Categoría: Propio

Recordando a los queridos lectores

TAPA AMIGOS ORIENTALES
Mes aniversario de la publicación de mi primer libro Amigos orientales.

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¡Y se colgó la bandera, nomá’!

Antoine Griezmann bandera UY

16 de julio de 2018 (página de mi diario)

Releía recién lo que escribí hace ocho años, cuando perdíamos en la semifinal. Lloraba de orgullo. Pero lo que viví ayer con la final fue para quedarme mudo. Otra cosa no se puede decir. Porque lo que sentí…

Pasó mucha agua bajo los puentes desde aquellas líneas. Hice mis estudios y los terminé. Mientras tanto, también empecé a competir en natación. Y me conseguí trabajo en un diario. Y empecé a ahorrarme lo mío.

Hasta tuve un golpe de suerte impresionante. Fui a hacer un mandado al supermercado enorme que queda a cinco cuadras de casa, con lo que compré pude entrar en un sorteo que hacían… y gané dos pasajes para ir al mundial. Increíble. Invité a un amigo a ir conmigo. Por mi silla de ruedas no iba a ser problema, en todos lados me abren paso.

Porque yo siempre hice fuerza para abrirme paso. Y así me está yendo. Seguir leyendo «¡Y se colgó la bandera, nomá’!»

Enreda

ivy-stone-wallLa hiedra cubre la pared de más de diez metros de alto; los bichitos se arrastran por entre las hojas amarronadas, algunos ciempiés se confunden con los tallos llenos de raicitas. También las arañitas se animan a anidar entre el follaje, seguro que ahí siempre llegan otros bichos para alimentarles la cría. Hasta un camino de hormigas se abre paso, como en busca de un tesoro perdido. En realidad, como nos dijeron en el vivero, son cuatro especies de planta trepadora: la hedera verde y blanca, la hiedra alemana de adusto verde petróleo, la ampelopsis de noble color rojizo, y la ficus con sus hojitas redondas; entre las cuatro forman una masa tupida y multicolor, llena de vida; todo un mundo en una pared alta.

Pero Lucas no está para disfrutar con eso hoy; mañana tiene que hablar con el jefe, y ¡cómo lo pone de mal humor bancarse a ese tipo! Ahí no importan la instrucción, ni la decencia, ni el mérito, es todo cuestión de agarrarlo justo, distraído, y de ver quién puede más. Es más fácil que uno de esos ciempiés llegue arriba de todo y salte al vacío, que convencer a ese jefe de que uno hace las cosas como se debe. Pero no queda otra; ese ente autónomo, con tantos empleados públicos que lustran la silla, parece tan inmutable como otro muro de hiedra que también cubre su edificio. Pero más que una urdimbre de hiedras, más bien parece una gran red de telarañas. Telarañas de insidia, telarañas de desidia, telarañas de intrigas, telarañas de haraganería, telarañas de chismes, telarañas inútiles. Tanta urdimbre de telarañas le molesta a cualquier tipo sensato, pero es lo que hay. Hay que conformarse con ese ecosistema, porque si no te gusta, vas a la calle, y la calle está dura en estos tiempos, no hay trabajo por ningún lado, te tenés que ir. La hiedra tiene raíces adventicias para agarrarse firme a la pared; pero en estas telarañas, más que adventicios, hay advenedizos que se cuelgan por todos lados. En cualquier momento, a los muchachos se les ocurre sacar a los bichos que sobran en la telaraña, y chau inamovilidad.

Estaba empezando a pensarse un argumento para tratar de entrarle al jefe por algún lado que sirviera, cuando Pochita lo llamó a gritos. Le cortó la inspiración, igual que siempre. Y no era para menos: había dejado la canilla abierta, la manguera a medio enchufar se había zafado, y todo el patio estaba encharcado de agua.

—Pero… si serás distraído, Luqui… Vos sabés que a las espadas de san Jorge que tanto me costó plantar, les hace mal el agua. Vos siempre pensando en pavadas, y encima otra vez te olvidaste de ir a comprarme la leche para los chiquilines. Y mañana, ¿qué desayunan?

