Imperdible colección de poesía, de la pluma de Luis Eduardo, conocido como Messieral.
Y una sorpresa: participé en un concurso organizado por él, presenté un poema, y me premió con un ejemplar gratuito de su obra. ¡Gracias, Messieral!
Baluarte literario y cultural
Etiqueta: Literatura
Imperdible colección de poesía, de la pluma de Luis Eduardo, conocido como Messieral.
Y una sorpresa: participé en un concurso organizado por él, presenté un poema, y me premió con un ejemplar gratuito de su obra. ¡Gracias, Messieral!
La revista literaria Luz de Candil publica relatos y poemas de autores varios. Le agradezco esta valiosa iniciativa a Belén, responsable de su edición, y a la bloguera Belita, que ha contribuido a darle difusión. Y tengo el gusto de anunciar que en las páginas 37 a 45 está publicado un relato de mi autoría, La peluca de rastas. Que disfruten de la lectura.
Revista literaria digital gratuita
Ya está aquí el número 3 de la revista, realizado con dedicación y cariño. Quiero agradecerle a todos los escritores que han participado en ella su inestimable colaboración, y recordarles que siempre son bienvenidos al proyecto. A los nuevos visitantes, decirles que se animen a enviar sus historias hasta el 30 de septiembre.
Para acceder al archivo, solo tienen que ir al apartado «números publicados«, donde lo encontrarán tanto para ver en línea como para descargar.
(Nota: para descargar el archivo, hagan clic en la imagen del lateral izquierdo
. Si necesitan un lector de PDF pueden descargarlo gratuitamente desde la web oficial).
Esperando sus sugerencias o notificaciones, me despido con un fuerte abrazo hasta la próxima entrada: ¡feliz lectura!


Isaura me acarició las rastas, mientras me dormía despacio sobre las sábanas verdosas. El humo de marihuana apenas brotaba de los restos del cenicero de madera. Se acarició la barriga de seis meses donde Roni disfrutaba de su confort amniótico. Se recostó boca arriba y poco a poco fue conciliando el sueño.
***
—Crispín, no te me quedes. Te tengo que hablar.
Abrí los ojos medio despistado. Hacía tiempo que no escuchaba esa voz.
—Crispín, mi hijo querido. Te estás quedando. Ya no te queda tiempo.
Era mamá. Se me apareció en una visión radiante. Su figura esbelta flotaba encima de la perfecta redondez de la barriga de Isaura. Mis rastas adornaban el conjunto.
***
Las rastas. Esa moda rara que a papá no le gustaba nada, ahora era un furor. Mucha gente quería lucirlas. Pocos tenían paciencia para hacérselas. Fue otro de mis caprichos. Papá no supo detenerme. Como tampoco pudo frenarme otras cosas.
***
A los quince traje a la casa una novia de rastas que fumaba marihuana. Papá fumaba en pipa mientras me veía envuelto en humo verde, yo parecía tan feliz con esa chica de ideas raras. Yo aprendía como podía lo que era el amor. Había tenido durante doce años el feliz ejemplo de mis padres. Yo también quería hacer mi vida, reinventarme, lo hacía como me salía. Papá no rehizo su vida, siguió muy solo. Nadie iba a poder ocupar el lugar de mamá, y no tenía forma de darme una nueva madre. Le remordía la conciencia por no haberme hablado nunca con claridad sobre la muerte. Yo no sufría con la palabra muerte, no me dolía; la desconocía. Y corría peligro de terminar desconociendo también la palabra vida.
En la fecha se publicó este poema de mi autoría en el blog «La poesía no muerde». Se inspira en un evento llevado a cabo en Deshoras Café Cultural, a cargo de los escritores Lorena Giménez y Felipe Palomeque. Un lugar muy agradable con atmósfera bohemia e inspiración literaria, en donde se distribuyen publicaciones de Estela Editora. De ahí el título del poema.
Una misteriosa luz roja
seduce a los paseantes
que, ante la fachada del bar,
pasean como navegantes.
Maravillosa luz blanca
ilumina a los presentes
que, ante las mesas del bar,
asombran con sus mentes.
Es la magia del crear,
azuzados por una doncella
que cautiva con voz y letras.
En las mesas flota un ser
que deja una estela al hacer
a las letras salir a pasear.
Fabio Descalzi (Montevideo)
https://www.wattpad.com/269820203-rincón-poético
Poema busca imagen (propia y apropiada)
lapoesianomuerde@gmail.com
(Con nombre, apellido, ciudad y enlace)

