Etiqueta: Solidaridad

Emoción en mis manos: #TextosSolidarios

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Los amigos de la foto te sonríen muy contentos. Te hacen gestos y señales amistosas con sus manos. Yo, con las mías, uso el teclado para decirte que estoy muy emocionado.

Porque tengo en mi computadora la maquetación del libro El mundo en tus manos. Desde luego que todavía queda mucho trabajo por delante, pero esto ya tiene forma tangible, una distribución por capítulos, una búsqueda de la estética de los llenos y vacíos, todo eso que compone una publicación de unas doscientas páginas. Con textos largos y cortitos. Con poemas y relatos. Con comentarios y acotaciones, infaltables en todo libro que tenga personalidad. Que esté pensado para un público. Para vos.

Gracias a la labor de Isra y el equipo de redacción. También, gracias a vos.


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A los colaboradores de #TextosSolidarios

Padre_Paloma_AfricaPaloma Velilla es una colaboradora del equipo de redacción del proyecto Textos Solidarios. Su padre trajo un comentario muy conmovedor sobre su propia experiencia, esa misma que Paloma volcó en forma de relato para incluir en el libro El mundo en tus manos, que pronto vas a tener en tu cabecera.

Me permito copiar acá su foto, que va con el relato, y sobre todo copiar sus palabras, porque creo que vos también merecés leerlas. No quise cambiar el texto, donde dice “tú” quiere decir “vos”, donde dice “a tí” quiere decir “a vos”, y el fuerte abrazo, viniendo de esas manos, es capaz de abarcarte también a vos y a más de cien personas. Esta página es apenas un vehículo para que las palabras de Luis trasladen su agradecimiento a todos y cada uno de los que colaboramos en Textos Solidarios. Y no voy a comentar más de estas palabras; tenés que leerlas.

Así dice el doctor Luis Velilla:

Paloma me ha mandado tu comentario y sólo quería darte las gracias por tu proyecto.

Gracias porque en buena medida estas iniciativas dan voz a todas aquellas personas a las que no pudimos ayudar, a las personas que murieron cerca de nosotros con sus ilusiones y esperanzas detenidas para siempre. Ver tanto horror paradójicamente nos pone en camino hacia esa región dentro de nosotros mismos donde en algunos momentos privilegiados hemos conocido la paz y el amor a pesar de todo.

Hay algo mucho peor que haber muerto en Ruanda y es haber matado en Ruanda o haber sido indiferente y seguir viviendo con eso.

Una mañana después de haber operado a un pequeño de dos años y a su madre que habían sido degollados salí del hospital a respirar. Vi un cielo azul sereno y hermoso. El viento era suave y todo estaba lleno de flores y de belleza. Las lágrimas comenzaron a brotar. Tanta paz me parecía un escándalo. La belleza de las flores y los cantos de los pájaros, se convirtieron esa mañana en una aberración que no encajaba ahí de ninguna manera. Era como si el universo no se sintiese dolido, era una inmensa indiferencia universal y eso me hacía mucho daño.

Esa impresión me duró muchos años. Me propuse no olvidar nunca por mucho que doliera. En realidad nunca he querido olvidar nada.

Un día muy lejos de allí mientras paseaba entre flores sin sangre, comprendí algo importante. El universo habría sido indiferente al terror de aquellos días si nadie hubiese estado allí para echar un mano. La prueba de que nada es indiferente es que hay gente que va, que se arriesga, que no pasa de largo, locos tal vez cuyo único mérito es no poder soportar ese dolor sin hacer nada.

Así que en nombre de la gente que va a todas las Ruandas del mundo y de sus familias, en nombre de todas las “Palomas” que sueñan con volver a abrazar a sus padres, en nombre de los que murieron en nuestros brazos, de los que no pudimos salvar y de los que sobrevivieron, en nombre de la humanidad que sufre aún, te doy muchísimas gracias por contribuir a que nunca se olvide. No olvidar es algo que les debemos a todos los que murieron durante aquellos días de brisa suave y flores.

Una vez más, gracias a vos por leer. Gracias a todos los que colaboran con nosotros.


Fuente: página de Textos Solidarios en Scripto.es.

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Sensaciones solidarias.

Sensaciones solidarias.

El Destrio

Mi participación en Textos Solidarios me deja un montón de sensaciones, que una por una y en su conjunto hacen que el esfuerzo realmente merezca la pena.

Una de ellas es que cuando ayudas, te ayudas a ti mismo. Y no porque te sientas mejor o peor, sino porque te sientes capaz. Porque descubres que puedes hacer algo, que sirves (¡Qué gran verbo servir, tan despreciado y tan valioso a la vez!). Esa capacidad de servir te reubica en tu propio mundo y te muestra un camino para ser mejor persona. En un mundo que vive para servirse de todo, ser capaz de Dar marca la diferencia.

Otra, no menos importante, la descubres en los demás: es la voluntad, la disposición para confiar en una buena idea y asumirla como propia. ¡Hay tanto esfuerzo detrás de este proyecto! ¡Tantas buenas intenciones que se convierten en hechos! Vuelves a creer en…

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Solidaridad con el talento joven

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AEGIS es un equipo de jóvenes talentos nepaleses, estudiantes de Ingeniería en Computación en el campus de Pulchowk de la Universidad Tribhuvan. Fueron galardonados con el Hult Prize en su campus, y ahora van por el premio mayor, a participar en el 8th Annual Hult Prize Challenge, con la consigna “Refugiados: el renacer del potencial humano”.