Allá va Lucas a tratar de conseguir leche; por suerte es amigo del almacenero. Le golpea, le llora la milonga, le compra una botella de a litro. Pero antes de volver, arranca para Veintiuno. Llega al quiosco, pide Nevada con filtro, saca los últimos veinte nuevos pesos que tiene en el bolsillo, paga, y se vuelve pitando. El humo lo ayuda a aclarar las ideas; pero el viento que sopla por Luis de la Torre le llena la cara de pelusa, y eso es muy fastidioso. Deja la botella de leche en un murito, se restriega los ojos y, al mirar para abajo, no puede creer lo que ve: tirado allá entre las malvas, medio tapado por la pelusa de los plátanos, un portafolio. No es cualquier portafolio, no; es de cuero de yacaré, de los buenos que ya no se consiguen. Tira el cigarro y se acerca al portafolio; lo mira, se muere de ganas de agarrarlo y abrirlo. Un follaje de ideas le bulle en la cabeza.


Publicado en Letras&Poesía en noviembre de 2016.

Be free!

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Se me traba la lengua, no lo puedo expresar.
Está interdicho decir que lo tenga prohibido.

Se me asfixia el suplicio, no lo puedo soltar.
Está vedado insinuar que me sienta cohibido.

Se me angosta el pescuezo, no lo puedo tragar.
Está vetado intentar escupirlo siquiera. Inhibido.

Estiro la mano. Miro la foto. Pongo la radio.

Lo que sea, será. Lo que venga, vendrá. Es eso. Basta.

Suena bien fuerte. Entiendo bien todo. Ya nada más falta.

Una voz que lo dice en otra lengua.
La oigo muy clara.
Con eso me alcanza.

¡Sé libre!

Sing our own song por UB40 (1986). ¡Yo estuve allí! ¡En aquella época! ¡Con qué ansiedad esperaba poder oírlos!

Fuente de la imagen: OutfitTrends.


Originalmente publicado en Letras&Poesía el mes pasado.

Bebé (y porvenir)

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Mis dedos no se tuercen.
Mi boca ya no tiembla.
Mis ojos no se cierran.
Mis piernas nada pueden.

Busca que te busca esa ayuda,
piensa que te piensa esa idea.
Algo que me saque, lo que sea,
aunque sea un resabio de duda.

Quiero retozar en mi cuna
y así comenzar a vivir.
Ansío gozar mi ventura,
sea cual sea el sentir.

Richard Clayderman toca Balada para Adelina de Paul de Senneville y Olivier Toussaint (1976). Esta melodía parece dibujar los rasgos de una criatura recién nacida, frágil e indefensa en su cuna, que quiere aventurarse en el mundo que tiene por descubrir. Pasan las décadas y esta música se escucha con la misma sencillez de siempre.


Originalmente publicado en Letras & Poesía el pasado mes de abril.

Ella…

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No es prosa, tampoco es poesía.
Ni se trata de una vieja historia.
Son membretes que me pueblan la memoria
y que buscan su lugar todavía.

Un corazón se despliega,
un sentimiento se expande,
una mirada que ruega
que ya nadie más le demande.

Palabras voladas al viento,
andares llevados al tiento.
Mensaje de señas vibrante
cual luna de cuarto menguante.

No se traduce en palabras,
no se interpreta en centellas.
Alcanza un abracadabra.
Es simplemente… ella.

Ella, elle l’a por la exquisita cantante francesa France Gall (1987). Un tema que en aquel entonces inspiraba a este entonces joven soñador que iba a la búsqueda de… ella.


Ya publicado en Letras & Poesía el mes pasado.

¡A izar la bandera! (¡Gracias por dejarlo todo en la cancha!)

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6 de julio de 2010 (página de mi diario)

Estoy escribiendo esto y me emociono hasta las lágrimas. No quiero que mis amigos me vean así. Porque también me pasó hace un rato, viendo cómo perdíamos. Los holandeses casi nos llenan la canasta, de no ser por nuestro gol en la hora, pero ni con eso alcanzó. Adiós final. Adiós copa. Casi me tiro al piso a pegar con los puños. Lloré frente la tele como el peor.

