Mientras las palabras y frases se siguen tejiendo como finas hebras, también la tecnología del lenguaje progresa. Muchos idiomas se han ido enhebrando en la red de redes. Algunos presentan grandes desafíos por su complejidad y variedad. La hermosa lengua guaraní, hablada por varios millones de personas en el corazón de Sudamérica, no podía ser excepción. A continuación se presenta una lista con algunos recursos informáticos para facilitar su aprendizaje, difusión, uso y traducción. Seguir leyendo «Recursos informáticos para el guaraní»→
Los días viernes 26, sábado 27 y domingo 28 de agosto del corriente año, la Fundación Yvy Marãe’ỹ realiará el “Seminario Internacional sobre Traducción, Terminología y Lenguas Minorizadas. Jaguerojera Ñane Ñe’ẽ Guarani”. El evento tendrá lugar en su local de la ciudad de San Lorenzo, Paraguay. Están todos invitados.
Un mercado no es otra cosa que un montón de necesidades y oportunidades de satisfacerlas. Con esta definición, parecería que todo es mercado. Bueno, no todo; pero casi. Si pensamos que en una lengua se usan miles de palabras viejas, nuevas, anticuadas, recuperadas, resignificadas, cambiadas, bastardeadas, prestadas… sí, es un mercado. Listo. ¿Y entonces?
Una lengua también tiene su propio mercado entre la gente. Se la vende bien y le damos valor, o se la esconde y la asfixiamos. Aquí no queremos ningunear ninguna lengua, queremos que valgan, que se aprecien, que la gente las compre. Que las oiga con gusto. Que aprecie y use su rico vocabulario.
Si se trata de una lengua hablada en un ambiente cultural en inferioridad de condiciones frente a otra cultura con un rol más destacado, inevitablemente se sufren procesos de erosión lingüística, se adoptan préstamos y calcos, se extranjeriza parte de la lengua propia. Un proceso no exento de conflictividad, pero muchas veces llevado por la necesidad.
Y al hablar de necesidades, volvemos a lo que es un mercado: un cúmulo de necesidades que se busca satisfacer. Si la terminología no satisface las nuevas necesidades, es porque la solución pasa por crear neologismos. Y ahí es donde llegamos a los temas de traducción, cultura, identidad. Y ética.
Un autor que menciono con mucho gusto en el ámbito traductoril es Antoine Berman. A partir de su obra se fue planteando un giro ético en traducción. Sería muy largo adentrarnos en eso; pero, para resumir algo que sirva en estos apuntes sobre terminología y neologismos, quiero hacer hincapié en un concepto: experiencia. La necesidad de reflexionar sobre la experiencia acumulada en la generación de textos traducidos, y en la producción de terminología que acarrea inevitablemente. Una tensión muy grande aparece cuando se entiende a la traducción como una reescritura, como una creación de algo que se sabe incompleto, tan incompleto como el propio escritor y como el sujeto traductor. La ética hace posible la traducción, consiste en aceptar la traducción como texto otro, como escritura, como experiencia que el traductor desarrolla durante su tarea.
Frente a tantos planteamientos centrados en lo lingüístico, Berman propone un enfoque diferente, centrado en la crítica. Se puede criticar mejor lo que se experimenta. La experiencia nos termina remitiendo, a su vez, a otro concepto relacionado con el ámbito cultural: descolonización. Pero eso ya merecería otro espacio. Es una ardua tarea para el día a día.
Sea como fuere, se tropieza con un montón de obstáculos al salir a ese mercado de palabras. Existe una obsesión por distinguir entre usos correctos y usos incorrectos, el purismo, el misoneísmo (rechazo cerrado de «lo nuevo»), la descalificación de usos (lo que «me suena mal», las palabras «feas», etc.) y una nostalgia por un pasado (a veces inexistente) en el que supuestamente se hablaba mejor.
También se perfilan inesperadas tendencias a futuro. Si nos fijamos en el caso de África Subsahariana, se está dando un intenso intercambio económico y cultural con China, incluso a nivel literario. Esto plantea nuevas influencias entre culturas y, por qué no, nuevos retos terminológicos.
Un gran desafío espera. Llenar un nicho de mercado con neologismos que, en la medida de lo posible, representen lo propio (o la apropiación), pero sin perder de vista la permanente e inevitable existencia de lo Otro.
Muchos me preguntan qué hace un arquitecto dedicado a la traducción. Sucede que fue una vocación tardía, como suele sucederle a casi un cincuenta por ciento de los traductores. Una inclinación descubierta en una instancia diferente, liberadora de la mente. Fue allá por 2001, después de un largo año de intensas vivencias de mediación intercultural. Me atreví a decirlo con todas las letras: si voy a integrarme a un equipo de arquitectos, ingenieros y constructores, ¡quiero ser el traductor de ese equipo! Palabras más, palabras menos, así fue como comenzó todo. El resto fue mucha agua que pasó bajo el puente. Seguir leyendo «¿Traduzco un proyecto, o proyecto lo que traduzco?»→
Ante esto el único comentario que queda por realizar es que siempre debemos tener cuidado, tanto con lo que intentamos decir como con lo que realmente decimos. Porque si una coma es capaz de alterar todo el significado de una frase, ni pensar lo que lograría una palabra.
