Etiqueta: Cine

Tito domina la cancha

Tito de Mi Mundial

Mi mundial, la película basada en el libro del mismo nombre de Daniel Baldi, destila la esencia del sentir de muchos niños y adolescentes que sueñan con una carrera futbolística. ¿De verdad se puede?

Se logran dos ambientes claramente definidos. Por un lado, un plácido pueblito del medio rural, donde vive una familia muy humilde con un padre sin estudio que trabaja en lo que puede para mantener a tres hijos que dan mucho trabajo. De ellos, Tito se destaca como un fenómeno con la pelota, al tiempo que trata de tapar con picardía su flojera para el estudio. Por otro lado, pronto aparece el ambiente futbolístico de la capital, lleno de muchachos de origen social muy frágil que se dejaron tentar por la gran vida que les prometieron. El camino no será nada fácil para Tito, ese adolescente de trece años talentoso pero poco preparado para tantos cambios repentinos.

Esta película lleva casi tres meses de éxito de taquilla ininterrumpido, un récord para el cine uruguayo. Fui a verla con mi sobrino en vacaciones de julio y quedé impactado. No solo por las excelentes actuaciones de los fogueados actores Néstor Guzzini (un gordo y pobre padre que apenas puede con su vida), Verónica Perrotta (una madre sencilla y discretamente contenedora) y Roney Villela (un representante de futbolistas con aires de traficante de carne humana). La habilidad futbolística del jovencito Facundo Campelo consigue que los más chicos (y los no tan chicos) realmente disfruten con pasión de lo que pasa en esas canchas, se enganchen entusiasmados con la historia, lo sigan a Tito en su camino por los vestuarios y conferencias de prensa hacia una carrera deportiva brillante, para terminar cargando con un hondo dramatismo sobre sus piernas y recibiendo una imperdible lección de vida.

¿Qué esperás? ¿Ya tenés tu butaca?


Leer también un artículo en El Observador (clic aquí).

Ficha de la película en Internet Movie Database.

Ver el tráiler:

Las ballenas azules

Dos hermanas muy ancianas. Dos vidas muy largas. Dos mochilas muy pesadas.

Bette Davis y Lillian Gish llenan la pantalla en esta película de 1987, The Whales of August (disponible en español con el título de Las ballenas de agosto).

Si esperan ver las ballenas azules, se van a quedar con un poco más de ganas, apenas las pueden avistar en la lejanía. Pero estas personas demuestran que sí se puede vivir hasta el final. Intentar vivir con plenitud hasta el último soplo de vida.

No como esos macabros juegos que inventan algunos que dicen no encontrar el sentido de la vida…

Traducir humor es asunto serio

En este video de la década de 1980, el Toto Paniagua (Ricardo Espalter) se comporta con torpeza ante una dama (Gabriela Acher) mientras desde otra mesa lo aconseja con gestos su profesor de modales Claudio (Enrique Almada), en tanto el mozo (Andrés Redondo) desaprueba con modales amanerados y desde la barra otros dos (Julio Frade, Berugo Carámbula) miran con caras raras. Las palabras parecen sobrar, predomina un lenguaje visual propio del cine mudo, que casi parece pantomima. Universal es el lenguaje del humor, ¿eh?

Pero no siempre es así. La mayoría de las veces, es imprescindible la palabra para hacer reír. Estos uruguayos que hacían humor en Argentina eran unos genios, sabían cómo cruzar varios límites, no solo geográficos. Pero muchas veces, al cruzar una frontera, un chiste que nos haría rodar por el piso no tiene ninguna gracia para los otros. Sostenía el semiólogo Umberto Eco que lo trágico y lo dramático son universales, pero lo cómico no. Y no es fácil encarar el reto de trasladar el mecanismo que sirve para romper esquemas preestablecidos: el ridículo de otros, los tabúes sexuales y escatológicos, los insultos, la violencia, la burla, la payasada o imitaciones satíricas. Muy difícil si es en una película o programa de televisión.

No tanto en la literatura, un producto cultural que se consume de modo más reposado. Los lectores están dispuestos a invertir tiempo en el disfrute. Además, quien lee un libro busca también ampliar su conocimiento; entender el humor de otro país puede ser placentero para un lector con ánimo de mejorar su acervo cultural. Muchas veces, la traducción del humor pasa por explicar en una nota a pie de página qué es lo cómico; así, no se elimina la esencia del original. Es común que la traducción del humor sea literal o incluso inexistente, manteniendo la expresión en el idioma original como táctica para generar conocimiento a partir de la explicación que se nos ofrece en las notas al pie.

La traducción del humor supone un proceso de adaptación cultural que no resulta sencillo en ningún caso. Se trata de un trabajo que solo pueden realizar con garantía los profesionales más creativos y con más conocimiento de las culturas origen y meta.

Y no es broma.

Películas que reflexionan sobre el arte de escribir

Fuentegrís Escritor

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La metaliteratura es muy útil y conveniente. No sólo podemos aprender a partir de la propia experiencia, sino a partir de la experiencia de otros gracias a sus escritos (como sería el caso de este modesto bloguero). No menos interesante es acceder a obras cinematográficas que reflexionan de una u otra manera sobre el oficio del escritor. Yo, desde luego, recomiendo a todo escritor (amateur, profesional, famoso, desconocido, etc.) a que visione alguna o todas estas obras. De una u otra manera siempre recogen (más allá de la calidad de la cinta) enseñanzas válidas y además nos proporcionan disfrute por tratar un asunto con el que sin duda nos veremos identificados de alguna manera.

Me resulta curioso cómo, de entre las películas en torno a escritores o escritoras que me atraen, figuran varias cintas de terror. Tal vez se deba a que el escritor y su mundo imaginario que lo…

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Cuando no nos dejaban usar calculadora

Eran otras épocas. Usábamos más la cabeza. Otra no nos quedaba. No teníamos celulares ni tablets. Tampoco había música ni televisión en el liceo, ni pensarlo. Para colmo, prohibiciones. Nada de pelo largo, nada de piercings (¡sólo las nenas usan caravanas!), nada de calzado deportivo, nada de ropa colorinchuda. Nada de muletas tecnológicas, hay que pensar con la cabeza y hacer con el lápiz. Es así como lo leen: se prohibía usar calculadora en clase. Había que calcular las sumas, restas, multiplicaciones y divisiones a mano. Y hasta raíces cuadradas. Todo. Seguir leyendo “Cuando no nos dejaban usar calculadora”