La hiedra cubre la pared de más de diez metros de alto; los bichitos se arrastran por entre las hojas amarronadas, algunos ciempiés se confunden con los tallos llenos de raicitas. También las arañitas se animan a anidar entre el follaje, seguro que ahí siempre llegan otros bichos para alimentarles la cría. Hasta un camino de hormigas se abre paso, como en busca de un tesoro perdido. En realidad, como nos dijeron en el vivero, son cuatro especies de planta trepadora: la hedera verde y blanca, la hiedra alemana de adusto verde petróleo, la ampelopsis de noble color rojizo, y la ficus con sus hojitas redondas; entre las cuatro forman una masa tupida y multicolor, llena de vida; todo un mundo en una pared alta.
Pero Lucas no está para disfrutar con eso hoy; mañana tiene que hablar con el jefe, y ¡cómo lo pone de mal humor bancarse a…
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Desde el blog de 

Almada, D’Angelo, Soto, Espalter, Vidal, en una escena de Telecataplum en los años 60. 

Nacido en Uruguay, fue uno de los principales referentes intelectuales latinoamericanos del siglo XX junto a otras personalidades de la vida social, política y cultural tal como lo fueron José E. Rodó y Vaz Ferreira, Carlos Quijano y el gran ensayista Carlos Real de Azúa. Su labor pionera lo sitúa junto a José Gaos (1900-1969), Francisco Romero (1891-1962), Leopoldo Zea (1912-2004), Gregorio Weinberg (1919-2006) y Arturo Andrés Roig (1922). Su pensamiento escudriñó varias direcciones de la “inteligencia nacional” al trazar un mapa de la evolución de las ideas y al propiciar una formidable ampliación de los campos de investigación en Ciencias Humanas.
Vivimos en un mar de hiperinformación.
