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Nace “Amigos orientales”: la previa

Libros Fabio

Como todo en esta vida, la creación literaria tiene un escenario en el que se desenvuelve. Amigos orientales, ese libro que ahora circula impreso, fue el resultado de un largo proceso que también tuvo su propia escena, su propio trasfondo. Intentaré describirlo de la manera más ilustrativa.

Dicen que detrás de un escritor hay un lector. Respaldo esa afirmación, porque mis letras abrevan en todas esas interminables horas de lectura a lo largo de más de cuatro décadas. Una absorción literaria que, ya antes de leer, comenzó con mis oídos, cuando me narraban cuentos infantiles con gran lujo de detalles. Ese mismo detallismo fue siempre parte inseparable de mi manera de apropiarme de los textos que pasaron por mis ojos. En español y también en otros idiomas que aprendí. En mi vida familiar y social, estudios, trabajo, viajes, sueños. Detalles, muchos detalles.

hotel-carsson-general-2fd80fcCorría octubre de 2014. Terminaba un intenso fin de semana en la hermana ciudad de Buenos Aires. Reencuentro con muchos amigos, adquisición de conocimientos profesionales, comidas elaboradas, compras apuradas, y dos noches de alojamiento en el Hotel Carsson de la calle Viamonte. Esa edificación también significó un reencuentro muy fuerte, porque allá por febrero de 1976 había estado alojado una semana con mis padres y hermana, en nuestro primer viaje fuera de Uruguay. Tenía a flor de piel muchos puntos de comparación, muchos recuerdos remotos que resaltaban con el recorrido por la vida. Todos esos contrastes también invitaban a proyectar escenas de futuro.

Y la soledad de la habitación. Comparando con los amplios espacios en los que alternaba con mis amigos y colegas traductores, de pronto esas paredes parecían muy estrechas. No faltaba confort moderno, tenía conexión a internet y televisión por cable, el contacto con mi familia al alcance de los dedos. Pero esos ratos de soledad en medio del trajín también pedían algo más. Mucho más. No me alcanzaba.

Todo ese cúmulo de detalles, más mi propio recorrido por la vida, deben de haber hecho erupción allá en el fondo de mi ser. De hecho, en el curso de marketing para traductores al que recién había asistido, una voz interior me taladraba la cabeza diciéndome «dale, es ahora, no esperes más». Así, en la madrugada del domingo 19 de octubre de 2014, me desperté sobresaltado con cualquier ruido y ya no pude dormir más. Pendiente de ese «algo más» que estaba esperando que sucediera.

Sucedía que mi cabeza estaba poblada de cosas que hacían fuerza por salir. Al tanteo encendí la luz, busqué en la mesa de luz lapicera y papel, escribí lo que sentía. No fue suficiente, seguí escribiendo. Al rato me di cuenta de que estaba naciendo un personaje, un jovencito que profería críticas contra una sociedad que consideraba perdida.

No es exageración decir que mi primera mesa para escribir literatura fue la almohada. Pero empecé a sentirme incómodo, por eso me senté frente al escritorio y seguí escribiendo. Más molesto todavía. La mesa no parecía la mejor solución, algo me quedaba lejos, necesitaba proximidad. Agarré un cuaderno grande que tenía en mi bolso, lo puse sobre el muslo y seguí escribiendo. Casi con los ojos cerrados. Una conexión de la mente creativa directamente con la mano que arroja tinta al papel.

Así, casi al impulso, salió otra cosa distinta a lo que estaba escribiendo sobre la almohada: el borrador de un diálogo entre dos personajes adolescentes. Muy impetuosas las palabras, sin filtro, se mezclaban el entusiasmo y la improvisación. Un desborde, un descontrol me brotaba, apenas se podía retener en el papel.

¿Quieren saber más de esos primeros personajes? Lo vemos el próximo martes.

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Libros en escena

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Un escenario de película, o una librería digna de una ópera. Como quieran expresarlo.

El Ateneo Grand Splendid es una de las más fantásticas librerías de Buenos Aires y del mundo. Se aloja en las antiguas instalaciones de un espectacular teatro.


(actualización después de visitarlo)

El viernes 21 de abril tuve el gusto de visitar este lugar. Y por fortuna no lo hice solo. A las cinco de la tarde nos encontramos en el café de la librería con Dan, Nora, Annette y su esposo Sergio, un hermosísimo encuentro literario.

