Categoría: Obras

Frases de arquitectura y diseño #05

CrystalCathedral

La arquitectura es el arte de gastar el espacio.

Philip Johnson.

Un amigo con rostro de desgracia

rostro Moro

En la entrega pasada te contaba de unos movedizos personajes que, de repente, tienen historia y familia por detrás. También, de otros personajes que todavía quedaban más perdidos. Uno de ellos, absolutamente.

Mientras el barco me llevaba de regreso a Montevideo, surcando las aguas del Río de la Plata, me vino a la mente una imagen de la Escollera Sarandí, ese parteaguas que marca una frontera entre la Bahía y el estuario. Un muchacho solitario, tirado ahí, la mirada perdida en el horizonte, el reflejo en el agua (no se sabe si del sol o la luna). Humo que brota de su boca, no importa lo que fuma. Nada importa. Nada tiene. Nada le queda. El rostro mismo de la desgracia.

Y es otro integrante del cuadro. Va a necesitar mucha ayuda de sus amigos para ponerse de pie y salir adelante. Porque le falta familia. Le falta dinero. Le falta apoyo. Le falta todo.

Muchos días después, con casi todos los personajes más definidos, este muchacho retomó vigor para pedirle cosas al autor. Le pidió un rostro, un físico, un lugar donde vivir. Y mi imaginación gritó: un indígena discriminado, con ecos del poema Tabaré. Pero viviendo en un apartamento viejo y horrible, como recalcando que no pertenece a ese lugar.

Las melodías que acompañaban mi proceso creativo eran todas tristes. Como esta.

Este es Moro, el personaje más triste. Para la semana próxima viene el personaje más amargado. Porque hay para todos los gustos.

Frases de arquitectura y diseño #04

kelly_wearstler_v2_living_room_03

Ama el color.

Toma riesgos.

Sé curioso.

Kelly Wearstler.

Tito domina la cancha

Tito de Mi Mundial

Mi mundial, la película basada en el libro del mismo nombre de Daniel Baldi, destila la esencia del sentir de muchos niños y adolescentes que sueñan con una carrera futbolística. ¿De verdad se puede?

Se logran dos ambientes claramente definidos. Por un lado, un plácido pueblito del medio rural, donde vive una familia muy humilde con un padre sin estudio que trabaja en lo que puede para mantener a tres hijos que dan mucho trabajo. De ellos, Tito se destaca como un fenómeno con la pelota, al tiempo que trata de tapar con picardía su flojera para el estudio. Por otro lado, pronto aparece el ambiente futbolístico de la capital, lleno de muchachos de origen social muy frágil que se dejaron tentar por la gran vida que les prometieron. El camino no será nada fácil para Tito, ese adolescente de trece años talentoso pero poco preparado para tantos cambios repentinos.

Esta película lleva casi tres meses de éxito de taquilla ininterrumpido, un récord para el cine uruguayo. Fui a verla con mi sobrino en vacaciones de julio y quedé impactado. No solo por las excelentes actuaciones de los fogueados actores Néstor Guzzini (un gordo y pobre padre que apenas puede con su vida), Verónica Perrotta (una madre sencilla y discretamente contenedora) y Roney Villela (un representante de futbolistas con aires de traficante de carne humana). La habilidad futbolística del jovencito Facundo Campelo consigue que los más chicos (y los no tan chicos) realmente disfruten con pasión de lo que pasa en esas canchas, se enganchen entusiasmados con la historia, lo sigan a Tito en su camino por los vestuarios y conferencias de prensa hacia una carrera deportiva brillante, para terminar cargando con un hondo dramatismo sobre sus piernas y recibiendo una imperdible lección de vida.

¿Qué esperás? ¿Ya tenés tu butaca?


Leer también un artículo en El Observador (clic aquí).

Ficha de la película en Internet Movie Database.

Ver el tráiler:

Rostros y mañas se hacen amigos

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En la entrada de la semana pasada te comentaba que necesité un papel aparte para que pudieran nacer más personajes, los integrantes de un equipo de fútbol de barrio. Pero lo bastante indefinidos como para que la imaginación no se quedase con ninguna idea fija. Tenés que poder imaginarte a ese flaco inquieto con tres piercings en la oreja izquierda que le guiña un ojo bandido al grandote musculoso que mete miedo… Eso quiere decir que ya hay una complicidad entre esos dos. Y también con el petisito ingenuo que se cree todo lo que le dicen pero que se siente seguro al lado de ellos porque en esa ciudad es un extraño. Ahí tenemos un trío de amigos.