El escrito es de Julio Cortázar y me parece que deja una lección en el ambiente. Espero que todos la aprovechemos y de paso meditemos…
Cuando vamos caminando plácidos por una calle concurrida pero amena, de repente sentimos algo pastoso que nos toca. «¡Aaaagh, me cayó!» es lo que nos nace decir cuando una paloma nos derramó sus excreciones encima. Bueno, no exactamente eso, creo que cometí un error de imprenta con la palabra de cuatro letras. O tal vez hayamos utilizado otra poderosa palabra de potentes propiedades provocativas, también de cuatro letras.
Parecería que esa economía de palabras también aparece en la lengua inglesa, si bien con otras características sonoras. Verán a menudo, en ciertos textos impresos, la expresión fuck (que también se suele sustituir por f * * k para saltear filtros informáticos de palabras). Sí, es un vulgarismo. Tan vulgar como la palabra castellana p * * a (aaah, ¿vieron cómo también la conocen? Y también la usan, no mientan…). Seguir leyendo «Palabrotas y palomas»→
Quienes nacimos y vivimos en un país surgido bajo la bandera del republicanismo, vemos a la realeza como algo lejano. Raro, remoto, rebuscado, un poco altivo, acaso distinguido del resto. Así las cosas, cuando vemos pasar a un legítimo miembro de una casa real, abrigamos una extraña mezcla de admiración y curiosidad. Así fue como me sentí, allá por 1983, cuando el penúltimo titular de la corona de los Borbones visitó Montevideo. Al igual que tantos vecinos de Punta Carretas, caminamos hacia Bulevar Artigas, importante arteria que homenajea al máximo prócer oriental (el mismo que casi dos siglos antes luchara contra el ejército de otro Borbón) para ver pasar, saludar y vivar a Juan Carlos. Horas después, muchos otros conciudadanos uruguayos aplaudirían a rabiar cuando el muy mentado monarca se daba el gusto de refregarle en la cara a un dictador militar las virtudes civiles y morales de los sistemas democráticos. Y también, de aludir elogiosamente a un rey de las letras, un uruguayo exiliado en España, su más insigne tocayo: Onetti.
A modo de recopilación sin ánimo exhaustivo, se lista una colección de blogs uruguayos en WordPress, con énfasis en temas culturales y sociales. Para tenerlos todos juntos en un solo lugar. Seguir leyendo «Colección de blogs uruguayos»→
¿Cuánta gente usa un teclado? Celulares, tablets, portátiles, teclados convencionales… ejemplos sobran. ¿Cuántos escriben con un solo dedo o dos? ¿Cuántas consultas tendrán los reumatólogos dentro de unos años, lo pensaron? ¡Qué genial que es repartir el esfuerzo entre varios dedos! ¡Qué práctico que es poder usarlos todos, para algo los tenemos! Seguir leyendo «Digitación y dactilografía»→
¿Se acuerdan de los Médicis y tantos otros mecenas de las artes? ¿Quieren sentirse un poco así, digamos, magnánimos, pero por poquitas monedas? Ahora es posible. Seguir leyendo «Micromecenazgo para publicar»→
Eran otras épocas. Usábamos más la cabeza. Otra no nos quedaba. No teníamos celulares ni tablets. Tampoco había música ni televisión en el liceo, ni pensarlo. Para colmo, prohibiciones. Nada de pelo largo, nada de piercings (¡sólo las nenas usan caravanas!), nada de calzado deportivo, nada de ropa colorinchuda. Nada de muletas tecnológicas, hay que pensar con la cabeza y hacer con el lápiz. Es así como lo leen: se prohibía usar calculadora en clase. Había que calcular las sumas, restas, multiplicaciones y divisiones a mano. Y hasta raíces cuadradas. Todo. Seguir leyendo «Cuando no nos dejaban usar calculadora»→
El antiguo edificio del Frigorífico Anglo del Uruguay en Fray Bentos. Fuente: Wikimedia.
Son las 7 y media de la mañana en Fray Bentos, y el informativo de CX 160 Radio Litoral despierta a Yamandú con noticias de una guerra muy lejana. Yamandú se refriega los ojos, se levanta, y se dispone a despertar a Nahuel, como todas las mañanas. Los primeros rayos del sol ya tiñen las aguas del Río de los Pájaros Pintados; el mismo río que ciento cincuenta años atrás viese nacer a su querida ciudad natal al ritmo de la naciente industria cárnica uruguaya y mundial. Seguir leyendo «Una jornada en la vida de un teletrabajador fraybentino»→