Mis dedos no se tuercen.
Mi boca ya no tiembla.
Mis ojos no se cierran.
Mis piernas nada pueden.
Busca que te busca esa ayuda,
piensa que te piensa esa idea.
Algo que me saque, lo que sea,
aunque sea un resabio de duda.
Quiero retozar en mi cuna
y así comenzar a vivir.
Ansío gozar mi ventura,
sea cual sea el sentir.
Richard Clayderman toca Balada para Adelina de Paul de Senneville y Olivier Toussaint (1976). Esta melodía parece dibujar los rasgos de una criatura recién nacida, frágil e indefensa en su cuna, que quiere aventurarse en el mundo que tiene por descubrir. Pasan las décadas y esta música se escucha con la misma sencillez de siempre.
Originalmente publicado en Letras & Poesía el pasado mes de abril.
No es prosa, tampoco es poesía.
Ni se trata de una vieja historia.
Son membretes que me pueblan la memoria
y que buscan su lugar todavía.
Un corazón se despliega,
un sentimiento se expande,
una mirada que ruega
que ya nadie más le demande.
Palabras voladas al viento,
andares llevados al tiento.
Mensaje de señas vibrante
cual luna de cuarto menguante.
No se traduce en palabras,
no se interpreta en centellas.
Alcanza un abracadabra.
Es simplemente… ella.
Ella, elle l’a por la exquisita cantante francesa France Gall (1987). Un tema que en aquel entonces inspiraba a este entonces joven soñador que iba a la búsqueda de… ella.
Estoy escribiendo esto y me emociono hasta las lágrimas. No quiero que mis amigos me vean así. Porque también me pasó hace un rato, viendo cómo perdíamos. Los holandeses casi nos llenan la canasta, de no ser por nuestro gol en la hora, pero ni con eso alcanzó. Adiós final. Adiós copa. Casi me tiro al piso a pegar con los puños. Lloré frente la tele como el peor.
Allá por febrero de 1987 tuve la fortuna de visitar Granada por primera vez en mi vida. Tenía dieciocho años, iba con la mochila al hombro, sorprendiéndome con las bellezas que iba encontrando a cada paso. En el palacio de la Alhambra, al pie de la Torre de la Vela, con una vista espectacular de la ciudad, se puede leer este breve poema de Francisco de Asís de Icaza, que provoca una profunda emoción.
¿Querés saber más sobre la historia de este breve poema? Podés leerlo aquí.
El cenicero está vacío en el medio de la mesa ratona. Papá dejó de fumar hace años. Mamá siempre se quejaba del olor a toscano. Ahora la alfombra está divina, bien tersa y con olorcito a lana. Da gusto tirarse y revolcarse. Uno de los gustos que me doy en casa.
Todavía no llegan papá y mamá. A veces se demoran, cuando hay tráfico para volver del Centro. O cuando tienen que pasar a hacer algún mandado por Dieciocho.
Hoy cumplo veinte. Tal vez fueron a comprar algún regalo, o alguna otra cosa.
No festejamos mucho. Yo nunca fui muy de las fiestas.
Pero ahora estoy empezando a pensar en otras cosas. Conseguirme un trabajo, a ver si hago experiencia y empiezo a tener mi plata.
La plata. Esa cosa por la que tanta gente discute. Que hace tanta falta para vivir y darse gustos. Pero que algunos amontonan sin saber para qué. Seguir leyendo «Diario de mi casa»→
El sospechoso fallecimiento de un solitario muchacho obeso en una hostería de Villa Carlos Paz obliga a retener muchos testigos poco útiles. Los rutinarios interrogatorios sirven de pretexto para que, mientras tanto, el último de la fila relate una larga historia de vida. Su pasado en una lejanísima París ocupada por los nazis aparece de repente en tiempo presente; en medio de su trabajo en el hogar de dos damas de sociedad, revela de su vida hasta lo más impensable.
El alma de las personas puede llegar a esconder repliegues oscuros y horribles, pero es terrible pensar que le pueda pasar a uno mismo. Peor aún, que una persona capaz de dar mucho amor también pueda llegar a odiar a muerte. Todo eso y mucho más se desgrana en las páginas de esta obra, trazando como un paralelismo casi indisoluble con la población de la gran ciudad luz que resiste a las sombras de la ocupación enemiga.