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Traductores calladitos

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Calladito y tranquilo. Así estaba el traductor de la foto, sentado en el estar del hotel, rato después de salir de un congreso hace casi un año. Libros para leer o mirar, una lámpara con luz cálida, un trago para beber despacito, tablas de madera rústica en un piso que invita a estirar las piernas… y solo, sin hablar. Parecería que los traductores tenemos muy poco para decir cuando no estamos en un congreso, ¿verdad?

Se equivocan. Contraviniendo la imagen generalizada de que la profesión de los traductores es invisible e inaudible, cuando tenemos dónde y cómo nos sacamos las ganas de decir todo lo que queremos. Gracias a colegas como Erik Hansson existen páginas y foros en donde podemos descargar todo eso que nunca decimos.

No se queden con las ganas de saber más. Visiten esta página de Facebook:

Things Translators Never Say

o, en Twitter, busquen la etiqueta #thingstranslatorsneversay o, más fácil, #ttns.

También hay otros artículos sobre esta red social para profesionales:

Dentro de quince días voy a tener el gusto de conocer a Erik en persona, en la Cuarta Conferencia Internacional de AIPTI, Hotel Claridge, Buenos Aires.

Ah, claro, y yo también voy a tener cosas para abrir la boca por mi cuenta. ¿De qué? De un autor llamado Antoine Berman y proyectos de traducción.

Otra cosa más. El estar de la foto es el lobby del Hotel Costa Rica, en Palermo. Me encanta.

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El sujeto traductor y la traducción de culturas: la necesidad de un proyecto de traducción

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El sujeto traductor sufre con su invisibilidad. Al mismo tiempo, su conocimiento es finito. La única manera de lograr la mejor traducción posible para una situación intercultural dada es siendo fiel a su propio proyecto de traducción. Es la única forma en que el sujeto traductor puede estar seguro de jugar limpio ante las incertidumbres que presentan los ámbitos inexplorados. Un tributo a Antoine Berman, filósofo y crítico de la traducción.

Así se resume la ponencia que presentaré en la IV Conferencia Internacional de IAPTI (Asociación Internacional de Profesionales de la Traducción y la Interpretación), que se realizará en el Hotel Claridge de Buenos Aires los días 22 y 23 de abril de este año. Todas las presentaciones serán en inglés.

Pueden ver más información en la página web de la conferencia.

O si lo prefieren, un video de presentación. Cortito, de un minuto.

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¡Epa, qué colorcito! (Gracias, Rioplatofonía)

rioplatense_spanish_area_main_cities¿Querés una birrita? ¿No tenés un tomatito para la ensalada? ¿Por qué no nos sentamos allá, al solcito? ¡Qué carita que tenés! ¡Epa, qué colorcito!

En Uruguay y parte de Argentina se habla la variante geolectal conocida como castellano rioplatense. Aquí les acerco un artículo de otro blog en donde van apareciendo esos modismos que nos caracterizan. Lo más famoso es el tratamiento llamado voseo; pero hay otras características.

Esos diminutivos son, en realidad, eufemismos. La birrita puede ser un balón de cerveza, el solcito es un solazo que nos parte la cabeza, con el tomatito se pretenden en realidad muchos tomates, la carita es de desastre y el colorcito es rojo fosforescente como un semáforo.

Ay, les voy a pedir un favorcito… Sigan leyendo en el blog Rioplatofonía; la mayor parte del artículo es en inglés, pero los giros y términos están todos en rioplatense de pura cepa: [#028] ¡Epa, qué colorcito!

Hygge, dolce far niente

hotelcostarica_dolce-far-nienteQue la lengua se llena de neologismos no es novedad. Más si se tiene en cuenta el ritmo vertiginoso al que cambian las modas y lo que se considera actual. Hace pocos días aparecían artículos que hablaban de la felicidad de los daneses, resumían esto en un concepto bien escandinavo, hygge. Se refiere a momentos acogedores de los que suelen disfrutar en ese pequeño pero agradable país. Una forma de disfrute que contrasta, choca, entra en conflicto con ese ritmo vertiginoso que nos impone el día a día. Seguir leyendo “Hygge, dolce far niente”