Con mucha satisfacción les cuento a los lectores que, a partir de hoy, comienzo a contribuir en el blog Salto al Reverso. Ya pueden verme en la lista de autores. Gracias a la bloguera Crissanta y a todo el equipo de Salto al Reverso por su labor y por aceptarme.
Un lugar extraordinario que visitamos en familia allá por mayo de 2009. Parece recortado con la tijera de otro paisaje e insertado en Colonia (aunque, la verdad, no es lo único que parece recortado y pegado ahí, el departamento de Colonia está lleno de maravillas para todos los gustos). La residencia presidencial de verano de Anchorena es imperdible. Anímense a visitarla. Tienen más fotos aquí, en Wikimedia, o en mi álbum de Facebook.
Hace más de un siglo, un acaudalado joven argentino aterrizaba en tierras uruguayas. Era pionero de la aviación, amigo de Jorge Newbery y de Santos Dumont. Pero su madre temía por su vida y no quería dejarlo volar. Como incentivo para que se quedase en tierra firme, le regaló una estancia junto a la desembocadura del río San Juan, en el Departamento de Colonia. Ahí, Aarón de Anchorena se dedicó a volar con su imaginación y hacer realidad lo que soñaba. En 1965 fallece sin hijos y le lega al Estado uruguayo su finca.
Rodeada de un fabuloso parque con especies vegetales de varios países, la residencia combina los estilos Tudor y normando. Oficia de lugar de veraneo de los presidentes uruguayos. Aquí han sido recibidos numerosos dignatarios como Felipe González, la princesa Ana de Inglaterra, George W. Bush, Cristina Kirchner, Lula da Silva y Mauricio Macri. También recibe público…
Este es el árbol de los deseos,
esa es la brisa de los floreos.
Brota como el verde de tus ganas,
nieva como el blanco de tus canas.
Se calman las hojas, lo siento;
se vuelan las hojas al viento.
Plegaria de rodillas como un ruego,
invierno con anhelos de otro fuego.
¿Cuál es la historia de este poema? Aquí se las cuento.
Luis Eduardo, bloguero de Messieral, convocó meses atrás a un certamen de poesía. Participé con este poema, inspirado en la imagen de portada, obra de Karen Huertas (digan la verdad: ¡qué imaginativa!). Fui distinguido con un ejemplar de su obra como premio. Ahora publicó mi poema en su blog, junto con otros que también participaron. Están invitados a pasar a leerlos.
En Semana Santa de 2007 mi familia y yo visitamos un rincón de nuestro país: la Posta del Chuy, cerca de Melo. Poco después escribí el correspondiente artículo en Wikipedia. También subí algunas fotos. Hoy apareció la publicación en el blog amigo «Historias con Hache de Herce». Disfruten de estas postales, me traen plácidos recuerdos.
Hoy visitamos un lugar remoto, en un rincón de Sudamérica: la República Oriental del Uruguay. Ubicada en el departamento de Cerro Largo, tierra de caudillos y cercana a la frontera brasileña, se emplaza la Posta del Chuy. A orillas del arroyo Chuy del Tacuarí se alza la venerable edificación, construida en piedra, allá por 1855. Fueron dos empresarios vascos franceses de apellido Etcheverry quienes le dieron vida a este punto tan importante en el transporte de aquella época, una posada para viajeros que se desplazaban en diligencia entre dos ciudades, distantes entre sí 90 km. Hace pocas décadas fue recuperado e inaugurado como museo histórico. El conjunto, que incluye un puente de piedras unidas sin argamasa, es único en Sudamérica. Este domingo la imagen me la envía @fadesga de «El blog de Fabio«, gracias. ¿Quieres aparecer en esta sección? Mándame tus fotos de los lugares que hayas visitado a historiasconhachedeherce@gmail.com o a
En un arranque de nostalgia por el pasado (ya veremos cuál de todos), escribí sobre una manifestación artística muy en boga allá por los años setenta. Y este es el video que me inspiró:
En la fotografía, la Generación del 45, grupo de literatos uruguayos, reciben al poeta español Juan Ramón Jiménez y su esposa. De izquerda a derecha, de pie: Maria Zulema Silva Vila, Manuel Claps, Carlos Maggi, María Inés Silva Vila, Juan Ramón Jiménez, Idea Vilariño, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama. Sentados: José Pedro Díaz, Amanda Berenguer, Zenobia Camprubí, Ida Vitale, Elda Lago, Manuel Flores Mora.
Fuente: Wikimedia.
Vivimos en un mar de hiperinformación.
Navegamos en un océano de conmoción.
