¡Muchas gracias al público lector por la votación recibida! ¡¡Y además, por partida doble! Lo más gracioso es que me enteré por WhatsApp y chat de Facebook, dos amigos que se apuraron a ver este video antes que yo.
Acaban de ungirme «Mejor escritor de Latinoamérica» en el blog Letras & Poesía, en el que participo desde hace meses. Estoy emocionado, más si se tiene en cuenta que los demás candidatos tienen más veteranía que yo en estas lides: Jorge Romero (Colombia), Arianna Frencia (eritrea residente en República Dominicana), Thais Aliss (Bolivia), Gabriela Urbina (México), Araceli Sánchez (México), Ana María González (México); tuve el honor de representar a Uruguay. Ha sido un verdadero gusto formar parte de este grupo de nominados. Queda hecha la invitación a visitar sus escritos, se van a deleitar.
Entre las múltiples categorías técnicas de blogs presentes en la plataforma WordPress, estuve nominado como «Mejor blog de traducción«. No dejen de visitar el blog de Olga, 20.000 lenguas… la verdad, ella tenía más mérito que yo, porque su blog tiene dedicación exclusiva al tema.
¡Gracias, L&P, por esta distinción!
¡Mil gracias, lectores, por la ovación! (Sí, esta votación se siente así, como un aplauso silencioso pero estupendo).
Megan me miró fijo y se fue de la habitación pisoteando. Ella quería hechos, no metáforas. Ella quería saber y yo no estaba ayudando. Ella quería ir a casa y probarlos por sí misma.
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El sedimento de la costa es suave y polvoriento, nada que ver con la arena dorada de la Bahía de Swansea. Cuando apoyo mi mano en el suelo, las puntas de mis guantes comienzan a quemarse contra el terreno húmedo que tocan. Todo en este planeta es veneno. Nunca debió ser un sitio para familias.
Megan nunca había comido nada crudo, así que no entendía lo que significaba cocinar. Lo más cercano a los mariscos que había comido en su vida fue un salmón enlatado que comimos en Año Nuevo.
“Hay que cocinarlos al vapor para poder abrir las caparazones y llegar a la carne que tienen dentro”. Megan se veía decepcionada. Ella se regocijaba ante la idea de un festín vivo y coleando, comida lista para ser tomada. Nuestra dependencia con la colonia era tan constante que la idea de alimentarse por sus propios medios era una fuente inagotable de maravillas para ella.
¿Querés una birrita? ¿No tenés un tomatito para la ensalada? ¿Por qué no nos sentamos allá, al solcito? ¡Qué carita que tenés! ¡Epa, qué colorcito!
En Uruguay y parte de Argentina se habla la variante geolectal conocida como castellano rioplatense. Aquí les acerco un artículo de otro blog en donde van apareciendo esos modismos que nos caracterizan. Lo más famoso es el tratamiento llamado voseo; pero hay otras características.
Esos diminutivos son, en realidad, eufemismos. La birrita puede ser un balón de cerveza, el solcito es un solazo que nos parte la cabeza, con el tomatito se pretenden en realidad muchos tomates, la carita es de desastre y el colorcito es rojo fosforescente como un semáforo.
Ay, les voy a pedir un favorcito… Sigan leyendo en el blog Rioplatofonía; la mayor parte del artículo es en inglés, pero los giros y términos están todos en rioplatense de pura cepa: [#028] ¡Epa, qué colorcito!
Desearía tener una botella de vodka conmigo. El sol está bajo en el horizonte. Si entrecierro los ojos, casi puedo hacer de cuenta que es un brillante atardecer de Swansea, los rayos se reflejan en las nubes bajas y ponen todo el paisaje color rojo. Casi puedo hacer de cuenta que estoy en la rambla Oystermouth, parada junto a la extensa playa, Jacquelyn dándome manija para ponerme en cueros y correr hacia las olas.
Megan tenía la misma ávida curiosidad acerca del mundo como su papá, el científico. La cúpula era asfixiante para el espíritu curioso de una jovencita. Explorábamos los alrededores, pero no me atrevía a llegar muy lejos. Megan se quejaba terriblemente cuando era hora de volver. La cosa se pasó de castaño oscuro cuando la encontraron escapándose en medio de la noche, sin autorización, sin el equipo protector. Owen estaba furioso, pero yo no podía culparla por rebelarse contra las normas y reglamentos.
Ella se quejaba “¿Cómo vamos a aprender más si nos encerramos? Cuando sea grande, voy a vivir en el exterior y voy a recorrer el planeta entero. Voy a estudiar la Peste de los Retornantes hasta que encuentre la cura y podamos viajar de nuevo.” Seguir leyendo «Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #03»→
Owen y yo estuvimos en la tercera ola de científicos que fueron a la colonia; llegamos a ser unos pocos miles como máximo. Era un viaje largo: cinco meses de viaje y luego diez años en la base, más cinco meses más de regreso. Y aún así, parecía razonable, hasta que unos años después nació Megan.La primera misión de regreso a California fue un desastre. Los investigadores originales –incluyendo a mi amiga Jeanine Davies– estaban tan emocionados acerca del regreso a casa. Jeanine se quedó despierta toda la noche por la expectativa. Me dijo que se iba a dar una panzada de frutas y verduras frescas y luego iba a salir a disfrutar de sentir el viento contra su cara. Hicimos planes para encontrarnos en Cardiff cuando el contrato de Owen hubiera terminado. De lo único que se arrepentía era de no poder ver a Megan por unos años. Estaba tan llena de energía, era la viva imagen de la salud. Se iba a casa.