Mientras el lector sigue dudando si es capaz de resolver ese inaccesible dilema, se puede deleitar con el magnetismo de esta urbe universal y con la delicada ficcionalización de Susana Soca, mecenas uruguaya de las letras cuya vida y obra investigara la propia Claudia Amengual en su exhaustivo ensayo seis años atrás.
El lugar inalcanzable, por Claudia Amengual. Alfaguara, 2018, 312 páginas. ISBN 9789974888296. Disponible en librerías. Sinopsis online en este enlace.
El autor de esta nota concurrió a la presentación en la Alianza Francesa de Montevideo. Si querés estar vos también, aquí podés entrar:
Tajo profundo,
sensación desastrosa
con sangre que mana
de herida tan grave.
Dolor tan profundo,
debilidad que domina
a un cuerpo cansado
de tanto doblarse.
Tiniebla profunda,
anhelando la luz
que me invite a soñarte
sin miedos ni afanes.
Corazón espinado por Santana y Maná (1999). Una melodía muy popular que, en bruto contraste con la experiencia reciente (hace un par de meses) de un accidental corte profundo en un brazo, invita a pensar en lo que es realmente importante.
Un colega holandés, Pieter Beens, escribió este interesante artículo en inglés. Me autorizó a verterlo a mi lengua nativa y asumo el desafío. Me tomé la libertad de adaptarlo a mi modo para transmitir la esencia del mensaje (y que conste que, al hacerlo, pude caer en los mismos dilemas que se narran en el artículo).
A menudo, si sos tratuctor te enorgullecés de traducir la obra de tu cliente, sin importar tus propios valores y apreciaciones. Pero ¿de verdad podés lograr una traducción sin considerar otros valores? Dos proyectos recientes te hacen pensar hasta dónde una traducción puede ser «libre de valores».
Soñaba.
La otra noche soñaba.
Como siempre, pero no era igual.
No eran las mismas paredes etéreas de siempre.
No eran los mismos viajes aburridos flotando entre humos.
No había viejas casas de vacaciones repetidas.
Tampoco huidas desesperadas.
Menos, encierros.
Soñaba.
Buscar.
Buscábamos juntos.
Cada uno desde su lenguaje.
Cada cual desde su perspectiva personal.
Cada quien sintiendo y viviendo tan distinto.
Por algo que nos importaba demasiado como para dejarlo ir.
Por algo no cesábamos de insistir en ese rumbo.
Insistiendo en encontrar comunicación.
Insistiendo en la búsqueda.
Buscar lograrlo.
Soñar.
¿Soñamos?
Un tema cantado en dos lenguas: Sem límites pra sonhar, por el brasileño Fábio Jr. en portugués y la galesa Bonnie Tyler en inglés. Un recuerdo imborrable de mi adolescencia.
Le tengo acá. Le tengo allá.
No me aguanto ni un minuto más.
Por penetrar todos mis poros casi está.
Me pica y me sarpulle sin cesar.
Quiero quedarme acá tranquilo,
no pienso salir con nadie a ninguna parte.
Pero es imposible pensar sin perder el hilo
cuando algo en torno a mí tanto me arde.
No me aguanto el hormigueo,
la inquietud, el cutáneo bamboleo.
Quién sabe cómo acabe este presente,
quién sabe adónde me lleve esa corriente.
De Charly García, Rap de las hormigas (1987). Un despliegue de rebeldía en mis primeros años universitarios.
Juana de Ibarbourou (nacida como Juana Fernández Morales en Melo en 1892 y fallecida en Montevideo en 1979), distinguida como Juana de América, fue la más insigne poetisa oriental. Su imagen preside este saludo a todos los lectores en ocasión del Día Mundial de la Poesía.
A menudo, si sos tratuctor te enorgullecés de traducir la obra de tu cliente, sin importar tus propios valores y apreciaciones. Pero ¿de verdad podés lograr una traducción sin considerar otros valores? Dos proyectos recientes te hacen pensar hasta dónde una traducción puede ser «libre de valores».