Categoría: Obras

Noche de los museos

Noche de los museos

La imagen es archiconocida para los orientales: el Juramento de los Treinta y Tres, un enorme óleo sobre tela completado por el artista Juan Manuel Blanes allá por 1878. Está en exhibición en el museo que lleva su nombre.

Esta obra y muchas otras que tal vez no conozcas están esperando a que las visites. La cita es este viernes 14 de diciembre, en todo Uruguay, por la noche. Los museos participantes se pueden ver en este listado.

¡No se te ocurra faltar!

Jazmín de colores

Jazmin del Paraguay

Un solo tallo
de notables colores,
fugaz floración.


Ejemplar de jazmín del Paraguay (Brunfelsia uniflora) en un jardín de Montevideo, llama la atención por sus flores que van del blancuzco al violáceo.


Publicado ayer en Salto al Reverso.

Testimonio de un loco lindo con pretensiones de poeta

AEG Olympia - Traveller de Luxe - Spanish keyboard layout
Lo de lindo es pretencioso, porque de eso, no tengo nada. Lo de loco es un poco más coherente, porque la gente me escucha decir cualquiera. Pero cualquiera se puede dar cuenta de que estoy, digamos, extrovertiendo algo de lo mucho que tengo para dar. A veces, hasta parece poesía. Otras, música.

Ayer terminábamos de hacer las compras en el súper. Una linda salida familiar de las de siempre, sin sobresaltos, la cajera muy atenta, los pibes muy diligentes, había poca gente. Nada que exaltase, nada que desbordase. Pero mi cabeza sí que desbordaba. Se cocinaba a fuego rápido todo lo que había en el fondo. En la superficie, estaba repasando el plato que iba a cocinar al wok, como debe ser, a fuego lento.

Mi hija, de chiquita, adoraba una melodía, «El meneaííííto». Haciendo eco de eso, mi respuesta a su reclamo de ayuda para estudiar fue «esperá un poco, que estoy haciendo el salteaííííto». Ella se rio de mi ocurrencia. El salteado de verduras al wok lleva tiempo y no hay que distraerse, de lo contrario, se quema. Pero un poco de humor, música y poesía siempre condimenta una rutina familiar tan intensa como alocada por lo interminable.

Inacabable es lo que se me da por escribir. Y aquí viene el parteaguas. La bajada a tierra súbita, el cambio de tema que rompe los esquemas.

Ya hacen unos años de ese primer rapto inspirador para escribir una novela sobre adolescentes. El inicio de una carrera literaria. Esto, dicho sin ninguna petulancia; la importancia de esta afirmación no va tanto por lo de carrera profesional, sino más bien, por lo de escribir a la carrera. Me sale todo rápido, escribo todo de corrido, sin pensar, sin editar, así es mejor, sale desde bien adentro lo mejor (y lo peor). Lo que quiero sacar. Lo que necesito sacar. Después, si publico o no, es mi problema. Pero eso es un cuento aparte.

La mejor (o la peor) parte es: estoy entrando a separar al escritor que produce, del personaje real. Lo de escritor que produce, está claro, ¿no? Escribir cosas para que alguien lea, no importa si por obligación o por devoción, pero que lea. A veces, solo para leerlas yo, porque lo que contiene ese texto es un verdadero papelón. Otras, para que lo lea cualquiera, porque total, son de palo los de afuera. Pero no los de adentro. Los que sí leen. Los que sí escuchan. Los que sí observan. Y critican. Y demandan. Y cuestionan. Y condenan. Y…

Solo este personaje real sabrá cómo se escribe esta historia.

Porque la memoria no juega chicanas. Siempre quiere gloria.

Y si la memoria quiere gloria, más vale que evite la tragedia.

Al remendar una media me pincho un dedo,

mientras pienso en escribir lo que puedo.

Se me acaban las palabras.

¿Por qué escribir al personaje real,

si es, humildemente, real?

Me canso.

Se me corta la racha.

Ya está.

Basta.

Ta.

Les petits moulins à vent (Los pequeños molinos de viento), exquisita melodía barroca compuesta por el francés François Couperin en 1722, describe a la perfección cómo se movían mis dedos en medio de ese torrente…

Bolso a nado

man_guy_male_backpack_rucksack-87663.jpg!d

Floripa en setiembre. Nunca pensé que iba a venir. Pero ahora, prefiero así. Porque después de las elecciones de octubre quién sabe cómo va a estar todo por acá, justo este año…

Conseguí que Noa y Facu me acompañen. Siempre se cuelgan cuando es Floripa. Nos vinimos con muy poca plata. Vamos a ver si nos da para alquilar la cabaña del otro año. Pero nos quedó lejos. El ómnibus que nos trajo hasta acá, el más barato que conseguimos, nos dejó en esta ruta, tenemos que caminar como cinco kilómetros. Allá vamos.