Cuando la cápsula los dejó en el centro especial en el desierto de California, los tripulantes cayeron gravemente enfermos. Tomó un tiempo recibir las noticias. Jeanine estaba muerta. Todos ellos, muertos. Eran portadores de una bacteria desconocida en sus entrañas, la cual se volvió maligna en la atmósfera terrestre. Y no solo los recién llegados, todos: la bacteria se propagó con una virulencia que no había sido vista desde la Peste Negra. Así que G851.5.32 fue puesto bajo cuarentena y todos los viajes programados a la Madre Tierra fueron cancelados sin tener la más mínima idea de cuándo íbamos a poder volver. Seguir leyendo «Ciencia ficción: “Alive Alive Oh” #02»→
Las olas rompen sobre la costa de color rojo sangre, sonando igual que el oleaje de la Tierra: un tenebroso y potente estruendo. Ya hace diecisiete años desde que nos fuimos.
Owen y yo nos casamos en el Registro Civil de Cardiff. Alquilamos un apartamento cerca de la Universidad, un estudio pequeño. Me sentía muy cosmopolita, viviendo en la capital, solo extrañaba a Swansea un poco. Un buen día Owen llegó de noche y me preguntó qué pensaba sobre ir al espacio. Me reí porque pensé que me estaba tomando el pelo, pero no era broma: le habían ofrecido un puesto en una nueva colonia de terraformación en G851.5.32 y por supuesto que quería ir. Estaba aterrorizada, pero no es la clase de oportunidad a la que una se pueda rehusar, ¿verdad? Y era solo por diez años; luego podríamos volver para disfrutar de un digno retiro. Fama y fortuna, fue lo que él me dijo. A mí me gustó la idea de poder contarles a mis amigas.
Hola Emma corazón, ¿cómo estás? Sí, hace bastante tiempo, ¿verdad? ¿Te mudaste a la calle Mumbles? Qué lindo. Nosotros nos mudamos a un planeta extrasolar a dieciocho años luz. Y bueno, claro que ya estamos de vuelta…
Eso fue cuando yo pensaba que íbamos a regresar a Gales algún día.
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El agua de aquí no se parece en nada al océano salino de casa. Es ácida y carcome la carne. Ni siquiera debería estar tan cerca de la costa, por si el rocío me alcanza y me quema. Todo sobre G851.5.32 es tóxico; permanecí tanto tiempo en este lugar, hasta yo lo soy. Seguir leyendo «Ciencia ficción: «Alive Alive Oh» #01″→
Hoy, 30 de setiembre, es la festividad de San Jerónimo de Estridón, santo patrono de los traductores, bibliotecarios, intérpretes, estudiosos y académicos de las sagradas escrituras. Jerónimo nació a mediados del siglo IV y se destacó como el traductor de la Biblia, la llamada Vulgata, en latín.
Es con este motivo que hoy se festeja el Día Internacional del Traductor. ¡Felicidades a todos los colegas y amigos!
Los días viernes 26, sábado 27 y domingo 28 de agosto del corriente año, la Fundación Yvy Marãe’ỹ realiará el “Seminario Internacional sobre Traducción, Terminología y Lenguas Minorizadas. Jaguerojera Ñane Ñe’ẽ Guarani”. El evento tendrá lugar en su local de la ciudad de San Lorenzo, Paraguay. Están todos invitados.
Un mercado no es otra cosa que un montón de necesidades y oportunidades de satisfacerlas. Con esta definición, parecería que todo es mercado. Bueno, no todo; pero casi. Si pensamos que en una lengua se usan miles de palabras viejas, nuevas, anticuadas, recuperadas, resignificadas, cambiadas, bastardeadas, prestadas… sí, es un mercado. Listo. ¿Y entonces?
Una lengua también tiene su propio mercado entre la gente. Se la vende bien y le damos valor, o se la esconde y la asfixiamos. Aquí no queremos ningunear ninguna lengua, queremos que valgan, que se aprecien, que la gente las compre. Que las oiga con gusto. Que aprecie y use su rico vocabulario.
Si se trata de una lengua hablada en un ambiente cultural en inferioridad de condiciones frente a otra cultura con un rol más destacado, inevitablemente se sufren procesos de erosión lingüística, se adoptan préstamos y calcos, se extranjeriza parte de la lengua propia. Un proceso no exento de conflictividad, pero muchas veces llevado por la necesidad.
Y al hablar de necesidades, volvemos a lo que es un mercado: un cúmulo de necesidades que se busca satisfacer. Si la terminología no satisface las nuevas necesidades, es porque la solución pasa por crear neologismos. Y ahí es donde llegamos a los temas de traducción, cultura, identidad. Y ética.