Para poder participar, ellos merecen nuestra ayuda. Ante la extrema escasez de recursos reinante en su montañoso país, decidieron iniciar una campaña de micromecenazgo (anglicismo: crowdfunding). Lean más aquí: https://www.gofundme.com/sfkjnmph

(El de amarillo es Sushant Gautam, nos hicimos amigos a través de Wikipedia).

Mejor en equipo

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Hace más de dos años comenzó mi aventura de producción literaria.

Hace algo más de seis meses inicié mi incursión en la blogósfera.

Hace unas cuantas semanas fui convocado para integrarme a Textos Solidarios.

Les aseguro, me hizo sentir mucho mejor.

Cuando empezó esta idea no era más que buenas intenciones y propósitos; poco a poco ustedes fueron recibiéndola, creyendo en ella y haciéndola suya. Hasta tal punto que hoy emociona mirar atrás y comprobar que el libro empieza a ser una realidad gracias a los casi cien textos recibidos y al esfuerzo y el compromiso de muchas personas.

Se podría escribir otro libro solo con los mensajes que hemos ido recibiendo, tal vez un libro menos creativo, pero también mucho más real. Un libro muy repetitivo donde las frases “¿Qué necesitan?”, “¿Cómo puedo ayudar?” y, sobre todo, “mucho ánimo” (o el criollísimo “vamo’ arriba”) aparecerían varias veces en cada página. Son frases que reflejan el verdadero espíritu del libro, y que honran a todos quienes nos las enviaron.

Y emociona también comprobar el esfuerzo del equipo que trabaja duro para llevar el proyecto adelante. Personas que han hecho suyo este propósito y que tiran del carro continuamente con un único objetivo y una enorme responsabilidad: hacer el mejor libro posible con todo el material que nos van enviando. Ana, Lidia, Rodri, Xabier, Luis, Isra y quien estas líneas escribe Seguir leyendo “Mejor en equipo”

Un proyecto literario y solidario

Un proyecto literario y solidario

Un colega bloguero inició esta movida de un proyecto de carácter literario con intención de ayuda. Léanlo, está bueno. Síganlo en @twitter con la etiqueta #TextosSolidarios.

El Destrio

Creo firmemente que escribir puede ser útil para los demás. Quienes lo hacemos tenemos el poder de comunicar, de transmitir sentimientos e ideas, y también de generar emociones y conocimiento en quienes nos leen. Un cuento, un poema o una novela pueden ser una vía de expresión, un ejercicio que es parte de un proceso de aprendizaje, una forma de abrirnos a los demás y de desarrollar nuestra creatividad e incluso un mero divertimento, pero además de ello cualquiera de nuestras creaciones pueden servir a la sociedad. Desde esta perspectiva escribir es un medio lograr para fines más elevados.

He escogido el titulo de esta entrada con mucho cuidado. Quería llamar la atención, pero no de cualquiera: Solo de esa clase de personas que reaccionan ante una necesidad, que están dispuestas a ayudar cuando piensan que hacen falta. Porque esas personas disponen del segundo componente: La voluntad de ayudar.

Estos dos componentes,

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Sufrido pesar

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Detalle de El Descendimiento de la Cruz, de Rogier van der Weyden (1435).

Una necrológica municipal. Un lugar vacío adonde no va nadie. Pero los amigos sí que fueron.

Moro les pidió para estar primero él solo.

—Déjenlo tranquilo. —Tris sabía que Moro no quería que vieran sus lágrimas.

Entró a ese lugar, donde el cajón descubierto lo hizo estallar en llanto. Moro pegó con los puños en la pared mientras seguía gritando y llorando. Todos se pusieron muy nerviosos con ese olor a plástico quemado y pétalos mustios. No era normal.

—¡Así no! ¡Este pibe se terminó de enloquecer! —dijo Pedri, ofuscado.

—Esto no me gusta. Voy a entrar ya mismo —dijo Tris, más enojado.

Gonza apartó con sus brazos grandotes a los demás. No se podían apurar a entrar. Tris lo conocía más, sabía lo que hacía. Cuando entró, vio a Moro tirado en un rincón, tapándose la cara con las manos. Frente al cajón había una gran corona de claveles rojos; en donde habría estado la cinta con el nombre, las flores estaban chamuscadas.


De a poco fueron entrando los demás.

Cuando hay duelo, uno tiene que hacer lo que siente.

El Paisa, con toda sencillez, se acercó al cajón, se santiguó, estuvo unos instantes con la cabeza gacha, los ojos semicerrados. Hizo una reverencia cortita, volvió a santiguarse y se apartó.

Casi todos se fueron persignando, algunos sin ganas. Les preocupaba más el dolor de Moro.

Pili les dio la mano a Andy y a Jagu. Con candor pronunciaron la plegaria a Dios y a la Virgen del Pilar, por el descanso de esa alma. Después, hicieron silencio.


Nadie se inmutó con lo que había en el cajón, justo al lado del rostro de la difunta.

Un clavel del aire.

Moro sí se imaginaba quién lo podría haber traído. Alguien que no tenía ni para comprar una margarita.

¿Gabi?

¡Cobarde! Entró, miró y voló. Antes que todos. ¿Cómo supo?

No.

Mejor dejar las cosas así. No preguntes nada. No cuentes nada.

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