Buscamos identidad, vida y certezas;
por eso, valoramos mucho la franqueza.
Al bloguear por aquí y por allá,
vamos hallando a alguien más acá.
Nos acercamos desde muy lejos;
encontramos, al fin, nuestro espejo.
Olvidan todos que es la misma hiperacción
de encontrar un amigo de graduación,
se cuentan la vida de puras grandezas
al poco andar te revela sus tristezas.
Seamos honestos en compartir la verdad,
que para exceso de información tenemos ya
una montón de políticos mirando sus reflejos,
entre sombras de desilusión y salen ilesos.
La revista literaria Luz de Candil publica relatos y poemas de autores varios. Le agradezco esta valiosa iniciativa a Belén, responsable de su edición, y a la bloguera Belita, que ha contribuido a darle difusión. Y tengo el gusto de anunciar que en las páginas 37 a 45 está publicado un relato de mi autoría, La peluca de rastas. Que disfruten de la lectura.
Ya está aquí el número 3 de la revista, realizado con dedicación y cariño. Quiero agradecerle a todos los escritores que han participado en ella su inestimable colaboración, y recordarles que siempre son bienvenidos al proyecto. A los nuevos visitantes, decirles que se animen a enviar sus historias hasta el 30 de septiembre.
Para acceder al archivo, solo tienen que ir al apartado «números publicados«, donde lo encontrarán tanto para ver en línea como para descargar.
(Nota: para descargar el archivo, hagan clic en la imagen del lateral izquierdo . Si necesitan un lector de PDF pueden descargarlo gratuitamente desde la web oficial).
Esperando sus sugerencias o notificaciones, me despido con un fuerte abrazo hasta la próxima entrada: ¡feliz lectura!
En la fecha se publicó este poema de mi autoría en el blog «La poesía no muerde». Se inspira en un evento llevado a cabo en Deshoras Café Cultural, a cargo de los escritores Lorena Giménez y Felipe Palomeque. Un lugar muy agradable con atmósfera bohemia e inspiración literaria, en donde se distribuyen publicaciones de Estela Editora. De ahí el título del poema.
El debilucho empeoraba rápido,
me buscaron para intentarlo,
averiguar si tenía el aquejado
un familiar por algún lado.
En español nada me hablaba;
qué le preguntase, no importaba,
todo lo respondía en otro idioma;
y yo, que la cabeza me carcoma.
“Ne signifie rien”, me decía,
las pocas veces que balbucía;
“això no significa res” le vino,
que para mí era como chino.
Pregunté por su parentela
que de visita venir pudiera,
mientras busqué fotografías
por si alguien se me aparecía
que alguna respuesta me diera,
pero nada, ni siquiera una nuera.
El hombre frágil apenas miraba
con una mueca de desagrado.
Por ahí también se especulaba
con una hermana en el poblado.
“Das bedeutet nichts”,
decía, y “dit betekent niets”.
Hoy falleció el anciano,
no sé por qué estoy llorando.
Hace tiempo que en esto ando,
viéndolos morir a desgano.
Recién volvía del café,
para los dos pedí capuchino;
pregunté si tenía amigos,
“non significa niente”, lo sé.
Me imaginé inmune a la muerte,
la experiencia me anestesiaba;
pero él, con su último suspiro,
susurró “esto no significa nada”.
the frail man was declining fast,
i was hired to care
and try to find out if he had
some family somewhere.
he didn’t speak in english;
whatever i would ask,
he’d answer in some foreign tongue,
intensify my task.
“ne signifie rien”, he’d say,
the few times he would speak to me
or “δε σημαίνει τίποτα”
which only sounded greek to me.
I asked about relations
who might come in for a visit
while searching for some photographs
whose subjects might elicit
some response that i could use
to find his long-lost kin.
the frail man only watched me
with a small off-putting grin.
there had been speculation
of a sister in Nevada
“das bedeutet nichts”
he’d say, and “no significa nada”
the old man passed away today
can’t figure why i’m crying.
i’ve been at this far too long,
seen so many dying.
i’d just got back from starbucks
where I got us both a venti,
I asked again if he had friends
“non significa niente”.
i thought i was immune to death,
experience was numbing,
but when he died, with his last breath
he whispered “this means nothing”
A veces hay que probar por el gusto de probar,
no importa si el intento parece infructuoso.
Aunque más no sea por el mero afán de marcar
y así, tal vez, poder lograr algo virtuoso.
Sometimes you must try just for trying,
no matter if your try seems aimless.
Even if only for fun of leaving a mark,
and thus, maybe, achieving something decent.