Hay que darles permiso para que se expresen, no solo en el papel, también en el espacio. Imaginárselos con suficiente volumen como para asociar libremente con otras sensaciones. Paco, el grandote musculoso, es retacón, compadre, tiene el empaque de un guapo de barrio («guapo» en la acepción rioplatense del término, lo que en España llamarían «chulo»), es capaz de darle una piña al que hable mal de su abuelo que fue ministro mucho antes de que él naciera. Tóbal, el flaco de los tres piercings, es nieto de un sindicalista que tuvo que exiliarse. El petisito ingenuo es un paisanito de un pueblo del interior, desciende de una familia de caudillos de tierra adentro. Como ves, estoy pintando tres tradiciones políticas diferentes, pero en el país de ahora; trato de mostrar qué queda de todo aquello y qué fue lo que cambió. Porque hay algo que está claro. ¡Están juntos! ¡Son amigos! La metáfora de un país que camina unido, de una sociedad que se abraza (no es necesariamente el retrato de la realidad, pero sí el deseo de que así sea). Y además, jovencitos cómplices que se las saben todas para vivir la noche a pleno. Les gustan las chicas.

Los tres tienen padre y madre. Tóbal tiene un hermano mayor. El Paisa es el sexto de siete hermanos. Estos tres personajes ya tienen familias presentes con sus tradiciones detrás. Los demás integrantes siguen un poco indefinidos, o están como perdidos. Hay que dejar que esas sensaciones vibren solas hasta que esos otros personajes también pidan lo suyo. Ya vas a ver cómo piden. Hasta qué extremos llegan.

Frases de arquitectura y diseño #03

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No existe una casa tan mala que no pueda convertirse en algo que valga la pena.

Elsie de Wolfe.

Los once adoptan rostros y mañas

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Te vengo contando el nacimiento de las primeras criaturas. Primero fue un jovencito de tierras lejanas, después fueron otros dos «de los míos», pero es el comienzo. Apenas un personaje tiene nombre. Hay mucha distancia entre el observador distante, muy discreto, y los otros dos que viven sus cosas con intensidad. Piden a gritos más personajes. Sí, piden a gritos. Porque esos personajes que ni siquiera tienen rasgos definidos ya están pidiendo un equipo.

Así es como se empiezan a delinear más personajes. De manera muy volátil, son gelatinosos, movedizos, inquietos, escurridizos. Pero además, no quiero distraerme del hilo principal del diálogo que hay entre el ligero y el tranqui, que a su vez retroalimenta los comentarios del observador exterior… Todo lo que ya empecé a escribir se necesita recíprocamente para seguir creciendo. Así que tomo otra hoja de papel, aparte, en vez de lapicera uso un lápiz, y empiezo a escribir características que podrían tener los demás. Y en qué contexto se mueven, por supuesto.

Me viene a la cabeza un cuadro de fútbol de barrio. En mi ciudad ha sido tradicionalmente un integrador social muy poderoso. El fútbol jugado en plena calle, en los terrenos baldíos, en el césped ralo de los parques. Es evidente que, además de diferentes posiciones en la cancha, son distintos físicos, temperamentos, rostros. Demasiado para hacer algo exhaustivo, por eso hay que ir sin apuro, poco a poco, darles permiso para que sigan siendo bastante indefinidos.

Son indefinidos. Son adolescentes. Son inmaduros. ¡Obvio que sí! Por lo tanto, si voy a seguir escribiendo sobre más personajes con estas características, no me voy a complicar mucho. En la hojita de papel, escribiendo con lápiz, empiezan a aparecer apodos provisorios para denominar al petisito que mira todo con cara de incrédulo, al forzudo que hace musculación y te da miedo acercarte, al alfeñique calladito y bandido que se las sabe todas, al pobre infeliz al que todo le salió mal, al flaco macanudo loco por los teléfonos celulares. Con esas definiciones se van enriqueciendo los personajes tan indefinidos, se llenan de gestos y mañas, adoptan actitudes reivindicativas de sus roles y espacios.

¡Queremos existir! Los personajes a la búsqueda de autor piden a gritos: ¡¡¡más!!!

La semana que viene vas a tener más, sin duda.

Frases de arquitectura y diseño #02

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En decoración agregá siempre una pieza controvertida. Les da tema de conversación a tus invitados.