La tele. Me la regalaron el mes pasado, cuando cumplí los diecisiete. Gracias a ella puedo ver muchas cosas que sino, no podría. Porque estoy en esta silla de ruedas desde los trece. Mejor ni acordarme de aquello que me pasó. Seguir leyendo «¡A izar la bandera! (¡Gracias por dejarlo todo en la cancha!)»

Piropo a Granada

Allá por febrero de 1987 tuve la fortuna de visitar Granada por primera vez en mi vida. Tenía dieciocho años, iba con la mochila al hombro, sorprendiéndome con las bellezas que iba encontrando a cada paso. En el palacio de la Alhambra, al pie de la Torre de la Vela, con una vista espectacular de la ciudad, se puede leer este breve poema de Francisco de Asís de Icaza, que provoca una profunda emoción.

¿Querés saber más sobre la historia de este breve poema? Podés leerlo aquí.

Diario de mi casa

Diario de mi casa

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El cenicero está vacío en el medio de la mesa ratona. Papá dejó de fumar hace años. Mamá siempre se quejaba del olor a toscano. Ahora la alfombra está divina, bien tersa y con olorcito a lana. Da gusto tirarse y revolcarse. Uno de los gustos que me doy en casa.

Todavía no llegan papá y mamá. A veces se demoran, cuando hay tráfico para volver del Centro. O cuando tienen que pasar a hacer algún mandado por Dieciocho.

Hoy cumplo veinte. Tal vez fueron a comprar algún regalo, o alguna otra cosa.

No festejamos mucho. Yo nunca fui muy de las fiestas.

Pero ahora estoy empezando a pensar en otras cosas. Conseguirme un trabajo, a ver si hago experiencia y empiezo a tener mi plata.

La plata. Esa cosa por la que tanta gente discute. Que hace tanta falta para vivir y darse gustos. Pero que algunos amontonan sin saber para qué. Seguir leyendo «Diario de mi casa»

RGPD para traductores

RGPD imagenUna vez más, mi colega holandés Pieter Beens me abre la oportunidad de una colaboración. Esta vez se trata de algo técnico y jurídico como es la protección de datos a nivel europeo (y mundial, no te creas que estás afuera). Hay varios artículos publicados en blogs sobre esta temática; aquí va algo un poco más enfocado a traductores y agencias de traducción.

Dentro de muy pocos días, muchas empresas en todo el mundo estarán listas para el momento en que el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) entre en vigor. Tanto las agencias de traducción como los traductores autónomos deberán estar listos para implementar también las normas del RGPD pero, especialmente entre los traductores autónomos, es sorprendente la falta de interés o conocimiento de este asunto tan complicado. ¿Qué es realmente el RGPD y qué deberán estar dispuestos a hacer los traductores? Seguir leyendo «RGPD para traductores»

Herida

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Tajo profundo,
sensación desastrosa
con sangre que mana
de herida tan grave.

Dolor tan profundo,
debilidad que domina
a un cuerpo cansado
de tanto doblarse.

Tiniebla profunda,
anhelando la luz
que me invite a soñarte
sin miedos ni afanes.

Corazón espinado por Santana y Maná (1999). Una melodía muy popular que, en bruto contraste con la experiencia reciente (hace un par de meses) de un accidental corte profundo en un brazo, invita a pensar en lo que es realmente importante.


Originalmente publicado en Letras & Poesía en abril de este año.

Convicciones morales en traducción

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Un colega holandés, Pieter Beens, escribió este interesante artículo en inglés. Me autorizó a verterlo a mi lengua nativa y asumo el desafío. Me tomé la libertad de adaptarlo a mi modo para transmitir la esencia del mensaje (y que conste que, al hacerlo, pude caer en los mismos dilemas que se narran en el artículo).


A menudo, si sos tratuctor te enorgullecés de traducir la obra de tu cliente, sin importar tus propios valores y apreciaciones. Pero ¿de verdad podés lograr una traducción sin considerar otros valores? Dos proyectos recientes te hacen pensar hasta dónde una traducción puede ser «libre de valores».