El debilucho empeoraba rápido,
me buscaron para intentarlo,
averiguar si tenía el aquejado
un familiar por algún lado.
En español nada me hablaba;
qué le preguntase, no importaba,
todo lo respondía en otro idioma;
y yo, que la cabeza me carcoma.
“Ne signifie rien”, me decía,
las pocas veces que balbucía;
“això no significa res” le vino,
que para mí era como chino.
Pregunté por su parentela
que de visita venir pudiera,
mientras busqué fotografías
por si alguien se me aparecía
que alguna respuesta me diera,
pero nada, ni siquiera una nuera.
El hombre frágil apenas miraba
con una mueca de desagrado.
Por ahí también se especulaba
con una hermana en el poblado.
“Das bedeutet nichts”,
decía, y “dit betekent niets”.
Hoy falleció el anciano,
no sé por qué estoy llorando.
Hace tiempo que en esto ando,
viéndolos morir a desgano.
Recién volvía del café,
para los dos pedí capuchino;
pregunté si tenía amigos,
“non significa niente”, lo sé.
Me imaginé inmune a la muerte,
la experiencia me anestesiaba;
pero él, con su último suspiro,
susurró “esto no significa nada”.
Es mi traducción al español de un poema en inglés escrito por el bloguero kStan(ly) en colaboración con lucarna:
the frail man was declining fast,
i was hired to care
and try to find out if he had
some family somewhere.
he didn’t speak in english;
whatever i would ask,
he’d answer in some foreign tongue,
intensify my task.
“ne signifie rien”, he’d say,
the few times he would speak to me
or “δε σημαίνει τίποτα”
which only sounded greek to me.
I asked about relations
who might come in for a visit
while searching for some photographs
whose subjects might elicit
some response that i could use
to find his long-lost kin.
the frail man only watched me
with a small off-putting grin.
there had been speculation
of a sister in Nevada
“das bedeutet nichts”
he’d say, and “no significa nada”
the old man passed away today
can’t figure why i’m crying.
i’ve been at this far too long,
seen so many dying.
i’d just got back from starbucks
where I got us both a venti,
I asked again if he had friends
“non significa niente”.
i thought i was immune to death,
experience was numbing,
but when he died, with his last breath
he whispered “this means nothing”
Fruto de la colaboración en el marco del proyecto Lucarna.
Presentado como ponencia en el Segundo Congreso Internacional de Traducción e Interpretación en Uruguay – CTPU 2017, con el nombre «Delineando una traducción: de la práctica a la teoría«.
El Turco está sentado en el cordón de la vereda. Se le acerca el hermano.
–¿Qué te pasa, che?
–Otra vez…
–Juaa, te volvió a patear aquella.
El Turco lo mira de reojo, masticando rabia.
–Y que no vaya a decir que no la supe entender. Porque mirá que la pasó bien conmigo, ¿eh?
–Lo que pasa, es que…
–Se le dio por volver con ese tarado nariz para arriba. El novio que tenía antes.
–El mismo que ya te la había sacado el año pasado, ¿eh? Seguir leyendo «Tan sol(ter)o de vuelta»
–Mi rincón. Monoambiente en buhardilla. Y con vista sobre edificios antiguos. Tiene onda, ¿eh?
–Bien para vos. No sé por qué, siempre te imaginé en un lugar así.
–Sentate, te voy a servir algo para brindar. Mirá.
Le acerco la botella.
–Lambrusco. Siempre quise probarlo.
–Tinto y dulzón. Buenísimo.
Descorcho la botella. Sirvo dos copas, chocamos y probamos. Yo apenas mojo los labios, disfruto del sabor a bayas. Mi primo la olfatea, pone cara de deleite, degusta un poco. Supo ser un buen catador de vinos. Aunque últimamente, no tanto como antes. Después de paladear y saborearse el acabado, vuelve a acercar la copa a los labios. Para mi sorpresa, en un envión se la baja toda. Me pide más. Seguir leyendo «Tinto y tristón»