Uy, este arroyito no me lo esperaba así de crecido. Otros años lo caminamos de paseo, con los pantalones remangados, nomás. Ahora vamos a tener que cruzar a nado. Turnarnos con los bolsos, llevarlos bien alto para que no se empapen. Sobre todo, mi bolso. Seguir leyendo «Bolso a nado»

Nosotros, los intrépidos indios que levantamos rascacielos

Catedrales del cieloCon las debidas licencias por utilizar la primera persona para entrar en la cabeza de un narrador perteneciente a la tribu mohawk de Quebec, comienzo a relatar esta fascinante historia que vale la pena leer en versión completa.

Todos tenemos en mente las terribles imágenes del atentado contra las Torres Gemelas. Pero pocos lectores se han puesto a pensar en quiénes cortamos en trozos el montón de restos para buscar sobrevivientes. Ni tampoco, en quiénes las construimos (estas torres, muchos otros rascacielos y demás estructuras metálicas gigantescas que todos aprovechan), cómo es desplazarnos allá arriba, al lado de las águilas del cielo. Y qué vidas llevamos cuando no estamos trabajando, nosotros, habitantes del hemisferio occidental desde mucho antes de la llegada de los europeos. Nosotros que, en vez de resignarnos a una triste suerte, decidimos aprender el oficio de herrero de obra (llamado también montador de acero) para así contribuir al desarrollo de lo que todos admiran.

Los antiguos egipcios tuvieron sus pirámides, los chinos la gran muralla… pues bien, nosotros hicimos «nuestros» rascacielos de acero. Así se lo narramos con orgullo a nuestros hijos y nietos. Porque además, como es de imaginar, también vivimos nuestras vidas, nos entusiasmamos, maduramos muy pronto, nos enamoramos, a veces nos decepcionamos, pero nunca bajamos los brazos.

Estimado lector, te invito a que leas más sobre nosotros y nuestras gigantescas artesanías que acarician el cielo. Dan ganas de avanzar para ver qué sorpresa aguarda en cada capítulo, si un puente, un rascacielos o un nuevo amor inesperado. Seguro que te apasionará.

Las catedrales del cielo, por Michel Moutot. Traducción al castellano de Elena Bernardo Gil y Alicia Martorell Linares. Grijalbo, 2018, 656 páginas. ISBN 9788425356018. Disponible en librerías. Reseña online en este enlace.

Vida invernal

Burgues_set_2018
Árboles calvos,
ramas con savias al sol,
vida latente.


Ejemplares de plátano (Platanus acerifolia) ornamentan la Av. Burgues de Montevideo.

Ya publicado en Salto al Reverso el mes pasado.

Treinta y poco

Smoke and head
Ella corre la cortina, que entre sol. Se agacha junto a él, le acaricia los pectorales bien trabajados, le habla al oído.

—¿Vas a quedarte a desayunar, mi negrito?

—Mmmh… ah, buen día. ¿Qué hora es?

—Mi negro, ¿modosito te pusiste hoy? Anoche estabas tan apasionado…

—¡Las diez! Se me hace tarde para empezar mi horario en el taxi. ¡Me voy ya mismo!

—Pero antes… —ella intenta arrancarle un beso de labios carnosos.

—Listo, bastó —él la aparta, aferrándole los hombros con sus manos fuertes.

—Pero… ¡no seas bruto! —ella se acaricia el hombro, no sin antes apretarle el bíceps con la otra mano.

—No seas larva. Dale que se me hace tarde —él manotea en el aire, evitándola al levantarse.

Se lava la cara, junta la ropa, se viste y se va. Lo que ella le lanza con la lengua le rebota en los oídos y en la piel.

—¡Qué poco lo tuyo! ¡Ojalá te atropellen! —se oye tras el portazo. Seguir leyendo «Treinta y poco»

Jamsas

Jamsas en Palermo Soho
De cinco dedos,
el curioso amuleto
cuida tu vida.