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Sueños sin límites

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Soñaba.
La otra noche soñaba.
Como siempre, pero no era igual.
No eran las mismas paredes etéreas de siempre.
No eran los mismos viajes aburridos flotando entre humos.
No había viejas casas de vacaciones repetidas.
Tampoco huidas desesperadas.
Menos, encierros.
Soñaba.

Buscar.
Buscábamos juntos.
Cada uno desde su lenguaje.
Cada cual desde su perspectiva personal.
Cada quien sintiendo y viviendo tan distinto.
Por algo que nos importaba demasiado como para dejarlo ir.
Por algo no cesábamos de insistir en ese rumbo.
Insistiendo en encontrar comunicación.
Insistiendo en la búsqueda.
Buscar lograrlo.
Soñar.

¿Soñamos?

Un tema cantado en dos lenguas: Sem límites pra sonhar, por el brasileño Fábio Jr. en portugués y la galesa Bonnie Tyler en inglés. Un recuerdo imborrable de mi adolescencia.


Originalmente publicado en Letras & Poesía en febrero de este año.

Cómo cambia la moral con la lengua (IV)

The-Moral-System

La semana pasada, en mi traducción del artículo de Scientific American leías que al juzgar en otro idioma te tomás otros tiempos y, por eso, sos menos emotivo.

Existe una gran evidencia de que la memoria entreteje al idioma con las experiencias e interacciones con las que aprendiste ese idioma. Por ejemplo, si sos bilingüe tenés más tendencia a recordar una experiencia dada si te la señalan en la lengua en la que ese episodio te ocurrió. Nuestras lenguas de la infancia, aprendidas en las pujas de las emociones apasionadas, se cargan de sentimientos profundos. ¿O acaso tu infancia no tuvo rachas de amor, rabia, sorpresas y castigos? En comparación, los idiomas que aprendés más tarde en la vida, en especial si los aprendés en el ambiente reprimido de un salón de clases, o si los descubrís de manera insípida en pantallas de computadora y auriculares, entran a tu mente almidonados, sin la emotividad cargada de los hablantes nativos.

Catherine Harris y sus colegas ofrecen una evidencia convincente de las respuestas viscerales que una lengua nativa puede provocar. Usando la conductividad eléctrica de la piel para medir la exitación emocional (la conductividad aumenta cuando se dispara la adrenalina), recurrieron a hablantes nativos de turco que aprendieron inglés siendo ya grandes para que escuchasen palabras y frases en los dos idiomas; algunas eran neutrales (mesa), otras eran tabú (mierda) o transmitían rezongos (¡¿no te da vergüenza?!). La respuesta de la piel de los participantes reveló una excitación mayor para las palabras tabú comparadas con las neutrales, en especial si eran pronunciadas en su lengua turca nativa. Pero la diferencia más grande entre los idiomas era evidente con los rezongos: los voluntarios apenas reaccionaron tibiamente a las frases en inglés, pero tenían reacciones potentes a las dichas en turco, incluso algunos dijeron que «escuchaban» esos rezongos dichos con la voz de conocidos muy cercanos. Si la lengua te puede servir de contenedor de las memorias potentes de tus primeras transgresiones y castigos, entonces no te sorprenda que esas asociaciones emocionales te tiñan tus juicios morales hechos en tu lengua materna.

Esta explicación es todavía más fuerte con un estudio reciente publicado en Cognition. Esta nueva investigación implicó escenarios en los que las buenas intenciones llevaban a malos resultados (por ejemplo, a una persona sin hogar le das una chaqueta nueva, pero solo conseguís que otros le peguen porque piensan que la robó), o que los buenos resultados sucedían a pesar de motivos dudosos (adoptás a un nene discapacitado para que el Estado te dé dinero). Al leerlo en una lengua extranjera, los participantes que emitían juicios de valor ponían más hincapié en los resultados y les pesaban menos las intenciones. Estos resultados chocan con la noción de que el uso de una lengua extranjera te hace pensar más profundo, porque otra investigación mostró que la reflexión cuidadosa te hace pensar más en las intenciones ocultas tras los actos de la gente, y no menos.