Quienes nacimos y vivimos en un país surgido bajo la bandera del republicanismo, vemos a la realeza como algo lejano. Raro, remoto, rebuscado, un poco altivo, acaso distinguido del resto. Así las cosas, cuando vemos pasar a un legítimo miembro de una casa real, abrigamos una extraña mezcla de admiración y curiosidad. Así fue como me sentí, allá por 1983, cuando el penúltimo titular de la corona de los Borbones visitó Montevideo. Al igual que tantos vecinos de Punta Carretas, caminamos hacia Bulevar Artigas, importante arteria que homenajea al máximo prócer oriental (el mismo que casi dos siglos antes luchara contra el ejército de otro Borbón) para ver pasar, saludar y vivar a Juan Carlos. Horas después, muchos otros conciudadanos uruguayos aplaudirían a rabiar cuando el muy mentado monarca se daba el gusto de refregarle en la cara a un dictador militar las virtudes civiles y morales de los sistemas democráticos. Y también, de aludir elogiosamente a un rey de las letras, un uruguayo exiliado en España, su más insigne tocayo: Onetti.

Mucho solemos hablar de nuestra ciudad tranquila, de un pueblo grande en donde no pasa nada. Pero en medio de la rutina, hay personajes anónimos que corretean de un lado para el otro, viviendo aventuras y desdichas sin solución de continuidad. Alguno, ni sabe bien quién es, pero igual busca, bebe y baila. Y cómo. Seguir leyendo «Navegante del asfalto»

Una necrológica municipal. Un lugar vacío adonde no va nadie. Pero los amigos sí que fueron.
Moro les pidió para estar primero él solo.
—Déjenlo tranquilo. —Tris sabía que Moro no quería que vieran sus lágrimas.
Entró a ese lugar, donde el cajón descubierto lo hizo estallar en llanto. Moro pegó con los puños en la pared mientras seguía gritando y llorando. Todos se pusieron muy nerviosos con ese olor a plástico quemado y pétalos mustios. No era normal.
—¡Así no! ¡Este pibe se terminó de enloquecer! —dijo Pedri, ofuscado.
—Esto no me gusta. Voy a entrar ya mismo —dijo Tris, más enojado.
Gonza apartó con sus brazos grandotes a los demás. No se podían apurar a entrar. Tris lo conocía más, sabía lo que hacía. Cuando entró, vio a Moro tirado en un rincón, tapándose la cara con las manos. Frente al cajón había una gran corona de claveles rojos; en donde habría estado la cinta con el nombre, las flores estaban chamuscadas.
De a poco fueron entrando los demás.
Cuando hay duelo, uno tiene que hacer lo que siente.
El Paisa, con toda sencillez, se acercó al cajón, se santiguó, estuvo unos instantes con la cabeza gacha, los ojos semicerrados. Hizo una reverencia cortita, volvió a santiguarse y se apartó.
Casi todos se fueron persignando, algunos sin ganas. Les preocupaba más el dolor de Moro.
Pili les dio la mano a Andy y a Jagu. Con candor pronunciaron la plegaria a Dios y a la Virgen del Pilar, por el descanso de esa alma. Después, hicieron silencio.
Nadie se inmutó con lo que había en el cajón, justo al lado del rostro de la difunta.
Un clavel del aire.
Moro sí se imaginaba quién lo podría haber traído. Alguien que no tenía ni para comprar una margarita.
¿Gabi?
¡Cobarde! Entró, miró y voló. Antes que todos. ¿Cómo supo?
No.
Mejor dejar las cosas así. No preguntes nada. No cuentes nada.