En un muro del restaurante judío «Hola, Jacoba» de Palermo Soho, Buenos Aires, se aprecia esta vistosa colección. La jamsa (en hebreo: חַמְסָה, hamsa, en árabe: خمسة jamsah), llamada también mano de Fátima, es símbolo de protección; su origen es muy remoto, tal vez fenicio o egipcio. Se cree que protege contra el mal de ojo.


Entrada publicada en el portal Salto al Reverso, participa en la convocatoria Vida.

Qué tímida manito

reaching out - two hands

No me animo a mirarla. Ni menos, a nombrarla. Pero allí está, la mano de ella extendida hacia el costado.

¡Dios mío, qué momento! Estamos ella y yo acá, sentados en el mismo asiento del tren, y no me animo. ¡Pensar… la de veces que pasé a propósito frente a la puerta de su casa! Como tratando de encontrar el momento justo para verla salir y hablarle… ¿De qué, si ella ni siquiera me conoce?

O eso creía yo hasta hoy. Porque ahora estamos acá, ella y yo. Fue un poco por casualidad, claro. Pero enfrente se sentó esa afortunada desconocida. Esa buena señora, tan charladora, que llenó el tiempo de este largo viaje por más de tres horas. Como si intuyera una historia entre ella y yo, fue tejiendo frases al vuelo. Esa buena señora nos fue haciendo completar un fichero en el aire. Dónde vivimos (en el mismo barrio). Qué hacemos (estudiamos en facultades no muy lejos una de otra). Cómo se integran nuestras familias (nada raro ni sorprendente). Hasta qué películas nos gustan (solo le faltó ir y comprarnos entradas para el cine). Por no mencionar algunos gestos tan pícaros como sugerentes que hizo con sus ojitos. Como un hada madrina, casi se apuró a tendernos con una varita mágica una mesa en la que (espero) alguna noche cenaremos ella y yo. ¡Si hasta nos reímos mirándonos, como imaginando la efervescencia de las copas al chocarlas!

Ahora, la buena señora se bajó en ese pueblito. Nos queda más de una hora para llegar a la estación terminal. No sé cómo hacer para seguir con esto. Para rellenar este tiempo. Mi tímida mano quiere extenderse para el costado también… Ella no me rechaza…

¿Le hablo del próximo estreno…?

¿Viste esa escena del trailer? Qué fenomenal, ¿eh?

¿Te gustó el beso del final?

Un roman d’amitié (Friend You Give Me a Reason), canción bilingüe interpretada por el hawaiano-portugués Glenn Medeiros y la francesita Elsa (1988). Para los que creen que ya no existen los adolescentes inocentes de corazón. Para los que creen que la inocencia es sinónimo de estupidez. Para los que no creen…


Entrada ya publicada en Letras&Poesía el mes pasado.

Recordando a los queridos lectores

TAPA AMIGOS ORIENTALES
Mes aniversario de la publicación de mi primer libro Amigos orientales.

Seguir leyendo «Recordando a los queridos lectores»

¡Y se colgó la bandera, nomá’!

Antoine Griezmann bandera UY

16 de julio de 2018 (página de mi diario)

Releía recién lo que escribí hace ocho años, cuando perdíamos en la semifinal. Lloraba de orgullo. Pero lo que viví ayer con la final fue para quedarme mudo. Otra cosa no se puede decir. Porque lo que sentí…

Pasó mucha agua bajo los puentes desde aquellas líneas. Hice mis estudios y los terminé. Mientras tanto, también empecé a competir en natación. Y me conseguí trabajo en un diario. Y empecé a ahorrarme lo mío.

Hasta tuve un golpe de suerte impresionante. Fui a hacer un mandado al supermercado enorme que queda a cinco cuadras de casa, con lo que compré pude entrar en un sorteo que hacían… y gané dos pasajes para ir al mundial. Increíble. Invité a un amigo a ir conmigo. Por mi silla de ruedas no iba a ser problema, en todos lados me abren paso.

Porque yo siempre hice fuerza para abrirme paso. Y así me está yendo. Seguir leyendo «¡Y se colgó la bandera, nomá’!»

Boa

Marianela_indígenas_PY
Grande el arrojo
de valientes nativos
con boa voraz.


Pintura mural en la Casa de Retiros Marianela, Atyrá, Paraguay. Un grato recuerdo de mi primera experiencia paraguaya en 2011, de una excursión con Miguela, Matías, Máximo y Ramona.

Publicado en Salto al Reverso hace pocos días.

