrán pasar —la voz de Fredo no era de miedo, sino de decepción, aunque con un dejo de determinación.

—Vos hablá con los que saben. Seguí hablando con tu padre…

—Ya le volveré a hablar cuando se enfríe más esto. Anoche estaba muy caliente conmigo. Mal. Ah, atajate esto. Después que terminó de decirme de todo, me dejó solo, pensando. Me dijo que no tocara ni la tele, ni la play, ni el celular. Que tenía que pensar.

—Te bajó el acelere.

—Antes de cenar, fui a pedirle perdón, pero me frenó.

—¿Eh? Seguir leyendo “Uno para dos y dos para uno”

Le decían Calonga

Esta es la reproducción textual de un hermoso relato de la vida real.


Hay personas de las cuales se recuerda solamente el apodo: su nombre no importa. En el recuerdo quedan su bondad llena de anécdotas y su imagen física. En la vida de “El Calonga” quedaron perdidas las riquezas y una historia de amor desgraciado, pero de ellas prefiero no hablar… Seguir leyendo “Le decían Calonga”