En Otoño un lunes, la autora Lorena Giménez nos lleva de viaje por las almas de dos personas que no encuentran su lugar en un mundo ancho y ajeno. Tal vez sea por sus orígenes familiares deslocalizados, o por sus disímiles ansias de vivir a pleno. La narradora sufre con su dificultoso amor por Dino, ese chiquilín grande que se encierra tras un infranqueable muro, pero igual la retruca en un onírico personaje literario. Seguir leyendo «Estaciones cambiadas»

No tengo rumbo. No tengo cara. No tengo historia. Nada. Tristeza. Soledad. Silencio. Vacío. Miedo. Inmensidad. La bahía se mece de un lado, el río color león se embravece del otro. La escollera tiene ese qué se yo, que divide aguas, separa… aleja… aparta del inalcanzable horizonte donde Yasí, desesperada, busca a su amado. Ecos de la sirena nadadora entre las islas del Río Uruguay, que el corazón añora… Flotando aguas abajo, los camalotes bajan, se depositan en las arenas de la taza de plata. Un niñito que llora y gime como charaboncito en la inmensidad desolada. Ecos que resuenan en la Gruta del Palacio; susurro de las hojas del ombú solitario. Soledad que se refleja en las ondas de algún río ancho como mar.

Muchos recordamos esa frase «lo esencial es invisible a los ojos». Sí, una de las varias de El principito, del genial Antoine de Saint-Exupéry. Esa narración ilustrada por el propio autor, llena de minúsculos planetas cubiertos por mantos reales o la boa que se come un elefante. Muy inocente e infantil, y sin embargo tan cargada de críticas a lo que en aquella época se consideraba correcto o importante. Seguir leyendo «Invisible y esencial»

La puerta gastada del apartamento se cerró chirriando. No es como en lo de Andy, que siempre hay alegría. Aquí pesa un silencio plomizo.
Moro se desplaza por las piezas, parco, con pereza. En el lecho yace la madre. Hace ya varias semanas que casi no se levanta. Las gastadas manos de india recorren las cuentas del rosario. Los ásperos labios murmuran mensajes mesurados.
En el patio vuelan dos colibríes. Buscan el néctar de unas florcitas blancas que crecen entreveradas con las verdes hojas de la enamorada del muro. Moro mira por la ventana. Cómo le gustaría ser colibrí para libar néctar…
Pero no tiene suerte. Bastante con que lo pusieron de delantero en el cuadro de fútbol. Se tiene que contentar con eso. No estudia, no trabaja, no hace más nada que ir al club, donde lo becaron. También le hace los mandados a la madre, le da de comer, la ayuda a levantarse. Siempre lo hacía todo ella sola. Pero ahora está cada vez más desganada. Está muy mal, pero lo resiste.
Moro la acompaña al baño. Espera afuera. Vuelve a entrar. Le da el brazo para que regrese a la cama. Después, vuelve al baño, tira la cadena del water. ¡Qué ganas que tiene de tirar la cadena a tantas cosas! Pero los ojos de mujer pacienzuda de su madre le siguen insistiendo sin hablar. Hay que consolarse con lo que se tiene.
Texto presentado al proyecto #TextosSolidarios.
Publicado también en Letras & Poesía, ver aquí.
¿Se acuerdan de los Médicis y tantos otros mecenas de las artes? ¿Quieren sentirse un poco así, digamos, magnánimos, pero por poquitas monedas? Ahora es posible. Seguir leyendo «Micromecenazgo para publicar»