Etiqueta: Diario

Una ficción intercultural

El centenario periódico El Telégrafo, de la norteña ciudad de Paysandú, tuvo la cortesía de realizarme una entrevista acerca del libro Amigos orientales. La misma se publicó en la edición impresa del pasado domingo 20 de agosto. Aquí la reproduzco en versión digitalizada.

Amigos Orientales en El Telégrafo grande

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Diario de mi casa (parte V)

Pero ¿qué diablos querés? Dejate de escribir esa pavada de diario, rompelo, quemalo, y ¡andá a vivir afuera, a conocer la calle!

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Letras & Poesía

No me soporto a todos esos que me viven sobrando.

Pero Paquito es distinto. Paquito es tan buen tipo… ¿Por qué no seré más amigo de él, si él quiere ser mi amigo?

Siempre se aparece, así, todo… moderno. Con campera y vaquero. Y siempre de championes.

A mamá no le gusta que salga de championes. Dice que es desprolijo.

¡Qué ganas que tengo de comprarme un buen par de championes marrones!

¡Qué linda que es esa camisa rojo sangre que hay en la tienda de Veintiuno!

¡Qué bueno que está el vaquero americano que venden al lado!

Y una campera, de esas como militares. O mejor, de cuero negro.

Si me compro eso, me lo pongo… es como que no soy yo.

¡Ja ja ja ja! Yo, vestido como un motoquero. Rudo. Con cara de malo.

Y si me rapo toda la cabeza, quedo más malo. Feo y malo.

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Diario de mi casa (parte IV)

Las palabras nunca escritas en el diario, ese que fue quemado. Las dudas que quedaron como tales. Las cenizas de los recuerdos que todavía flotan en el aire de aquella época…

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Letras & Poesía

Nunca hablo con papá de eso que me pasa. Con mamá, ni loco.

Es raro, porque me parece que con papá hablaría. Pero no sé por qué él no me habla. ¿Le tendrá miedo a mamá?

Yo ya estoy empezando a imaginar cosas. Pero no, mejor, no me las imagino. Porque si abro la boca, capaz que se arma lío.

Que no se enteren.

Además, ellos van a misa, los curas andan rezongando con el pecado y eso.

Me estaba acordando hoy de Paquito. ¿Y si lo llamo?

Capaz que viene hoy de noche. Dicen que él siempre cae a todos lados de sorpresa, se sube a fiestas, va a las casas, se hace amigo de los padres.

Capaz que Paquito viene y les habla. Nos habla.

Pero vamos de a poco. Primero voy a seguir estudiando, después voy a conseguirme un trabajo, entonces voy a ver qué hago con…

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Diario de mi casa (parte III)

Dicen que después de la noche negra sale el sol. Pero cuando los sentimientos parecen acechar a cada paso, peligra otra borrasca…

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Letras & Poesía

Un día, la abuela Poupée se fue de visita a lo de Marcos, estuvo una semana allá, una tarde cruzó la calle para ir a jugar a la lotería, no vio a ese inconsciente que iba a más de cien por hora. Por eso yo les tengo miedo a los autos.

Qué horrible que fue el velorio de Poupée. Y el entierro, peor. Yo era chico. No me olvido más. Tantos llorando. No podía preguntarle nada a nadie. Y al final no sé si lloraban por la que se había muerto, o por lo que dejó, o por lo que hubiera sido si viviera Florentino, o porque en realidad querían parecer mejores personas. Es raro. Como que todos hablaban de ella, sin ganas, raro. Por hacer cumplido. Nada de hablar mal de un muerto, no. Está mal. Queda mal.

Desde que no está Poupée la casa es muy tranquila. No…

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Diario de mi casa (parte II)

Los recuerdos que no fueron, a veces, parece que estuvieron. Reposan como polvillo en los anaqueles de la biblioteca. Las finas cenizas de la quema del diario se van posando en todas partes. Cuanto más adentro, más se palpan…

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Letras & Poesía

No sé si hice bien en cambiarme de colegio. Estaba incómodo en el británico, les insistí tanto a papá y mamá que quería cambiarme al de los vascos, que al final les gané por cansancio. Pensé que iba a estar mejor, que iban a ser más buenos conmigo. Pero no cambió nada. Los chiquilines seguían siendo los mismos brujos bestias que en todos lados. Me patoteaban, me bobeaban, me trataban de cualquier cosa. Muy mal. Nadie escuchaba mis quejas calladas.

Yo siempre volvía desganado a casa. Dejaba las cosas, cruzaba la calle, me iba un rato a lo de Ema, les tocaba timbre. Ahí, Noelia me servía un tecito y charlaba conmigo, me consentía un rato. Después venía Ema, ponía orden, yo me sentaba derecho, le decía que sí a lo que ella me decía, todo terminaba tranquilo. Les daba un beso a las dos, y me volvía a casa…

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Diario de mi casa (parte I)

Ya no quedan ni las cenizas de los recuerdos que no fueron. Un diario quemado en la hoguera del que se rescataron fragmentos. Cualquier parecido con la coincidencia es…

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Letras & Poesía

El cenicero está vacío en el medio de la mesa ratona. Papá dejó de fumar hace años. Mamá siempre se quejaba del olor a toscano. Ahora la alfombra está divina, bien tersa y con olorcito a lana. Da gusto tirarse y revolcarse. Uno de los gustos que me doy en casa.

Todavía no llegan papá y mamá. A veces se demoran, cuando hay tráfico para volver del Centro. O cuando tienen que pasar a hacer algún mandado por Dieciocho.

Hoy cumplo veinte. Tal vez fueron a comprar algún regalo, o alguna otra cosa.

No festejamos mucho. Yo nunca fui muy de las fiestas.

Pero ahora estoy empezando a pensar en otras cosas. Conseguirme un trabajo, a ver si hago experiencia y empiezo a tener mi plata.

La plata. Esa cosa por la que tanta gente discute. Que hace tanta falta para vivir y darse gustos. Pero que algunos amontonan sin…

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Primicias de 1997

diario-el-pais-abril-de-1997Van casi veinte años de esta publicación en las amplias páginas de EL PAIS de Montevideo. Allí aparezco agachado, bien al medio, inconfundible mi cabeza redonda con una frente muy, muy ancha. Formé parte del equipo de redacción del matutino montevideano, me desempeñaba en el área de armado en pantalla. Estaba instalado entre los correctores de textos y los operadores de imágenes. Escuchaba las conversaciones de los periodistas, noteros, reporteros gráficos y corresponsales. También pude ver y tocar el embrión de la publicación en línea del diario. Seguir leyendo “Primicias de 1997”