Enreda

ivy-stone-wallLa hiedra cubre la pared de más de diez metros de alto; los bichitos se arrastran por entre las hojas amarronadas, algunos ciempiés se confunden con los tallos llenos de raicitas. También las arañitas se animan a anidar entre el follaje, seguro que ahí siempre llegan otros bichos para alimentarles la cría. Hasta un camino de hormigas se abre paso, como en busca de un tesoro perdido. En realidad, como nos dijeron en el vivero, son cuatro especies de planta trepadora: la hedera verde y blanca, la hiedra alemana de adusto verde petróleo, la ampelopsis de noble color rojizo, y la ficus con sus hojitas redondas; entre las cuatro forman una masa tupida y multicolor, llena de vida; todo un mundo en una pared alta.

Pero Lucas no está para disfrutar con eso hoy; mañana tiene que hablar con el jefe, y ¡cómo lo pone de mal humor bancarse a ese tipo! Ahí no importan la instrucción, ni la decencia, ni el mérito, es todo cuestión de agarrarlo justo, distraído, y de ver quién puede más. Es más fácil que uno de esos ciempiés llegue arriba de todo y salte al vacío, que convencer a ese jefe de que uno hace las cosas como se debe. Pero no queda otra; ese ente autónomo, con tantos empleados públicos que lustran la silla, parece tan inmutable como otro muro de hiedra que también cubre su edificio. Pero más que una urdimbre de hiedras, más bien parece una gran red de telarañas. Telarañas de insidia, telarañas de desidia, telarañas de intrigas, telarañas de haraganería, telarañas de chismes, telarañas inútiles. Tanta urdimbre de telarañas le molesta a cualquier tipo sensato, pero es lo que hay. Hay que conformarse con ese ecosistema, porque si no te gusta, vas a la calle, y la calle está dura en estos tiempos, no hay trabajo por ningún lado, te tenés que ir. La hiedra tiene raíces adventicias para agarrarse firme a la pared; pero en estas telarañas, más que adventicios, hay advenedizos que se cuelgan por todos lados. En cualquier momento, a los muchachos se les ocurre sacar a los bichos que sobran en la telaraña, y chau inamovilidad.

Estaba empezando a pensarse un argumento para tratar de entrarle al jefe por algún lado que sirviera, cuando Pochita lo llamó a gritos. Le cortó la inspiración, igual que siempre. Y no era para menos: había dejado la canilla abierta, la manguera a medio enchufar se había zafado, y todo el patio estaba encharcado de agua.

—Pero… si serás distraído, Luqui… Vos sabés que a las espadas de san Jorge que tanto me costó plantar, les hace mal el agua. Vos siempre pensando en pavadas, y encima otra vez te olvidaste de ir a comprarme la leche para los chiquilines. Y mañana, ¿qué desayunan?

Allá va Lucas a tratar de conseguir leche; por suerte es amigo del almacenero. Le golpea, le llora la milonga, le compra una botella de a litro. Pero antes de volver, arranca para Veintiuno. Llega al quiosco, pide Nevada con filtro, saca los últimos veinte nuevos pesos que tiene en el bolsillo, paga, y se vuelve pitando. El humo lo ayuda a aclarar las ideas; pero el viento que sopla por Luis de la Torre le llena la cara de pelusa, y eso es muy fastidioso. Deja la botella de leche en un murito, se restriega los ojos y, al mirar para abajo, no puede creer lo que ve: tirado allá entre las malvas, medio tapado por la pelusa de los plátanos, un portafolio. No es cualquier portafolio, no; es de cuero de yacaré, de los buenos que ya no se consiguen. Tira el cigarro y se acerca al portafolio; lo mira, se muere de ganas de agarrarlo y abrirlo. Un follaje de ideas le bulle en la cabeza.


Publicado en Letras&Poesía en noviembre de 2016.

Solemne (sin) rugido

León LuisdelaTorre y Ros

Noble morada
con acceso celado
por digno guardián.


Escultura de mármol de un león (Panthera leo) a la entrada de una finca en el barrio de Punta Carretas, Montevideo, Uruguay.


Originalmente publicado en Salto al Reverso en abril.

Vegetación

Tradescantia pallida -purpurina- 01

Vívida flora
de follaje morado
rastrea su luz.


Ejemplar de reina púrpura (Tradescantia pallida) en un jardín montevideano.


Originalmente publicado en Salto al Reverso en mayo.