Dorothy Draper

Nace la primera dupla de «Amigos orientales»

Te contaba en mi anterior entrada de un proceso creativo en una madrugada solitaria. Una reflexión fue tomando forma sola, fue adoptando un inesperado espesor, el de un personaje. Un «raro» que profería juicios de valor muy duros contra una sociedad. Un par de ojos ajenos que nos miraban a «nosotros» desde afuera. Ahora es el turno de mirar desde adentro. Bien adentro. Atención porque lo que vas a leer ahora fue saliendo todo así, casi sin reflexionar, tal cual.

gonza+fredoSiguen brotando las palabras de la lapicera. Siguen apareciendo rasgos faciales difusos. Todavía sin tener nombre ni rostros definidos aparece como insinuado un dúo de amigos muy jovencitos. Trece años, la edad en la que los cambios hormonales aparecen sin vuelta atrás. Como no tienen nombre (y no quiero apurar esa definición), voy a llamarlos «el ligero» (por apurado) y «el tranqui» (por tranquilo). Esos juegos de opuestos que tanto gustan, que tantas veces suceden en la vida. Que tantas veces me pasaron también a mí.

El ligero está muy apurado con las cosas que le pasan. Hace sin preguntar, lo tienen que frenar. Creció muy de golpe, ya mide un metro ochenta (estatura exagerada para ser latino), se da cuenta de que su estatura le permite pasar por grande si se hace el serio, aprovecha, es muy vivo, se hace el vivo. Muy diferente del tranqui, más sobrio, lento, viene despacito, todavía medio niño (aunque la procesión va por dentro). Este juego de contrastes me lleva a expresar las diferencias en un diálogo muy animado.

El propio juego de contrastes me dicta que el tranqui tiene ancestros nórdicos, tal vez un estereotipo de cabeza fría y racionalidad. Listo, la dupla está hecha, funciona, me sirve, es eficiente. Y pide más. Mucho más.

¿Qué pide? ¿Cómo les doy satisfacción al pedido? En la próxima te cuento.

Zucará

Avatar de Fabio DescalziBLOG SALTO AL REVERSO

Plumerillo rojo

Cual pulpo rojo,
tentadora belleza
que brota vital.


Flor de plumerillo rojo o zucará (Calliandra tweediei) en un jardín de Montevideo.

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Frases de arquitectura y diseño #01

Mies van der Rohe Haus Esters Krefeld

Dios está en los detalles.

Ludwig Mies van der Rohe

Nace Amir, de «Amigos orientales»

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La semana pasada te traje el recuerdo de un personaje que nació de una madrugada de insomnio. Ahora lo vas a ver más en detalle.

En tu país estás acostumbrado a vivir de determinada manera. También es cierto que existen muchas personas que piensan distinto a vos. Y a la vez, ese «nosotros» colectivo tiende a ver a los de afuera como «otros» muy raros, que no pertenecen a «este» lugar, mío y tuyo. ¿Por qué me estoy poniendo así de reflexivo?

Sucede que en octubre de 2014, además de las noticias del ámbito político (se acercaban las elecciones presidenciales y parlamentarias, lo habitual cada cinco años), una novedad ocupaba un espacio importante en los medios: la llegada de familias sirias en calidad de refugiados de guerra. Toda una novedad para muchos. Porque es raro en Uruguay encontrarse con gente que hable árabe. Seguir leyendo «Nace Amir, de «Amigos orientales»»

Nace «Amigos orientales»: la previa

Libros Fabio

Como todo en esta vida, la creación literaria tiene un escenario en el que se desenvuelve. Amigos orientales, ese libro que ahora circula impreso, fue el resultado de un largo proceso que también tuvo su propia escena, su propio trasfondo. Intentaré describirlo de la manera más ilustrativa.

Dicen que detrás de un escritor hay un lector. Respaldo esa afirmación, porque mis letras abrevan en todas esas interminables horas de lectura a lo largo de más de cuatro décadas. Una absorción literaria que, ya antes de leer, comenzó con mis oídos, cuando me narraban cuentos infantiles con gran lujo de detalles. Ese mismo detallismo fue siempre parte inseparable de mi manera de apropiarme de los textos que pasaron por mis ojos. En español y también en otros idiomas que aprendí. En mi vida familiar y social, estudios, trabajo, viajes, sueños. Detalles, muchos detalles.

hotel-carsson-general-2fd80fcCorría octubre de 2014. Terminaba un intenso fin de semana en la hermana ciudad de Buenos Aires. Reencuentro con muchos amigos, adquisición de conocimientos profesionales, comidas elaboradas, compras apuradas, y dos noches de alojamiento en el Hotel Carsson de la calle Viamonte. Esa edificación también significó un reencuentro muy fuerte, porque allá por febrero de 1976 había estado alojado una semana con mis padres y hermana, en nuestro primer viaje fuera de Uruguay. Tenía a flor de piel muchos puntos de comparación, muchos recuerdos remotos que resaltaban con el recorrido por la vida. Todos esos contrastes también invitaban a proyectar escenas de futuro.

