El ómnibus de juguete del banco

Banco Transatlantico omnibusMiro el ómnibus de juguete, ese que dice «BTU», y me llena de ternura. Me acuerdo cuando era un chiquilín, ¡cómo me gustaban esos chiches! En casa había de todo: camioncitos, autitos, un robot astronauta, un trencito a pila y los ladrillitos del Lego. Y, por si fuera poco, a la hora de la siesta me iba a la cocina, agarraba ollas y tapas, y me ponía a hacer ruido, copiando a un baterista. Digan que mi abuela dormía como un tronco, que si no, me hubiera dicho de todo… ¡el nene embromando a la hora de la siesta!

Después salía a andar en triciclo por la vereda con mi abuela o con alguna de mis tías abuelas, que vivían enfrente a casa.

Todo esto pasaba cuando tendría tres, cuatro años, cuando vivíamos en Joaquín Núñez, frente a lo de mis tías. Después nació mi primera hermana, y nos mudamos cerca, a una casa enorme. Había un terreno baldío al lado, con pasto, yuyos, espigas, árboles con espinas, y ¡bichitos! Cómo me gustaba juntarlos, después los llevaba en cajitas para adentro; armaba una casa con los ladrillitos del Lego, y ponía a los saltamontes a vivir en esa casa de fantasía. O los paseaba en camioncitos, ellos se aburrían y se iban lejos pegando un salto.

Después aprendí a leer. Me devoraba cuanta revista encontraba, las cajas de los juguetes, y hasta los letreritos debajo de los chiches.

Y acá volvemos al ómnibus de juguete del principio. Dice «Banco Transatlántico del Uruguay». La palabra «transatlántico» me hacía pensar en barcos enormes, llenos de pasajeros. Una vez, para Reyes, me regalaron un barco para armar, el Graf Spee, y yo ni sabía que era un barco de guerra, pensaba que era un barco de paseo lleno de chiches raros para los pasajeros. Yo lo miraba y leía el nombre…

Unos años más tarde, empecé a leer los diarios; había avisos de chiches, de apartamentos en venta, y de bancos. Pero nada de «Banco Transatlántico del Uruguay». Ese nombre me lo dijo papá, que era contador, un día que lo acompañé a la Ciudad Vieja y empezó a contarme cosas de antes. Mientras íbamos de una oficina a otra, de un banco a otro, yo leía todos los carteles que encontraba. Uno me llamó la atención, «Banco de Cobranzas, Locaciones y Anticipos», otro que también había cerrado, pero ahí estaba todavía el edificio con su cartel.

El ómnibus del BTU pretendía incentivar el ahorro en los niños. Yo nunca tuve un ómnibus-alcancía, pero igual mis padres contadores me enseñaron a ahorrar, y mis dos abuelas y mis tías me regalaban monedas que yo guardaba en un cajón.

Es de no creer cómo se juntan los recuerdos de la infancia: chiches, tías, abuelas, mudanza a otra casa más grande, bichitos, la venida de mis hermanas, aprender a leer y a ahorrar… ¡aprender a vivir jugando!


Relato escrito en 2010 a solicitud de mi docente, la novelista Claudia Amengual.
Presentado a concurso en Jardín de Letras, fue votado ganador por el público lector.
También pueden ver el original aquí.

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Anuncios

3 comentarios sobre “El ómnibus de juguete del banco

¿Qué te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s