Pero los resultados encajan con la idea de que, al usar una lengua extranjera, las respuestas emocionales silenciadas (menos compasión con los de intenciones nobles, menos rabia con los de propósitos perversos) disminuyen el impacto de las intenciones. Esta explicación se apuntala con hallazgos de que los pacientes con daño cerebral en la corteza prefrontal ventromedial, un área asociada con las respuestas emocionales, mostraron un modelo de respuesta similar, los resultados superaban a las intenciones.

Entonces, ¿cuál es tu «verdadera» naturaleza moral si sos una persona multilingüe? ¿Son tus memorias morales, las reverberaciones de las interacciones cargadas de emoción que te enseñaron lo que significa ser «bueno»? ¿O es razonar qué sos capaz de hacer si estás libre de esas represiones inconscientes? O tal vez, esta línea de investigación simplemente sirva para iluminar lo que es real para vos y para mí, sin importar cuántas lenguas hablemos: tu brújula moral es una combinación de las primeras fuerzas que te formaron y las maneras que tenés de escaparte de ellas.

Cómo cambia la moral con la lengua (III)

Moral dilemma 2 ways

La semana pasada te había planteado el «dilema del tranvía». Vas a ver ahora los resultados de los estudios. Va de nuevo la pregunta: ¿qué hacés, pulsás el botón?

Muchos dijeron que sí. Pero ¿qué pasa si la única manera de parar al tranvía es empujar hacia su recorrido a un extraño que justo va caminando cerca por una pasarela? Vos sos reticente a decir que sí, aunque tanto en este escenario como en el anterior, sacrificás a una persona para salvar a cinco. Pero Costa y sus colegas descubrieron que si te plantean el dilema en un idioma que aprendiste como lengua extranjera, cambia dramáticamente tu disposición a empujar al extraño hacia el tranvía; de menos de 20% de voluntarios que responden que sí en su lengua materna, la cifra aumenta a un 50% cuando responden en una lengua extranjera. Y date cuenta que se incluyeron hablantes de inglés y de castellano, con castellano e inglés como lenguas extranjeras respectivas; los resultados fueron los mismos para los dos grupos. Con esto se muestra que el efecto se logra usando una lengua extranjera, sin importar cuál lengua.

Con un montaje experimental muy diferente, Janet Geipel y sus colegas también descubrieron que al usar una lengua extranjera cambian los juicios morales de sus participantes. En el estudio, los voluntarios leen descripciones de acciones que parece que no te hacen daño, pero que sentís que son moralmente reprobables, por ejemplo, historias de hermanos que disfrutan de sexo totalmente consensual y seguro, o de alguien que cocina y come a su propio perro después de que muere en un accidente de tránsito. Si leés esas historias en una lengua extranjera (en el experimento fueron inglés e italiano), juzgás que esas acciones son menos malas que si las leés en tu lengua materna.

¿Por qué importa si juzgás la moralidad en tu propia lengua o en otra extranjera? Según una explicación, esos juicios implican dos modos de pensar diferentes y competitivos; uno de ellos, un «sentimiento» rápido y visceral, y el otro, una deliberación cuidadosa sobre el bien mayor para la cantidad mayor. Cuando usás una lengua extranjera, de manera inconsciente te vas al modo deliberativo porque el esfuerzo de funcionar en tu lengua no nativa hace que tu sistema cognitivo se prepare para una actividad cansadora. Esto puede parecer paradójico, pero tiene que ver con hallazgos de que si leés problemas matemáticos en una letra difícil tenés una tendencia a hacer menos errores por descuido (aunque estos resultados han sido difíciles de reproducir).

Otra explicación es que aparecen diferencias entre las lenguas nativas y extranjeras porque tu idioma de la infancia vibra con más intensidad emocional que las lenguas que aprendés en entornos más académicos. Como resultado, si hacés un juicio moral en una lengua extranjera lo cargás con menos reacciones emocionales que las que te vienen de golpe cuando usás tu idioma de la infancia.

Cuestión de memoria, ¿qué decís? La semana que viene lo vas a saber.