
Anoche murió la tradicional manera de hacer política.
Anoche se acabó el estilo políticamente correcto.
Anoche arrasó la llaneza. 9/11, 11/9… tanto da.
Se terminó de desdibujar la frontera entre un “disculpe” y un “no te soporto”. Se borronéo, desapareció. Lo que hay es lo que hay.
Y con esa misma llaneza, ahora viene la proclama.
Hablen claro. Abran la boca y díganlo: quiero poder y plata. O: quiero fiesta, quiero vivir sin trabajar, no me importa nada. O…
Solemos decir con ironía “mentime que me gusta”. Pero a Crispín no le gustan las mentiras. No sabe que le ocultan cosas, no sabe las falsedades, hasta que se entera. Y ahí, sí que cambia.
Si hay tipos capaces de detectar la frustración, la intolerancia y las ganas de odiar, e ir a buscar ese voto… también hacen falta otros tipos. Capaces de detectar a los millones de desencantados bienintencionados que andan por todos lados. A los pibes buena onda. A las chicas voluntariosas. A los que de verdad buscan comprensión, tolerancia, convivencia pacífica. Que les digan: ¡arriba que se sí puede!
¿Crispín candidato?
Nota inspirada en la inesperada victoria electoral estadounidense.
Que Dios ilumine a los de arriba y también a los de abajo. Sin más vueltas. Porque las palabras sobran. Ahora, más que nunca, están de más.
Que ocurran cambios como el que sucede entre la historia que pueden leer aquí y esta otra posterior.





Desde el blog de 

Almada, D’Angelo, Soto, Espalter, Vidal, en una escena de Telecataplum en los años 60.
Quiero agradecerles a todos los amabilísimos visitantes que, día a día, le dan razón de ser a este blog. Hace instantes, nada más, totalizaron diez mil vistas de estas páginas.


Nacido en Uruguay, fue uno de los principales referentes intelectuales latinoamericanos del siglo XX junto a otras personalidades de la vida social, política y cultural tal como lo fueron José E. Rodó y Vaz Ferreira, Carlos Quijano y el gran ensayista Carlos Real de Azúa. Su labor pionera lo sitúa junto a José Gaos (1900-1969), Francisco Romero (1891-1962), Leopoldo Zea (1912-2004), Gregorio Weinberg (1919-2006) y Arturo Andrés Roig (1922). Su pensamiento escudriñó varias direcciones de la “inteligencia nacional” al trazar un mapa de la evolución de las ideas y al propiciar una formidable ampliación de los campos de investigación en Ciencias Humanas.
