Etiqueta: Noche

Colas de zorro

SALTO AL REVERSO

Cola de zorro

Sutiles colores
que pintan la noche
del gran bulevar
de las penas perdidas.

Humildes las flores,
sin tanto reproche
observan pasar
esas piernas curtidas.

Muy mal van de amores,
se suben al coche,
etéreo pesar
de palmeras dormidas.


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Ejemplar de cola de zorro (Pennisetum sp.) que crece como yuyo en el jardín de una casa abandonada sobre Bulevar Artigas, una arteria montevideana donde tradicionalmente paraban las mujeres del triste oficio, cada una junto a su palmera.

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El faro del Salvo

Palacio_Salvo_lunaComo un enorme elefante vertical, el Palacio Salvo se alza sobre la silueta de Montevideo desde hace noventa años. El que supo ser en su momento el segundo rascacielos más alto de Sudamérica, tiene un hermano en la Avenida de Mayo de Buenos Aires, el Palacio Barolo. El arquitecto de ambos, Mario Palanti, soñó con incluirles faros que los hicieran recíprocamente visibles desde las orillas opuestas del Plata. Hace algunos años, el Barolo se dotó de iluminación nocturna en su cúspide. Ahora es el turno del Salvo.

Hoy viernes a las siete y media de la tarde se inaugura la cúpula luminosa del notable edificio. Pueden ver más detalles aquí. Porque el Salvo también es memoria, es patrimonio ciudadano, es arte. No es feo ni lindo; se impone en el paisaje, puebla todas las postales. Ahora también de noche. Vuelve a danzar al son de la música, como si fuera un eco de la Cumparsita, que hace un siglo viera la luz en este mismo punto del paisaje urbano, tiempo antes de comenzar la excavación de los enormes cimientos de esta mole.

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Diario de mi casa (parte III)

Dicen que después de la noche negra sale el sol. Pero cuando los sentimientos parecen acechar a cada paso, peligra otra borrasca…

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Letras & Poesía

Un día, la abuela Poupée se fue de visita a lo de Marcos, estuvo una semana allá, una tarde cruzó la calle para ir a jugar a la lotería, no vio a ese inconsciente que iba a más de cien por hora. Por eso yo les tengo miedo a los autos.

Qué horrible que fue el velorio de Poupée. Y el entierro, peor. Yo era chico. No me olvido más. Tantos llorando. No podía preguntarle nada a nadie. Y al final no sé si lloraban por la que se había muerto, o por lo que dejó, o por lo que hubiera sido si viviera Florentino, o porque en realidad querían parecer mejores personas. Es raro. Como que todos hablaban de ella, sin ganas, raro. Por hacer cumplido. Nada de hablar mal de un muerto, no. Está mal. Queda mal.

Desde que no está Poupée la casa es muy tranquila. No…

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Uno para dos y dos para uno

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—Fredo, ¿qué pensás hacer con todo esto?

—Está bravo, Gonza. No sé, macho, son muchas cosas todas juntas. Como que… qué se yo… Quiero saber ya mismo todo lo que preciso saber, para poder hacer todo lo que quiero hacer. Me muero de ganas… pero no quiero que me pase nada de todo eso horrible que me dijo el viejo, y quién sabe cuántas cosas más que te podrán pasar —la voz de Fredo no era de miedo, sino de decepción, aunque con un dejo de determinación.

—Vos hablá con los que saben. Seguí hablando con tu padre…

—Ya le volveré a hablar cuando se enfríe más esto. Anoche estaba muy caliente conmigo. Mal. Ah, atajate esto. Después que terminó de decirme de todo, me dejó solo, pensando. Me dijo que no tocara ni la tele, ni la play, ni el celular. Que tenía que pensar.

—Te bajó el acelere.

—Antes de cenar, fui a pedirle perdón, pero me frenó.

—¿Eh? Seguir leyendo “Uno para dos y dos para uno”

Navegante del asfalto

La tercera persona

Mucho solemos hablar de nuestra ciudad tranquila, de un pueblo grande en donde no pasa nada. Pero en medio de la rutina, hay personajes anónimos que corretean de un lado para el otro, viviendo aventuras y desdichas sin solución de continuidad. Alguno, ni sabe bien quién es, pero igual busca, bebe y baila. Y cómo. Seguir leyendo “Navegante del asfalto”