En un arranque de nostalgia por el pasado (ya veremos cuál de todos), escribí sobre una manifestación artística muy en boga allá por los años setenta. Y este es el video que me inspiró:
https://www.youtube.com/watch?v=GtaaZmqJV0s
Viví una infancia entera en Punta Carretas, y también en la escuela, con el relato en los oídos acerca de una Madre Patria. Y no era broma, porque para muchos vecinos lo era en serio. Crecí escuchando a varios que hablaban con ceceo y marcaban todas las eses. En estas latitudes, por simplificación se les decía “los gallegos”, sin importar de qué provincia ibérica venían. Tampoco importaban mis dos apellidos italianos, porque yo también tenía lo mío, gracias a dos de mis bisabuelas, una sevillana, la otra hija de galaicos. Y también hablaba su misma lengua: el castellano. Mi única lengua materna. La lengua de mi madre. La lengua de mi patria. De la patria donde nací y viví casi toda mi vida. Una excolonia española. Con varias decenas de miles de compatriotas portadores de legítimo pasaporte español. Como hoy mi esposa y mi propia hija, sí señor.
Volviendo a…
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Almada, D’Angelo, Soto, Espalter, Vidal, en una escena de Telecataplum en los años 60.
Quiero agradecerles a todos los amabilísimos visitantes que, día a día, le dan razón de ser a este blog. Hace instantes, nada más, totalizaron diez mil vistas de estas páginas.



Vivimos en un mar de hiperinformación.



Hablamos de cualquier cosa. Último beso de la noche. Ya tiene que irse. ¡Qué lástima!
Hace una semana una revista literaria publicaba mi relato