
Hay momentos que no se pueden describir con palabras. Tampoco es sencillo textualizar un contexto que solo se percibe con todos los sentidos. Y con presencia real. Porque una instalación es así, demanda recorrerla, palparla, aprehenderla en todas sus dimensiones. Y detalles. Y textos. Y contextos.
Arqueología, una instalación de Eloísa Ibarra, sorprende por su sencillez y preciosismo. Varias publicaciones artísticas, historiográficas y arqueológicas pueblan el exhibidor de acrílico transparente, alternadas con fotos, recortes de periódicos, planos a mano alzada y algunos objetos arqueológicos. Todo lleva a la pieza más importante, un pétreo cubo con códigos QR que da para sospechar si no será una verdadera antigüedad olvidada. Porque todas las publicaciones agregadas así lo atestiguan. Venerables libros que los entendidos conocen presentan párrafos o líneas con alusiones a esta extraña pieza. La localidad de Fraile Muerto se ve conmocionada por el hallazgo. Un libro en francés y un folleto en inglés dan cuenta de la relevancia internacional del fenómeno.
¡Qué bien hecho que está! Con preciosismo en el detalle. Con dominio de las técnicas expresivas. Un manejo impecable de la textura fina de los materiales. Todo parece antiguo. Todo semeja autenticidad. Hasta la pieza arqueológica. Apócrifa, claro está, como todos los demás textos. Pero parece…
Encanta esta obra tan sencilla de recorrer con los ojos, que tienta a tocarla y acariciarla, que invita a leer. Sí, a leer. Porque más de una vez habremos tropezado con un cuadro indescifrable o una escultura de rara inspiración que nos impone salir corriendo a informarnos para entender mejor, ese arte raro que no es para cualquiera. Pero Arqueología es distinta, es para todo público, de verdad. La invitación a leer se da en la propia obra artística. Invitación a leer, pensar, meditar… y terminar adivinando que es todo puro arte. Muy bien concebido, elaborado con cariño y presentado con distinción.
Eloísa Ibarra (Montevideo, 1968) es una magnífica artista plástica, cuyo talento conozco desde muy temprana edad, porque fuimos compañeros de clase durante catorce años. Es indescriptible la satisfacción que sentí cuando nos contó que había sido galardonada con el Gran Premio Adquisición MEC, 57º Premio Nacional de Artes Visuales «Octavio Podestá», conferido por el Ministerio de Educación y Cultura. Su obra estuvo expuesta en el Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó, ahora integra parte de su acervo. Una digna integrante del mundo artístico nacional está ahora representada en donde merece.
Un aplauso para Eloísa. Broche de oro para dos mil dieciséis.
Véanla aquí:




La literatura uruguaya mantuvo en alto su propia bandera, con un 2016 de buena producción y excelente repercusión. La producción da cuenta de investigaciones sobre política y cultura; cómics y libros infantiles; abundantes obras de ficción. Se destacan la novela gráfica Prócer zombie (una aventura de José Gervasio Artigas en tiempos modernos) de Andrés y Leonardo Silva; El miserere de los cocodrilos de Mercedes Rosende (novela policial parte de la colección «Cosecha roja»); Historia de nuestros perros, libro de cuentos de Agustín Acevedo Kanopa (Premio Nacional de Literatura en Inéditos); Todo termina aquí de Gustavo Espinosa (Premio Bartolomé Hidalgo en Narrativa) y El hermano mayor de Daniel Mella. También se cuelan Mercedes Estramil, que este año publicó Iris Play; Martín Lasalt, que presentó casi a la vez dos novelas elogiadas; Peces mudos de Rosario Lázaro; Mientras espero de Roberto Appratto; Equipaje de Troche; La máquina de pensar en Gladys de Mario Levrero; El bobo del pueblo de Leo Maslíah.
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Se miró en el espejo rajado. Se pintó un lagrimón en el cachete rosado. Se mesó con los dedos una rasta rubia. Tanteó en la mesa, qué raro: una gubia.
«El grito», por Edvard Munch (1893). Fuente: 