Y la soledad de la habitación. Comparando con los amplios espacios en los que alternaba con mis amigos y colegas traductores, de pronto esas paredes parecían muy estrechas. No faltaba confort moderno, tenía conexión a internet y televisión por cable, el contacto con mi familia al alcance de los dedos. Pero esos ratos de soledad en medio del trajín también pedían algo más. Mucho más. No me alcanzaba.

Todo ese cúmulo de detalles, más mi propio recorrido por la vida, deben de haber hecho erupción allá en el fondo de mi ser. De hecho, en el curso de marketing para traductores al que recién había asistido, una voz interior me taladraba la cabeza diciéndome «dale, es ahora, no esperes más». Así, en la madrugada del domingo 19 de octubre de 2014, me desperté sobresaltado con cualquier ruido y ya no pude dormir más. Pendiente de ese «algo más» que estaba esperando que sucediera.

Sucedía que mi cabeza estaba poblada de cosas que hacían fuerza por salir. Al tanteo encendí la luz, busqué en la mesa de luz lapicera y papel, escribí lo que sentía. No fue suficiente, seguí escribiendo. Al rato me di cuenta de que estaba naciendo un personaje, un jovencito que profería críticas contra una sociedad que consideraba perdida.

No es exageración decir que mi primera mesa para escribir literatura fue la almohada. Pero empecé a sentirme incómodo, por eso me senté frente al escritorio y seguí escribiendo. Más molesto todavía. La mesa no parecía la mejor solución, algo me quedaba lejos, necesitaba proximidad. Agarré un cuaderno grande que tenía en mi bolso, lo puse sobre el muslo y seguí escribiendo. Casi con los ojos cerrados. Una conexión de la mente creativa directamente con la mano que arroja tinta al papel.

Así, casi al impulso, salió otra cosa distinta a lo que estaba escribiendo sobre la almohada: el borrador de un diálogo entre dos personajes adolescentes. Muy impetuosas las palabras, sin filtro, se mezclaban el entusiasmo y la improvisación. Un desborde, un descontrol me brotaba, apenas se podía retener en el papel.

¿Quieren saber más de esos primeros personajes? Lo vemos el próximo martes.

Cercanía riesgosa

She_gets_the_penny,_he_gets_the_kiss

Un verano, apenas terminado quinto de escuela, Gonza fue con los padres a pasar las vacaciones en un pequeño balneario del este. Disfrutaron de tres semanas muy tranquilas. Lamentando mucho, eso sí, no haberle podido dar hermanitos a su único hijo. Pero Gonza, siempre activo, hacía cosas, paseaba, recorría, miraba, preguntaba. Sin pausa pero sin prisa, él es así.

En la casa de al lado había una vecinita muy amistosa. Usaba el pelo morocho atado en dos colitas. Gonza le hablaba de autos de carreras, de astronautas, de superhéroes y cracks del fútbol. Ella le seguía toda la charla y le comentaba lo que sabía. Los días pasaban sin apuro, Gonza estaba entretenido sanamente. No era muy de jugar con nenas, extrañaba el fútbol, pero con esa nena le gustó.

Sin saber cómo, una tarde Gonza le empezó a contar que él iba a ser un novio alto y rubio, que un día se iba a casar con una chica morocha. Ella se entusiasmó pensando que hablaba de ella, tan soñadora con príncipes azules y galanes de telenovelas. Porque claro, ella vivía prendida a la tele, no se perdía nada, la abuela ponía programas para ver con las tías, ella se veía todo. La gente se enamora. Y cuando se enamora, se abraza. Y se besa. Y están juntos.

Gonza descubrió, con once años, lo que era una novia. Darle besos. Hasta ensayaron, así como les salió, un beso de lengua. Pasó sin mayor trascendencia; Gonza pensaba que no los miraba nadie. El niño grandote se ponía grande, aunque todavía jugaba como niño. Le faltaba un tiempo para entender eso tan indefinido que se llama preadolescencia.


Extracto de Amigos orientales, disponible en Amazon y en librerías.

Perlas del paraíso

Avatar de Fabio DescalziBLOG SALTO AL REVERSO

Racimos de árbol de paraíso

Gotas castañas,
cual perlas de madera,
invierno suave.


Racimos de frutos de paraíso (Melia azederach) en el ornato público de Bulevar Artigas, Montevideo. Una postal típica de nuestro invierno.

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