Un autor que menciono con mucho gusto en el ámbito traductoril es Antoine Berman. A partir de su obra se fue planteando un giro ético en traducción. Sería muy largo adentrarnos en eso; pero, para resumir algo que sirva en estos apuntes sobre terminología y neologismos, quiero hacer hincapié en un concepto: experiencia. La necesidad de reflexionar sobre la experiencia acumulada en la generación de textos traducidos, y en la producción de terminología que acarrea inevitablemente. Una tensión muy grande aparece cuando se entiende a la traducción como una reescritura, como una creación de algo que se sabe incompleto, tan incompleto como el propio escritor y como el sujeto traductor. La ética hace posible la traducción, consiste en aceptar la traducción como texto otro, como escritura, como experiencia que el traductor desarrolla durante su tarea.
Frente a tantos planteamientos centrados en lo lingüístico, Berman propone un enfoque diferente, centrado en la crítica. Se puede criticar mejor lo que se experimenta. La experiencia nos termina remitiendo, a su vez, a otro concepto relacionado con el ámbito cultural: descolonización. Pero eso ya merecería otro espacio. Es una ardua tarea para el día a día.
Sea como fuere, se tropieza con un montón de obstáculos al salir a ese mercado de palabras. Existe una obsesión por distinguir entre usos correctos y usos incorrectos, el purismo, el misoneísmo (rechazo cerrado de «lo nuevo»), la descalificación de usos (lo que «me suena mal», las palabras «feas», etc.) y una nostalgia por un pasado (a veces inexistente) en el que supuestamente se hablaba mejor.
También se perfilan inesperadas tendencias a futuro. Si nos fijamos en el caso de África Subsahariana, se está dando un intenso intercambio económico y cultural con China, incluso a nivel literario. Esto plantea nuevas influencias entre culturas y, por qué no, nuevos retos terminológicos.
Un gran desafío espera. Llenar un nicho de mercado con neologismos que, en la medida de lo posible, representen lo propio (o la apropiación), pero sin perder de vista la permanente e inevitable existencia de lo Otro.
Muchos me preguntan qué hace un arquitecto dedicado a la traducción. Sucede que fue una vocación tardía, como suele sucederle a casi un cincuenta por ciento de los traductores. Una inclinación descubierta en una instancia diferente, liberadora de la mente. Fue allá por 2001, después de un largo año de intensas vivencias de mediación intercultural. Me atreví a decirlo con todas las letras: si voy a integrarme a un equipo de arquitectos, ingenieros y constructores, ¡quiero ser el traductor de ese equipo! Palabras más, palabras menos, así fue como comenzó todo. El resto fue mucha agua que pasó bajo el puente. Seguir leyendo «¿Traduzco un proyecto, o proyecto lo que traduzco?»→
El antiguo edificio del Frigorífico Anglo del Uruguay en Fray Bentos. Fuente: Wikimedia.
Son las 7 y media de la mañana en Fray Bentos, y el informativo de CX 160 Radio Litoral despierta a Yamandú con noticias de una guerra muy lejana. Yamandú se refriega los ojos, se levanta, y se dispone a despertar a Nahuel, como todas las mañanas. Los primeros rayos del sol ya tiñen las aguas del Río de los Pájaros Pintados; el mismo río que ciento cincuenta años atrás viese nacer a su querida ciudad natal al ritmo de la naciente industria cárnica uruguaya y mundial. Seguir leyendo «Una jornada en la vida de un teletrabajador fraybentino»→
Varios alumnos y colegas me suelen preguntar cómo y dónde encontrar tal o cual herramienta para escribir, corregir, traducir, publicar…Otros buscan darse a conocer, mostrar sus proyectos, elaborar un dossier o una lista de trabajos realizados…
Sin ánimo de ser exhaustivo, aquí va un listado de recursos disponibles en línea. Vaya mi agradecimiento a todos los blogueros que han dedicado muchas horas de su tiempo y esfuerzo a hacer posible lo que se muestra en esta lista. Por mi parte, lo único que hice fue reunirlos y darles visibilidad. Aprovéchenlos, valen la pena. Seguir leyendo «Recursos para escribir y traducir»→
Hace dos días falleció en Connecticut el grandioso traductor Gregory Rabassa, a la avanzada edad de 94 años. Gracias a personas como él, el mundo angloparlante pudo acercarse a la obra de autores latinoamericanos de la talla de Gabriel García Márquez y Julio Cortázar.
En lo personal, tuve ocasión de interiorizarme de su labor en un congreso de traductores al que asistí en Buenos Aires hace un par de meses. Cortázar se desempeñó largos años como traductor, así que conocía muy bien las dificultades de traducir una obra literaria. Quedó muy satisfecho con el resultado de la traducción de Rayuela por Rabassa; fue tan estrecha la colaboración epistolar en este proceso, que entre los dos nació una entrañable amistad. Y pensar que en aquellas épocas era todo por correo postal…
Que en paz descanse Rabassa, traductor de maestros y maestro de traductores.